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La Coctelera

11 Julio 2009

Un viernes por la noche, Santa Eulalia hierve de vida en sus calles, barrio populoso como es. En la Plaza Escorça los niños juegan hasta tarde, liberados ya de sus obligaciones escolares hasta el próximo Septiembre. En uno de los bancos de la plaza, el más apartado de la luz, un numeroso grupo de adolescentes practican el inmemorial rito del cortejo, las chicas sentadas en el banco de madera examinando sonrientes a los chicos, que evolucionan frente a ellas, pavos reales en pleno baile nupcial. Parejas de todas las edades, con o sin niños, pasean abrazadas o cogidas de la mano. Las terrazas rebosan gente, sobre todo la de la Casa de Galicia, llena hasta la bandera y con los camareros yendo y viniendo sin dar abasto a llevar y traer tapas de pulpo a feira, berberechos al vapor y las demás típicas gallegas.

 

Elma y yo paseamos por esa acera, cogiendo mi mano derecha su mano izquierda, pues en la otra aún se ayuda de una muleta, más por seguridad que por otra cosa, que en casa ya anda sin ellas. Así cogidos seguimos Carretera de Santa Eulalia abajo, hasta doblar a la derecha por la Avenida Metro, donde también hay muchas terrazas. La corta avenida hace una fuerte pendiente desde la estación de metro de Santa Eulalia y las escaleras del Puente de la Torrassa. Los skaters se deslizan por la calzada sobre sus tablas a gran velocidad, jugándose el tipo entre la gente y los coches. El bullicio es enorme. Hay una cierta competencia por ocupar alguna de las pocas mesas vacías, y nos sentamos adelantándonos a otra pareja que nos mira con mal disimulado encono. Paciencia, que en cinco minutos queda libre la mesa de al lado... También aquí los camareros van y vienen a toda máquina con los pedidos.

 

Tú y yo nos lo tomamos con calma. Bebemos y hablamos despacio. Disfrutamos de la mutua compañía después de dos días sin vernos. Saboreamos las palabras del otro aún más que saboreamos la helada cerveza que nos han servido. Pongo mi mano sobre las tuya y tú con la mano libre me acaricias la mejilla. El sol cae con parsimonia tras los tejados de Santa Eulalia, y cuando nos levantamos de la mesa, rápidamente ocupada por otro grupo deseoso de comer y beber, ya es noche cerrada.

 

Paseando de vuelta a tu casa aún hay bastante gente en la calle. Se nota que es viernes y que es verano. Casi todo el mundo sonríe. Yo me siento bien, muy bien.

 

Después, en tu casa, esas sábanas blancas inmaculadamente limpias, y ese camisón azul claro casi transparente, y el sabor de la cerveza en tus labios, y el calor de tu cuerpo contra el mío...

 

De madrugada, el insomnio me tiene despierto mientras tú duermes profundamente a mi lado, algo agitada. Debes tener un mal sueño. Me vuelvo hacia ti y con cuidado de no despertarte acaricio tu frente, apartando los rizos pelirrojos que casi la ocultan. Después te doy un beso en ella, mientras te sigo acariciando los pómulos. Tu ritmo respiratorio se normaliza poco a poco, y te dejo dormir tranquila. Me pregunto qué habremos hecho para merecer esta felicidad que no a todo el mundo le es dada, y hasta cuando nos durará.

 

La ilustración procede de la enorme galería de Anime Galleries pero no he podido averiguar a qué historia manga o anime pertenece.

10 Julio 2009

¿Qué cómo fue el examen del pasado domingo? Muy bien, gracias. No quiero ni puedo decir mucho más. Era un examen engañoso, de esos en los que uno sale con la falsa sensación de que ha sido fácil, y solo después repasándolo con tranquilidad descubre las trampas. Caos organizativo, chulería de los vigilantes, nada nuevo bajo el sol. Liberación, eso sentí al finalizar el tiempo y entregar el ejercicio, y eso sintieron al parecer casi todos los opositores que se examinaban. Unos cuantos compañeros del grupo de preparación, algunos de los que hemos compartido este largo y agotador periodo de estudio, quisimos celebrar nuestra particular llegada al calvario, y justo al acabar el examen, deambulamos por la Zona Universitaria buscando un bar abierto, bajo un sol de justicia (nunca mejor dicho) Tuvimos que soportar una larga caminata, pero valió la pena llegar al fin al Bar Bugui, que en mis tiempos de estudiante de Derecho era refugio de la banda de sociópatas inadaptados a la vida universitaria entre los que me contaba y cuartel general para planear nuestras tropelías. Ni os imagináis la de rincones ya polvorientos de la memoria que se iluminaron repentinamente tantísimos años después al sentarme de nuevo en uno de los bancos de madera forrada de verde del Bugui.

 

Tras comer con frugalidad, que no tenía ánimo para excesos, por la tarde, al fin, Elma. Toda una tarde entera solo para nosotros, para disfrutarla juntos sin horarios ni prisas ni relojes. Una tarde para pasear entre los inmensos edificios recién terminados de esa ciudad aún fantasma, necrópolis para vivos, que es la Ciudad de la Justicia.

 

 

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Y aún hubo tiempo de acabar el paseo en el Parque de la Alhambra, donde se celebraba el acto final de la Semana Cultural Gallega, y donde Elma no pudo evitar emocionarse y soltar alguna lágrima cuando el cuadro folclórico que actuaba entonó esa vieja muñeira de Vilardelos que ella recordaba haber oído en voz de su difunto padre. Finalmente, ya de noche, regresamos a su casa y dormimos juntos.

 

El resto de días me he dedicado al "dolce far niente". Lo necesitaba. Un dolce far niente por demás muy particular, que el miércoles ya volví a trabajar, finalizadas mis vacaciones, así que os imaginaréis que tampoco ha quedada mucho tiempo libre para el aburrimiento...

 

He intentado alguna vez durante la semana escribir esto, la breve y sencilla crónica del primer domingo de julio, y nunca pude terminar el artículo que tantas veces empecé. Hasta para eso estaba vago. Ahora, normalizada un tanto la situación, quiero escribir al ritmo de antes. Hecho de menos vuestras visitas y vuestros comentarios. Añoro a mi vez visitar vuestras casas y comentar en ellas. A ver si poco a poco me voy poniendo al día...

 

La imagen de arriba del todo es el cuadro "Joven nostálgico", obra de Isaac Oliver datada de 1.590. Las del medio del texto son sendas perspectivas de la Ciudad de la Justicia de Barcelona y Hospitalet, auténticos nichos para aún-no-muertos (no me atrevo a llamar vivos a los que respiran por el mero hecho de hacerlo) donde se supone que acabaré trabajando yo algún día. Si es que no me desanimo antes y lo envío todo a tomar por donde amargan los pepinos...

3 Julio 2009

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, dicen. Haber puesto "buena intención" o "todo el empeño" ni compensa un mal resultado ni palia el efecto desastroso de un trabajo mal hecho. Sé que por pensar así se me acusa frecuentemente de resultadista, pero nadie hasta ahora me ha explicado otra manera objetiva de valorar un trabajo desempeñado que no sea valorar el resultado del mismo. El análisis psicológico de las intenciones son brindis al sol.

 

Tal día como el 28 de Abril de 2.008, lunes por más señas, entregué en una relojería cercana a mi casa, con la que había trabajado ya sin tener ningún problema, un reloj para arreglar la pulsera, una pieza de la cual se había roto por mi culpa, ya que le había dado un golpe. En principio, el reloj iba a ser reparado en su propio taller. Ya otras veces había sido así con otras piezas de joyería y relojería, e insisto, nunca había tenido problemas, por lo que no desconfié en absoluto. Días después resulta que en su taller no lo habían podido reparar y lo habían mandado al taller oficial de la marca del reloj en Madrid. Me extrañó que no me hubieran avisado antes de hacerlo. El reloj no era ninguna maravilla y si transportarlo encarecía el precio de la reparación como que no me interesaba repararlo. Pero no dije nada. Cada semana iba a la relojería a preguntar por mi reloj. Reconozco que cada vez con mayor cachondeo, pues a medida que pasaba el tiempo tenía claro que no volvería a verlo. Pero ellos, cada semana, hacían el paripé de llamar a Madrid, preguntar, indignarse con el taller oficial por no haberlo reparado todavía, y emplazarme para la semana siguiente, que seguro que ya estaría. Seguro segurísimo.

 

Seis meses llevaríamos celebrando este acto ritual semanal, cuando me dicen que en el taller oficial de Madrid tampoco han podido arreglarlo. (No puedo quejarme, han estado seis meses intentándolo) Mi reloj ha ido a Suiza, a la fábrica de donde salió, para repararlo allí. Me río por no llorar. Es solo una pieza de una pulsera, si no se puede arreglar, que pongan una pulsera nueva y santas pascuas... Que no, que en Suiza lo arreglan seguro, por supuesto, lo que no arreglen los suizos... Lo arreglarán, pensaba yo, pero no pagaré un céntimo más de lo que me hubiera costado la reparación aquí, no he sido yo quien ha dado orden de llevar el reloj de la ceca a la meca.

 

Y volvemos al ritual de preguntar en el mostrador de la relojería. Cada semana como un clavo me tienen allí con la misma pregunta. Pasan los meses, cambia el año, se suceden las estaciones. Me dicen un buen día que no hace falta que me moleste en ir allí cada semana, que ya me llamarán ellos cuando se sepa algo. No, si no es molestia, ya me iré pasando, más que nada a tocar los cojones...

 

Hoy por fin ya no han podido más y me han confesado la verdad. No tienen ni puñetera idea de dónde narices está el reloj. Nunca ha ido a Suiza, nunca llegó ni siquiera al taller oficial de Madrid. Lo perdieron y para alargar la espera mientras lo buscaban por la tienda me iban poniendo excusas. Ahora ya está claro que no está allí, sospechan que se lo robaron en un descuido, y no pueden seguir engañándome. Bueno, engañándome no, que yo ya lo sospechaba. No pueden seguir demorando lo inevitable, contar la verdad, que bien hubieran podido explicar sin consecuencias de buen principio. Me han ofrecido una compensación y la he aceptado. El reloj ya no aparecerá, y demandarles me parece absurdo, una total inutilidad. Así que he preferido llevarme otro reloj por la patilla. He elegido un CASIO. Sí, ya lo sé, no es precisamente un cronógrafo suizo. Pero marca la hora, que es de lo que se trata, la correa y la batería te las sustituyen en el acto y sin problemas en cualquier tienducha, y si no puede arreglarse lo tira uno a la basura sin cargo de conciencia.

 

Lo que más me llama la atención de todo este asunto es la extrema incompetencia de los responsables de la tienda, que por querer tapar un error cometieron una serie de errores mucho mayores. No es un hecho aislado, parece que últimamente los profesionales escasean, sustituidos por una patulea de indocumentados que apenas saben de lo que hablan, y mucho menos tienen idea de lo que hacen. En poco más de un mes he visto cerca sonoros ejemplos de  negligencias. Os resumo algunos:

 

-Uno lleva su coche al taller (Concesionario oficial para mayor recochineo) porque hace un ruido extraño, como un silbido, cuando se pone en marcha el ventilador. Tras varios retrasos sobre la fecha de entrega prevista, y tener que andar pidiendo favores más de una semana, porque necesita el vehículo para trabajar, por fin lo saca del taller. El silbido del ventilador sigue como antes, pero, además, ¡le han torcido la dirección y el cambio de marchas no funciona!

 

-Una señora mayor se sube a un taxi pidiendo que la lleve a Girona, y especifica que al aeropuerto de Girona para tomar un avión. Como ha estado muy nerviosa por le viaje y apenas ha dormido la noche antes, se queda frita en el asiento de atrás del taxi cuando circulan por las Rondas de Circunvalación de Barcelona. Se despierta justo en el momento de llegar... ¡A la estación del AVE de Tarragona! Ah, pero, ¿no es aquí donde quería ir?

 

-Un vecino del pueblo de mi madre, que tiene un plantío de árboles, descubre que varios nogales están afectados de una enfermedad  que puede contagiarse a los demás, el que allí llaman "mal negro" (técnicamente Phytophthora Cinnamomi) y para que no se pierdan todos, porque la enfermedad causa la muerte del árbol, decide talar los enfermos. Se lo encarga a un teórico profesional vecino de una localidad cercana, y para ponérselo fácil marca el tronco de los que deben ser talados con un aspa de tinta roja. Al día siguiente va a ver el resultado... Y descubre todos sus árboles talados, todo el plantío. Bueno, todos no. Todos menos los marcados con el aspa roja...

 

Yo no me creo más listo que nadie, ni más profesional que nadie. He cometido mis errores como todo el mundo, algunos clamorosos. Pero siempre me he hecho responsable de ellos, como creo debe ser. No admito es que la "buena intención" o el "empeño" en hacer algo justifique el fracaso final del encargo, y menos cuando se trata de errores tan clamorosos. Oiga, que yo me fijé, hice todo lo posible, si salió mal no es culpa mía... Claro que es culpa tuya, porque tuya es la responsabilidad del encargo. Si no sabes, no lo aceptes.

 

Sí, soy resultadista, lo reconozco. Me cuesta justificar lo mal hecho sobre todo cuando hacerlo bien cuesta exactamente lo mismo, la diferencia solo es muchas veces la concentración y las ganas.

 

Hablando de resultados, he corregido el examen del pasado sábado con la plantilla oficial de respuestas publicada por el Ministerio y tengo 77,50 puntos, así que a la espera de que salga la nota de corte y la lista oficial de notas doy por virtualmente superado el examen (Si en la anterior convocatoria con cien plazas menos cortaron en 73,50 resulta evidente que no va a haber ahora un corte más alto) Claro que hay que esperar a verlo publicado.

 

Pasado mañana domingo tengo el primer examen para el ingreso en la categoría superior, al que también me presento, así que voy a hacer el típico esfuerzo final maratoniano. Os deseo un buen fin de semana (A los que podáis disfrutarlo) y hasta el lunes!!

 

 

Y por cierto, para finalizar, algo de humor, arriba con los procesos productivos y sus "desviaciones", abajo ese currito español clásico que hay que proteger, efectivamente, de la extinción, no vayamos a convertirnos en un país de trabajadores serios y responsables como Alemania...

1 Julio 2009

Tu muleta se apoya en la pequeña repisa de cristal que sobresale del mástil de la lámpara halógena, haciendo compañía allí al mando a distancia del televisor.

 

La tele, por cierto, está conectada en el "3/24", el canal de información continua de TV3, y llevan ya buen rato hablando de no se qué pacto sobre no se qué financiación que se anunciará no se qué día y arreglará no se qué cosas.

 

La mesa de centro es un totum revolutum de migas, vasos sucios, biscottes a medio comer y tetra briks abandonados a su suerte.

 

Tu camisón azul claro de tirantes nos está haciendo de alfombra. Por favor, no me preguntes dónde narices está la alfombra que debía estar bajo nuestros pies.

 

Las obras de renovación del firme de las aceras de la Gran Vía siguen al otro lado del gran ventanal del salón, por el que se cuelan borbotones de luz aún algo ambigua pero ya terriblemente ardiente del sol de primera hora de la mañana. Una retroexcavadora saca grandes paladas de tierra que deposita en la caja de un camión trailer. Debe estar haciendo un ruido impresionante. No la oigo. Noto cómo el suelo y el sofá sobre él vibran al compás de los movimientos de la maquinaria pesada, pero oírla, lo que se dice oírla, no la oigo. Estoy demasiado concentrado en tus gemidos, tus jadeos y tu risas.

 

La vieja y gastada colcha color marfil que nos de funda del sofá verde manzana donde estamos más desparramados que tumbados está empapada de sudor. Y eso que no llevamos aquí ni un cuarto de hora.

 

Un pequeño envase plástico individual de mantequilla que debimos robar de algún bar está volcado en el suelo. Volcado boca abajo, claro, que siempre ha de caer del lado de la mantequilla. Más tarde habrá que fregar pero que muy bien fregado ese suelo...

 

Más tarde. Porque ahora como que estoy demasiado ocupado lamiendo esa deliciosa mermelada de fresas untadita sobre tu piel sudada...

 

De pronto, elevas hacia mí tu rostro arrebolado, me miras con ojos encendidos, tu mano derecha acaricia mi mejilla izquierda, y ciertas partes de mi anatomía responden ostensiblemente a la caricia.

 

-Cariño - me hablas en ese tono de voz dulzón en que me dices las cosas que ya sabes que no me va a gustar oír -  Tenemos que irnos, voy a llegar tarde a rehabilitación...

 

Te miro sorprendido, pasmado, atónito, incrédulo y también algo rabioso. No concibo que puedas estar mirando AHORA el reloj de pulsera. Me siento como un perro hambriento al que repentinamente le roban el trozo de carne que acababan de lanzarle desde un coche en marcha.

 

Y sin embargo, según costumbre, tienes razón, es ya muy tarde.

 

 

Empiezo a mirar a todas partes tratando de localizar mis pantalones mientras tú vas al baño a lavarte. Sigo con la vista tu camino renqueante. A la puerta del baño se eleva cual monolito un montón de ropa, pero no parecen estar allí. Habrá que seguir buscando.

 

Dios mío.

 

Mis calzoncillos Pierre Cardin azul azafata ribeteados en naranja cuelgan del ángulo superior derecho del cuadrito de metal dorado que enmarca el retrato sonriente de mi madre. Ah, si ella pudiera ver semejante cosa... Moriría en el acto, indudablemente. Mejor quitarlos de ahí cuanto antes.

 

Al fin aparecen mis pantalones. Supongo que, como a su dueño, no les apetece salir de casa ahora mismo, y se habían escondido debajo del sofá. Pero... ¿Qué haces tratando de meterte esa falda larga color lavanda por la cabeza, si te sería más fácil por abajo...? En fin, me callo.

 

Vuelves a mirarme despacio, una de esas miradas tuyas mezcla de fuego y aceites balsámicos, y a pesar del esfuerzo no puedes aguantar la risa.

 

-Venga, hombre, no pongas esa cara de perrillo apaleado...

-Que cara quieres que ponga después de cortarme el rollo de esta manera... Es un milagro que no me haya dado un pasmo, o un paralís, o algo peor...

 

Tu risa franca, jovial y sincera inunda mi salón y acalla todos los ruidos del exterior, igual que hace poco lograban tal efecto tus apasionados jadeos. Estás tan hermosa riendo medio desvestida con esa mirada pícara... Me acerco a ti, y te beso sin que te lo esperes. Tus labios me responden aunque tu boca dice "no" entre dientes. El mundo entero se detiene afuera mientras disfrutamos nuestro beso, un beso sin prisa, largo y húmedo, como debe ser.

 

Cuando separo mi rostro del tuyo respiras hondo, me abrazas muy fuerte, y apoyas tu cabeza en mi hombro izquierdo. Me encanta el olor de tu pelo, esa tibieza que desprende tu cuerpo, que pinza mi pituitaria. Algo me dice que mis pantalones van a volver debajo del sofá.

 

Tus ojos son puros tizones cuando elevas el rostro hacia mí, justo antes de volver a besarnos más despacio aún que antes.

 

-Vale, pero a rehabilitación llamas tú y te inventas tú la excusa...

 

Sonrío. Me siento feliz. Por Dios, que ganas de volver a colgar mis calzoncillos de algún sitio alto e inadecuado...

 

-Claro, cariño, ya sabes que tengo mucha imaginación...

 

La ilustración, "Abrazo Sentado", obra de Egon Schiele datada en 1.915, en realidad un autorretrato del artista con su esposa Edith.

30 Junio 2009

 I

El Primer Nivel de Edificación, la parte más podrida de Barcinova, lo poco que se salvó de la antigua ciudad que fue. Aquí la polución ha enfermado los materiales hasta convertir lo que antes fue una calle peatonal en una charca de asfalto semilíquido sobre el que chapotear más que andar. Flota en el aire un hedor a podredumbre, a excrementos tóxicos, a suciedad secular, a soledad de moribundo. Muchas de las estrechas calles que formaban el Barrio Gótico, rodeando la antigua catedral católica, están ahora impracticables. Sus vetustas construcciones se han derrumbado, anegando por completo de ruinas y cascotes las angostas calzadas. Un puñado de edificios  se mantienen sin embargo erguidos en medio del desastre, desafiando el paso del tiempo, la concatenación de cataclismos y el devastador efecto de la lluvia ácida, conservados y rehabilitados por los invisibles habitantes del solo aparentemente deshabitado Nivel. Uno de estos edificios, que fuera museo arqueológico en la extinta Barcelona, adosado al último paño de pared que queda en pie de la muralla romana, milenaria superviviente de todas las devastaciones imaginables, luce al lado de la recia puerta de entrada de doble hoja una discreta placa de metal dorado en la que puede leerse en letras grabadas en rojo un solo nombre: "ARCADIA".

 

En los completos archivos de la Secretaría del Consejo de los Cien consta efectivamente la existencia de una Asociación Cultural llamada ARCADIA, dedicada según declaración jurada de sus socios fundadores al estudio y conservación de las viejas tradiciones agrícolas y pastoriles perdidas por la extrema desertización que ha acabado por esterilizar completamente casi todo el suelo del planeta y por el desarrollo de técnicas de sintetización de nutrientes que no hacen necesario seguir produciendo alimentos biológicos. Consta en esos mismos archivos que la asociación se subdivide en Fraternidad del Arado dirigida por un Sembrador y Hermandad de la Guadaña comandada por un Segador. Ambos cargos, mera representación simbólica de los olvidados ciclos de la cosecha, son vitalicios. Sembrador y Segador reunidos conforman el máximo órgano rector de la entidad, la Junta de Plantadores.

 

Los archivos de Consejo de los Cien son exactos pero terriblemente incompletos. ARCADIA no solo se dedica a estudiar el pasado, procura enmendar el presente para asegurar y mejorar el futuro. Siembra buena semilla y la cuida para que crezca y se multiplique en el ambiente hostil de la ciudad corrupta, y también siega cuando conviene las malas hierbas que podrían ahogar el recién nacido plantío hasta convertirlo en estéril yermo. ARCADIA, poco a poco, lenta pero inexorable, discreta pero decidida, ha ido formando un Reino Oculto paralelo al Estado oficial.

 

II

¿Tienes miedo, Kira? Una veterana de guerra como tú no debiera tenerlo. Has visto y sufrido en tu propia carne lo que la barbarie deshumanizada de la masa convertida en tropa es capaz de hacer, ¿te vas a asustar ahora de unos cuantos sillares de piedra maciza, por fríos y tenebrosos que sean? No deberías, Kira, tú sabes que no. Además, has venido aquí voluntariamente, ¿no es así? Has sido tú quien ha pedido ser recibida y admitida. Tal vez sea ésta tu última oportunidad en Barcinova antes de marchar al destierro voluntario o caer en alguna solución desesperada como la piratería o las sectas. La vida no te ha sonreído precisamente desde tu regreso del frente, malherida y expedientada, ¿verdad?

 

No, la vida no te ha sonreído en absoluto, bien al contrario, te ha mostrado su más hosca y burlona faz. Licenciada con Deshonor. Esas tres palabras al final de tu expediente militar te han cerrado todas las puertas. En una ciudad-estado donde el servicio público es el único camino hacia la plena ciudadanía de quienes viven bajo la cúpula, donde el interés colectivo expresado en las sabias directrices del Consejo de los Cien está y estará por encima de ningún interés personal, el fracaso expresado en esas tres palabras es inaceptable ¿Quién se fiará de ti? Si no has sido capaz de llevar a término la misión que la sacrosanta ciudad te encomendó, misión por la que hubieras debido sacrificar cuanto posees, incluida tu patética vida, ¿Qué otra misión va a encargarte nadie, cual será lo bastante fácil y anodina como para que no importe si la realizas bien o mal? Se te han cerrado para siempre las puertas de la cúpula, y no solo eso, te has condenado tú misma a ser una marginada, una paria social relegada a los primeros niveles y los trabajos que nadie más quiere. Trapicheas, malvives como una mendiga mal alimentada. Alguien te habló de ARCADIA. Alguien te dijo que tal vez, solo tal vez, pudieras ser recibida y amparada en su seno, que a cambio debías ofrecer plena dedicación. Esas dos palabras resuenan en tu mente. No paras de darles vueltas mientras esperas ser llamada. Plena dedicación es una ambigua expresión que dice mucho y nada a la vez. Plena dedicación puede incluir lo que eres y todo lo que tienes. Sonríes mientras las lágrimas afloran a tu rostro. Nada tienes, y si algo eres es una pordiosera. Que se lo queden todo, no tienes nada. Ni siquiera ya nada que perder.

 

III

La puerta de madera centenaria se abre de pronto, interrumpiendo tus cavilaciones. Dos acolitas angelicalmente vestidas de blanco te franquean la entrada a la gran Sala Sacra. El espacio rectangular acoge las grandes reuniones y actos solemnes de la entidad, allí se juntan en asamblea todos los miembros cuando el caso lo requiere. Los del Arado a la derecha, bajo el Sol de Oro. Los de la Guadaña a la izquierda, bajo la Luna de Plata. A lo largo de la pared del fondo hay un enorme tapiz con aspecto antiguo: Un arado y una guadaña cruzados en aspa en sus puntos medios, entrelazados por los tallos de rojas amapolas. Bajo el tapiz, un único y enorme mueble en forma de triángulo equilátero, tallado en oscura madera de nogal, se apoya en el suelo de mármol y eleva su vértice hasta media pared. En el triángulo hay tres sitiales. Uno arriba, justo bajo el vértice, y otros dos uno a cada lado de éste, metro y medio por debajo. Ahora, solo uno de los tres está ocupado, el más elevado y mejor labrado.

 

Se sienta allí un hombre menudo pero fibroso, con fuerte voluntad reflejada en el brillo de sus ojos ambarinos y el rictus decidido de su boca imperiosa. El hombre que será tu amo, Kira, lo sabes, ¿verdad? Le reconoces de vista. Un nombre, su nombre, acude a tu mente. Emiric. Uno de los Cien. Uno de los pocos que viven bajo la cúpula. El que se ha mantenido firme en las sombras mientras brillantes pero falsas luces de igualmente falsas creencias extendían sus alas de buitre hambriento sobre la ciudad. El que ha crecido en valor y determinación a medida que sus enemigos crecían en prestigio y poder. El creador de ARCADIA, que ocupa el cargo de Cosechador, cargo que no consta en los archivos siendo realmente el principal. Emiric, Regente del Reino Oculto.

 

A sus pies, sentada en el suelo meciendo dulcemente una cuna mientras canturrea una antiquísima nana con los ojos entrecerrados, está Negrella, quien parece haber perdido por completo la razón. Conoces su historia, Kira, aunque sea la primera vez que la ves. Incapaz de asimilar que todo el que la ama muera, su negro destino, al que solo Emiric parece inmune, Negrella, madre de la Diosa, se ha refugiado en un paraíso artificial creado por su mente enferma. La Niña Diosa... No está ya en la cuna, como Negrella parece creer. Aidaria tiene diez años y se sienta con descaro en uno de los brazos del sitial ocupado por su padrastro, dejando colgar descuidadamente las piernas. Está completamente desnuda, a excepción de los signos cabalísticos pintados con tinta roja sobre su nívea epidermis y de la larga cabellera que le llega hasta las rodillas, cubriendo con ella, como nueva Lady Godiva, sus zonas pudendas. A los catorce meses, cuando en teoría no sabía hablar, se descolgó una tarde recitando de corrido párrafos enteros del Libro de Zohar en hebreo original, y fórmulas olvidadas de los Misterios Eleusinos en griego antiguo. A los dos años justos, cuando también en teoría aún no sabía escribir, Emiric descubrió que la niña llevaba un cuidadoso diario personal de su vida en curiosa mezcla de sánscrito con jeroglíficos olmecas. La pequeña Aidaria ha sido instruida en artes y en ciencias por los mejores disponibles, en un intento algo desesperado por transmitirle en apenas ocho años todo el saber acumulado durante generaciones, desde la anatomía patológica hasta la ingeniería aeronáutica, desde la filosofía clásica hasta los conocimientos gnósticos y cabalísticos. Emiric ha decidido que debe completar su instrucción antes de los trece años. Porque cuando Aidaria llegue a la pubertad, se supone, alcanzará la plenitud de sus capacidades, y debe estar preparada.

 

-Así que deseas ser súbdita del País de la Penumbra...

 

Emiric habla despacio, moviendo apenas la boca entreabierta en una sonrisa que tiene mucho de cínica. Sus ojos clavados en los tuyos te aturden un poco ¿verdad? Es como si un scanner te examinara. Caes de rodillas ante el trono, cabizbaja, y te alegras de poder apartar así su mirada de ti.

 

-Sí. Acógeme y te serviré bien y fielmente en próximas cosechas...

 

-Te has aprendido la fórmula ritual... Conozco por qué vienes a mí. Me gustaría que me explicaras por qué debo admitir a una traidora.

 

Esa palabra, traidora, te remueve dolorosamente las entrañas. Alzas el rostro y te encaras de nuevo con él, iracunda, ya sin temor.

 

-Soy muchas cosas pero no una traidora. ¿Traidora a qué o a quién?

 

-A tus compañeros según parece. Asesinaste a dos de ellos a sangre fría. Por eso se te licenció con deshonor de la hueste de la ciudad. Solo anteriores méritos de guerra impidieron tu ejecución...

 

La risa acude para tu propia sorpresa. Una risa quebradiza y triste.

 

-No me ejecutaron, no, me convirtieron en una muerta en vida. Hubiera sido mejor lo otro, al menos más rápido... Respecto a esos hombres que maté, solo fue uno en realidad. Y aunque sirvieran en la hueste no eran mis compañeros.

 

Emiric echa fuego por sus pupilas y agarra los pomos plateados de los brazos de su sitial con gesto agarrotado. Está furioso.

 

-Hablas demasiado orgullosamente para hallarte en la situación en que te hallas. Has cometido una terrible falta, y ni siquiera muestras contrición ni arrepentimiento. Lejos de eso te regodeas en tu delito, presumes de él. No eres nada, menos que nada, y no lo serás nunca. ¡Vuelve al lodo de donde no debiste salir!

 

Emiric no necesita siquiera hacer un gesto para que las dos acolitas que te abrieron la puerta acudan presurosas. Te incorporas con un salto felino, temiendo ser atacada por ellas, y jurándote que te irás por tu propio pie pero no permitirás ser expulsada violentamente. De pronto una voz dulce pero firme resuena en la sala.

 

-Me gusta.

 

Emiric gira la cabeza estupefacto, y las acolitas detienen su carrera y se dejan caer de bruces al suelo como si hubieran sido fulminadas. Son rarísimas las ocasiones en que la Niña Diosa habla en público.

 

-Perdona... ¿Qué has dicho? - pregunta un Emiric titubeante.

 

Aidaria mira a su padrastro con gesto cansino, y luego gira de nuevo su rostro hacia ti. Su mirada gris acero brilla cual plata bruñida.

 

-Que me gusta. Habla con verdad. Será una buena segadora.

 

Emiric duda apenas cinco segundos, y luego, vuelto hacia ti, parece resignado aunque no convencido. Pero recita su parte de la fórmula.

 

-Te recibo en la Hermandad de la Guadaña. Solo a ella servirás de hoy en adelante hasta el fin de tus días. Que la siega sea fructífera, y la cosecha abundante, hermana.

 

No hay felicitaciones, ni bienvenidas, ni una sola palabra amable. Emiric no lo tiene claro y solo por no contrariar a la Niña Diosa, algo impensable, ha aceptado. Pero Kira, fíjate bien... ¿Es una torva sonrisa eso que dibuja la párvula boquita de Aidaria?

 

La ilustración se titula "Warrior King", de Darrin Jon Ybarra.

29 Junio 2009

Quería escribir este artículo en el aniversario de la famosa batalla  (18 de Junio de 1.815) pero como sabéis no he tenido tiempo antes. No pretendo analizar desde el punto de vista de la historia militar lo ocurrido en Waterloo, que de sobra ha sido explicado ya, sino solo extractar tres lecciones tan válidas hoy en día como entonces sobre gestión de crisis y toma de decisiones, a partir de las equivocaciones de Napoleón Bonaparte, que le llevaron a la total y absoluta derrota.

 

PRIMERA LECCIÓN: NADIE ES INFALIBLE. Por carismático que sea un líder, por genial y ocurrente que se haya mostrado en sus decisiones anteriores, nunca todo puede depender de él. De hecho, iría más allá al decir que nada puede depender solo de una persona. El mejor escribano hace un borrón, dice un antiquísimo adagio. Y bien cierto que es. No hay nadie que no se haya equivocado nunca. En Waterloo, Napoleón estaba cansado y enfermo. Ya no tenía la agilidad mental que había salvado tantas situaciones límite antes. Ya no era capaz de evaluar la situación con una sola mirada y corregirla a su favor con dos maniobras inesperadas. Su gran error en Waterloo, la tardanza en lanzar al combate a la Guardia Imperial para impedir el encuentro de anglo-holandeses y prusianos, se debe tanto a las dudas que nunca antes había mostrado como a un agudo ataque de hemorroides que le impidió montar su caballo Marengo. Acostumbrados a su brillante liderazgo, a que él tuviera todas las ideas y tomara todas las decisiones, nadie en el Estado Mayor hizo nada por paliar una situación que se les iba de las manos mientras el envejecido Emperador trataba patéticamente de subirse a su caballo. "Grouchy me quita soldados, Ney me los pide. Blücher embiste como un toro, Wellington espera como un lobo al acecho. Unos solicitan mi ayuda, otros quieren acabar conmigo. Todos me consideran indispensable por un motivo u otro..." escribiría años después Napoleón sobre la batalla. Craso error confiar solo en el genio de un hombre, que por más genial que sea es sin duda falible. Los pintores franceses de la época dibujan a un Napoleón con cierta gloria en su derrota, pasando revista a caballo a su Vieja Guardia justo antes de lanzarla proverbialmente tarde a una muerte segura. Yo me quedo con este cuadro de Ernest Crofts, que quizás por ser inglés no tiene reparos en retratar al Emperador tal como debía ser, un viejo solitario, amargado, vencido por el cansancio y por el dolor gástrico del cáncer de estómago que acabaría matándole.

 

SEGUNDA LECCIÓN: LA CADENA DE MANDO DEBE SER UNA MAQUINARIA DE RELOJERÍA. Todas las piezas colocadas en su justo sitio, realizando puntualmente la misión encomendada. Si hay un error decisivo en Waterloo, amén de la ya reseñada tardanza en ordenar atacar a la Guardia, es el criterio empleado por Napoleón para elegir a los mandos de las dos alas del ejército, elección que resultó francamente nefasta. En el ala izquierda, el mariscal Ney, al frente de la caballería, lanzó carga tras carga contra la infantería inglesa, holandesa y alemana al mando de Wellington, una de las más infructuosas carnicerías que se recuerdan. Los infantes resistieron firmes ataque tras ataque, cayendo a docenas sin retroceder un metro en su línea de defensa, para desespero del mariscal francés, que veía como quedaba literalmente sin soldados. Cuenta la leyenda que en la última carga, desesperado, se puso al frente de la última brigada de coraceros, gritando sable en mano "¡Ahora veréis morir a un Mariscal de Francia!" y así le pinta Mark Churms en su particular recreación de la batalla.

 

En el ala derecha, el mariscal Grouchy hizo justo lo contrario. Demasiado cauto, precavido en exceso y timorato en sus decisiones, actuó tarde y poco decididamente frente a una caballería prusiana mandada por un enardecido mariscal Blücher sediento de sangre. Sus indecisiones y absurdas precauciones no impidieron que los Lanceros de Silesia del general Yorch, los Dragones del general Von Bülow y los temibles Húsares Negros del general Von Ziethen aplastaran a su infantería, hundieran el frente y enlazaran con el cuerpo anglo-holandés, provocando a la postre la derrota definitiva de los franceses. Aquí el retrato que veinte años después le hizo Rouillard.

 

De intercambiar Napoleón los mandos de sus alas de maniobra, ¿Hubiera cambiado el resultado de la batalla? Sería ciencia ficción decir que sí, pero resulta evidente que un impulsivo Ney hubiera frenado más y mejor a Blücher que el tímido Grouchy, mientras que éste se hubiera adaptado mejor al juego de astucia y oportunidad de Wellington que el aguerrido pero excesivamente impetuoso Ney. La enseñanza que de esto podemos extraer es que el equipo, en suma, debe estar siempre compensado, contar con todas las sensibilidades, para que estén representados todos los puntos de vista posibles, pero poniendo cada uno de los distintos caracteres de quienes lo forman en el lugar que mejor se adapte a sus características, al frente de la misión que mejor pueda desarrollar, donde más pueda aprovechar su potencial. Tan inútil es mandar a alguien impaciente e irascible a una negociación que difícilmente llegará a buen puerto por su nula capacidad negociadora, como encomendar a un buen negociador pero más timorato y sensible que tome duras decisiones ejecutivas para las que se requiere una firmeza de la que a todas luces carece. Para que una cadena de mando funcione cada eslabón debe ajustarse a su exacto lugar, ser un engranaje de una milimétrica maquinaria.

 

TERCERA LECCIÓN: LAS MEJORES IDEAS NO SIRVEN DE NADA SI NO SE SABEN COMUNICAR ADECUADAMENTE: Algunos historiadores consideran clave para entender lo ocurrido en Waterloo un suceso que no parece tener demasiada trascendencia histórica y que para la mayoría pasa inadvertido: El suicidio, pocos meses antes de la batalla, del mariscal Berthier, quien a causa de un desengaño amoroso se arrojó por un balcón de su mansión parisina. Berthier, Ministro de la Guerra de Francia y Jefe del Estado Mayor Imperial, era literalmente "El hombre que entendía al Emperador". Napoleón, como casi todos los genios, era impulsivo en sus ideas y anárquico en sus pensamientos, le venían éstos atropelladamente, a trompicones, y había que interpretarlos para ponerlos en práctica. Quien hacía esto era Berthier, abajo en un grabado de la época cuyo autor desconozco. En todas las batallas en que había participado junto a su soberano, las órdenes de éste pasaban primero por sus expertas manos, y solo tras clarificarlas y traducirlas en un lenguaje comprensible para cualquier comandante, eran transmitidas a la correspondiente Unidad. En Waterloo, según narran testigos presenciales, el Estado Mayor era un incesante ir y venir de correos a caballo con órdenes garabateadas de puño y letra del Emperador, que no parecían tener ningún sentido, al menos para su destinatario. La enseñanza aquí está clara, la comunicación a lo largo y ancho de la organización es vital para el buen funcionamiento de la misma. Y no solo en la cadena de mando, en todos los demás departamentos. Excluyendo materias confidenciales o reservadas, todos deberían saber lo más posible del conjunto de decisiones del mando, conocer los objetivos de los demás tanto como los suyos, para evitar duelos competenciales inútiles y costosos, y para comprender mejor las dificultades a que se enfrentan los demás. La comunicación además debe ser clara, fluida, en términos comprensibles para todos. No caben absurdos snobismos en una organización que pretenda ser eficaz y eficiente. Si un absurdo tecnicismo puede dar lugar a error, mejor emplear un término común que todos entiendan, aunque no quede tan fino el informe o circular interna. El objetivo, se supone, es lograr las metas globales establecidas, no dárselas nadie de culto.

 

Tenía ganas de escribirlo y me ha salido de un tirón. No puedo revisarlo, así que si hay algún error ortográfico o gramatical ya me perdonaréis. Perdón también os pido por la densidad y extensión del artículo, sé que me ha quedado un auténtico "ladrillo", pero es que la idea llevaba demasiado tiempo dando vueltas por mi cabeza...

28 Junio 2009

Uno entre mil cien

28 jun 09 En: Vivencias

Ayer sábado 27 por la mañana realicé por fin el segundo examen. Cuarenta y cinco minutos para responder cincuenta preguntas con cuatro posibles respuestas alternativas sobre dos casos prácticos. Aquellos que superen la nota de corte, una vez establecida ésta, sumarán dicha nota a la del primer examen, formando la nota final de la fase de oposición, y pasarán a la fase de concurso de méritos. De los cuatro mil opositores que se presentaron al primer examen, dos y medio por plaza, unos mil cien, hemos pasado al segundo. Lo superarán unos quinientos, los justos para participar en el concurso de méritos alguno más de las cuatrocientas veinte plazas en juego. Ahí fue donde me quedé la última vez, con los dos exámenes de la fase de oposición aprobados, pero sin bastantes méritos para entrar.

 

Se cumplieron de principio a fin los tópicos sobre el día de examen. El metro sorprendentemente lleno a primera hora de un sábado. Despistados con maletas deambulando por la Zona Universitaria, llegados desde los cuatro puntos cardinales directamente al examen. Nervios, muchos nervios, de última hora. Un mar de cabezas ante la lista de asignación de aulas de examen, y otro mar de cabezas ante la mesa de los bedeles preguntando dónde quedaba tal o cual aula. La tensión palpable a la puerta de las aulas, antes de ser llamados. La monótona cantinela de los vigilantes de cada aula llamando uno a uno a todos los opositores asignados a su aula, y el tambaleante desfile de éstos, DNI en mano, yendo como si fueran al matadero. La ineludible hora larga de espera desde que se cierran las aulas hasta que por fin llegan los exámenes portados por miembros del Tribunal Delegado con escolta armada de vigilantes de seguridad. Las normas de examen, ya conocidas por todos, repetidas por uno de los vigilantes con la voz monótona de la azafata que explica al pasaje por sexta vez en el día cómo colocarse el chaleco salvavidas. El silencio sacro durante el reparto de los cuestionarios de examen. Ese chute de adrenalina cuando por fin dan la orden de abrir los cuestionarios y el reloj empieza a correr marcha atrás...

 

A diferencia del primer examen, en el que había preguntas que eran claramente ajenas al programa de la oposición, y otras de un nivel exageradísimamente superior al exigible, en este segundo examen los supuestos de hecho en que se basaban los casos prácticos eran verdaderos clásicos, lo que tampoco nos lo ponía mucho más fácil. El primero era realmente difícil, el segundo estaba lleno de trampas. Pero bueno, ambas cosas son esperables de una oposición hoy día, así que no me quejaré por ello.

 

Otro clásico del día de examen de oposiciones, esa cervecita con los compañeros del grupo de preparación una vez finalizado el examen, esa charla en la que se prohíbe expresamente comentar o corregir ninguna pregunta, en la que solo nos permitimos hablar de nosotros, de nuestras fuerzas y nuestros ánimos en este duro final de etapa. La mayoría de nosotros se volverá a examinar el próximo domingo día 05 de Julio en el primer examen de la categoría superior. Para todos es un esfuerzo asumible, solo una semana más, un temario casi idéntico, y sobre todo una nueva oportunidad de entrar.

 

Yo me tomé libre solo ayer tarde y hoy por la mañana. Pocas horas. Pero las he aprovechado bien aprovechadas. He paseado con Elma ahora que camina con una sola muleta y puedo llevarla de la mano. Hemos tomado algo en una terraza de la Avenida Metro, allá en su barrio de Santa Eulalia. Hemos dormido juntos, que no es novedad, porque lo hemos hecho todos los días de la semana, pero eso sí, oh maravilla de las maravillas, sin poner el despertador ni levantarnos a toque de silbato, sino tranquilamente, despertándonos cuando el cuerpo nos lo pedía, tomándonos nuestro tiempo para desayunar y saliendo luego a pasear de nuevo en la soleada y calurosa mañana...

 

Esta tarde he vuelto al trabajo, ya estoy de nuevo lanzado al sprint en esa carrera que finalizará el próximo domingo. El breve respiro ha durado apenas veinticuatro horas pero me ha sentado como una botella de agua en el desierto. Ya solo queda una semana y después, aunque nada cambie en realidad (Antes de prorrumpir en gritos de júbilo, recordad que después de ese examen volveré a ir a trabajar) todo será mejor simplemente por no estar sometidos a esa tensión, a esa premura en todo, que impone tener un examen tan a la vista. Hasta podré pensar en disfrutar algo del verano con Elma...

 

Quiero agradeceros vuestra lealtad y vuestra paciencia, que habéis seguido leyendo y comentando en estos largos días de ausencia. Para la próxima semana, aunque el estudio me obligue a ralentizar mi ritmo de publicaciones, prometo no dejar tantos días el blog en dique seco. No creáis que yo no hecho también de menos escribir, y mucho más aún leer y comentar vuestros blogs. De nuevo, gracias. ¡¡Recibid todos un fuerte fuertísimo abrazo!!

 

Ilustrando el artículo, "El examen de danza", obra de Edgar Degas.

19 Junio 2009

Café + tostadas 1,80

19 jun 09 En: Vivencias

Elma se ha instalado por fin en su casa, ya relativamente habitable. Si digo "por fin" no es porque no quisiera que siguiera conmigo, sino porque sé que en su casa está más cómoda, tiene todo por su mano, y se puede desempeñar mucho mejor sola. Porque esa es otra, habiendo salido ya publicado en el BOE la fecha oficial del examen de la categoría superior, que vengo preparando, para el 05 de Julio, en realidad está sola, porque yo paso el día estudiando. La semana que viene cojo vacaciones, pero esta semana trabajo, y voy de culo. No puede ser de otra manera teniendo dos exámenes de oposiciones a la vista en tan corto plazo de tiempo: El segundo de la categoría inferior el próximo sábado 27 de Junio y el primero de la categoría superior el domingo de la semana siguiente. En poco más de quince días habré finiquitado la cuestión, pero menudos quince días!!

 

Todo en la vida tiene un precio, y el poder cambiar las vacaciones ya solicitadas y concedidas en Agosto, sin demoras ni problemas, me ha costado tener que decir "sí" a todo lo que nadie quería hacer, de modo que antes de empezar vacaciones estoy hasta arriba de tajo. Menos mal que estos tres días de fin de semana ya saldo mis deudas laborales y a partir del lunes, ya oficialmente de vacaciones, podré dedicarme solo y exclusivamente a estudiar. Si no me volvería loco.

 

Elma ha querido regresar a su casa también convencida que estando ella aquí, por más que hiciera todo lo posible por no interrumpir, era inevitable que me distrajera algo más, que estuviera más por ella, que hiciera más pausas en el estudio para ir a verla y atenderla. Elma, que no por su situación de relativa incapacidad ha cambiado el carácter, y quiere saber cuidarse sola en la medida de lo posible, prefiere estar en su casa y que yo estudie aquí solo, sabiendo que así me distraigo menos y me dedico con mayor intensidad al temario.

 

"Me podrán robar tus días, tus noches no" dice Joaquín Sabina en esa pequeña obra maestra que es "Caballo de Cartón". En efecto, solo las noches nos pertenecen. En los únicos dos días que he tenido libres esta semana, al acabar de estudiar, o mejor al interrumpir el estudio hasta el día siguiente, porque acabar no se acaba nunca, meto mis efectos personales en una mochila y me voy a su casa a cenar y dormir con ella. Tenemos poco tiempo. Hay veces que no necesitamos ni hablar, hay otras que no callaríamos. Siempre y en todo caso aprovechamos al máximo ese poco tiempo que tenemos. Dormir con ella, sentirla a mi lado, me hace feliz de alguna manera. Aunque solo sea eso, sentirla, aunque no podamos hacer ninguna de las muchas cosas que nos gustaría hacer. No podemos de momento, que aún queda mucho verano, y pasados los exámenes digo yo que algo podremos aprovechar...

 

Por las mañanas nos levantamos pronto, en parte porque ella tiene que tomar medicación a primera hora de la mañana, y en parte por aprovechar yo más el día, siempre escaso de horas, y bajamos a desayunar en un pequeño bar que hemos descubierto. Es un bar al que en los primeros tiempos de nuestra relación íbamos a menudo, pues entonces lo regentaba una pareja de lesbianas amigas de Elma. Después ellas se separaron y traspasaron el negocio, que cogió un matrimonio sudamericano. Desde entonces no habíamos vuelto, perdimos la costumbre los meses que estuvo cerrado en reformas, pero es el bar más próximo a su casa y donde menos le cuesta ir con muletas, así que allí nos dirigimos por la mañana, tempranito, casi nada más abrir. Café (ella con leche, yo con hielo) y tostadas 1,80 La charla, las caricias, las miradas de complicidad, el empezar el día juntos, eso es impagable...