Quiero compartir con todos unas historias tan verídicas como absurdas sobre muertes desgraciadamente reales y a la vez tremendamente patéticas que tenía guardadas hace tiempo:

Un hombre de 47 años murió en Arjay, Kentucky, USA cuando su amigo de toda la vida, Silas Caldwell, también de 47 años, trató de acertar a una lata de cerveza que el hombre se había colocado sobre la cabeza. Las últimas palabras del finado, según testigos presenciales, fueron "¡Apunta más bajo, Silas!"

Jacques LeFevrier quiso asegurarse de que su intento de suicidio no quedaría en intento. En la cima de un acantilado normando se ató un nudo alrededor del cuello con una soga. Amarró la otra extremidad de la soga a una roca grande. Bebió un largo trago de matarratas líquido y se incendió la ropa tras rociarse con gasolina. Saltó al precipicio y se disparó al mismo tiempo con una pistola de pequeño calibre. La bala ni lo rozó pero cortó la soga sobre él. Libre de la roca que le hubiera empujado al fondo, cayó al mar. El repentino zambullido en el agua helada extinguió las llamas de su ropa y le hizo vomitar el veneno. Un pescador en un bote lo sacó del agua y lo llevó a un hospital, donde murió... de hipotermia.

Ken Barger se disparó accidentalmente y murió en Newton, Carolina del Norte, USA, cuando, al despertarlo el sonido del teléfono al lado de su cama, trató de alcanzar el auricular, pero,confuso como estaba por haber sido repentinamente sacado de un profundo sueño, en vez del teléfono agarró el revólver Smith & Wesson calibre 38 Especial que guardaba bajo la almohada, y que se disparó accidentalmente cuando Mr. Barger lo acercó a su oído.

Un campesino polaco, Krystof Azninski, ganó a pulso el título de hombre más "macho" de Europa al decapitarse él solo. Azninski, de 30 años, había estado bebiendo vodka con varios amigos durante toda una tarde de viernes, cuando en plena embriaguez decidieron jugar a "juegos de hombres". Comenzaron por golpearse unos a otros en la cabeza con martillos y llaves inglesas. Luego uno de ellos cogió una sierra mecánica y se cortó la punta de un dedo del pie. No queriendo quedarse atrás, Azninski le quitó la sierra de las manos gritando "¡Eso no es nada, mirad esto, cabrones!". Giró la sierra eléctrica hacia su propia cabeza y se la cortó. "Es raro", declaró uno de sus amigos, participante en la mortal borrachera, "porque cuando era joven era medio marica, todos sabíamos que le gustaba ponerse la ropa interior de su hermana. Pero sin duda murió como un hombre"

Más allá de la carcajada, a mí estas historias, todas patéticas, todas verídicas y publicadas en prensa seria, me hacen reflexionar y mucho sobre la naturaleza humana y sus evidentes limitaciones, más allá de los sueños sublimes de unos pocos sabios...