Ayer, escribiendo las Desmemorias sobre aquella lejana fiesta de primavera en la facultad, me vinieron a la mente, después de tanto tiempo, imágenes de un coche que en su día se hizo poco menos que mítico para nosotros, el Seat 124 Sport Coupé 1800 color gris acero (hay quien prefiere decir color plata, pero era gris acero) de MAF.
Hubo otros coches antes y después del Coupé en los que también vivimos extrañas aventuras y momentos memorables. Recuerdo así a bote pronto el Seat 850 Especial de la abuela de Toneto, antigualla que murió subiendo hasta Miramar cargado con cinco energúmenos. Se fundió un pistón y salía del motor una columna de humo digna de la chimenea del Titanic, pero como el motor era trasero no nos enteramos que íbamos dejando una estela negra a nuestro paso hasta que nos hizo parar la Guardia Urbana... Tampoco hay que olvidar el Renault 6 de los padres de Jesse, en el que fuimos al primero de los muchos cámpings playeros de aquellos veranos (Aparcar el R6 justo al lado de un Lamborghini Countach rojo fuego en el párking de cierta exclusivísima discoteca de Lloret es uno de los momentos más surrealistas que he vivido) Pero no, no, ni de coña. Si algún coche fue "nuestro" coche, el vehículo oficial del grupo, era el Seat 124 Sport Coupé 1800 que MAF heredó de un tío suyo con muchos años y muchísimos kilómetros a la espalda. Tal que este que he encontrado en un foro de seats clásicos. Por delante

Por detrás

Y el puesto de conducción, tan agresivo como cutre, que te hacía sentir piloto de rallyes aún en medio del tráfico urbano más denso

Aquel trasto quemaba gasolina a la misma velocidad que nosotros bebíamos Jack Daniels, rugía como una excavadora estropeada, y ponía en serio riesgo no solo nuestras vidas sino las de todos los que circulaban cerca nuestro, pero no hubo coche más adorado ni cuidado en toda Barcelona. Ese coche vivió noches memorables, como la mía con Mónica que narraba ayer, y no fue ni mucho menos la única.
En el aspecto puramente mecánico, aquel trasto no era sino chatarra. Tenía un agujero en el depósito del líquido de frenos y teníamos que frenarlo a la brava cada tres semanas o así. No le iban las luces de atrás y casi ninguna de las de adelante. El asiento de al lado del conductor estaba suelto y cuando alguien se sentaba allí sin saberlo, en la primera frenada (si es que el coche podía frenar) se estampaba la cara contra el parabrisas. Tanto el cambio de marchas como el volante eran "desmontables" y bastaba un tirón para sacarlos de su sitio. Y de aquí viene la mejor anécdota que viví yo en ese coche.
Cuando una chica aceptaba subirse al coche por primera vez, MAF siempre (pero SIEMPRE) le gastaba la misma broma. La sentaba a su lado de copiloto, sacaba el coche del parking de la Facultad, en lo que ahora llaman Campus Diagonal y entonces Zona Universitaria, encaraba la larga recta de la Avenida Diagonal, y una vez en la recta sacaba el volante de sitio y con él en las manos gritaba "¡Ey, nos hemos quedado sin dirección!" Y claro, las chicas chillaban, ponían caras raras, y en fin, que MAF se lo pasaba bien riéndose de ellas. Hasta que se subió Cristina.
Aquel día, también en la primavera de 1.988, MAF sentó a Cristina a su lado, y Mónica (Sí, la Mónica del artículo anterior) y yo íbamos sentados detrás. Encaramos la Diagonal, y MAF, en su estilo, sacó el volante de sitio y se puso a hacer con él el payaso. Solo que Cristina, al contrario que todas las anteriores víctimas de la broma, ni chilló, ni se puso histérica, ni palideció, ni nada de nada. Miró a MAF, miró el volante en sus manos, y sin decir esta boca es mía abrió la portezuela y se arrojó del coche en marcha.
Del recuerdo algo borroso de los confusos momentos que siguieron me quedo con la cara de un Guardia Urbano que regulaba el tráfico en el cruce de Avenida Diagonal con calle Numancia. Poneos en su lugar: De un coche que viene recto por Diagonal se arroja de pronto una chica en marcha, que rueda dando vueltas por el carril derecho de la Diagonal, donde por suerte no venía nadie en ese momento, y seguidamente el coche frena de cualquier manera y sale un tipo corriendo, gritando y haciendo aspavientos... ¡¡Con el volante en la mano!!
Ni os cuento la que le cayó a MAF, multa del guardia y bofetón de Cristina incluídos. Ni lo que nos llegamos a reír Mónica y yo...
