En todo el mundo occidental en general, y en el marco de la Unión Europea en particular, estamos viviendo en los últimos años un proceso lento pero imparable de normativización absoluta de todos los aspectos de la vida, tanto pública como privada. Se busca una homogeneización que no existe, un standard ideal que nunca se alcanza. Además, hay un abismo entre los técnicos y burócratas que redactan esas normas y la población o sector a quien van dirigidas y que son quienes las sufren, de modo que suelen ser más las disfunciones y problemas provocados que las soluciones aportadas.

Raffaele Costa, Presidente de Diputación de Cuneo, en el norte de Italia, ex ministro de Sanidad y ex diputado europeo, ha escrito un curioso manual. En pocas páginas, ha agrupado todas las normas de la Unión Europea sobre los centímetros, milímetros y formas que deben tener las frutas y verduras para poder ser vendidas. Centenares de leyes absurdas e inaplicables.Tomemos por ejemplo los ajos. El legislador establece que, ya sean sueltos o en manojos, la diferencia de diámetro entre el bulbo más pequeño y el más grueso, contenidos en el mismo embalaje, no pueda superar los 15 milímetros, cuando el bulbo más pequeño tenga un diámetro inferior a los 40 milímetros... Aunque hay que tener en cuenta que, solo después de determinar el calibre del ajo, a través del "diámetro máximo de la sección ecuatorial", se podrán establecer los diámetros mínimos de cada uno. ¿Alguien lo ha entendido? Porque yo no. Para las nueces hay que saber álgebra, porque hay que calcular la humedad del fruto empleando una complicada fórmula, mientras que es más sencillo para los aguacates: "La cantidad de sustancia seca, determinada mediante desecación a peso constante, debe ser comprendida entre el 19% y el 21%". Cultivar melocotones, nectarinas o kiwis requiere conocimientos avanzados de química, porque la norma exige que "el índice de refracción de la pulpa, medido en el centro de la misma en la sección máxima normal del eje, debe ser igual o superior a 8 brix, y la consistencia debe ser inferior a 6,5 kilos". Impresionante.

Hay ejemplos aún más idiotas y rocambolescos. Como que por ejemplo para los guisantes se necesiten rayos X, pues la norma establece que "en los de primera categoría las vainas deben contener al menos 5 semillas tiernas, jugosas y suficientemente consistentes, de manera que, presionadas entre los dedos, se aplasten sin dividirse" ¿Cómo puede eso saberse y controlarse sin abrir las vainas? Sencillamente, no se puede. Otro ejemplo absurdo, el de las cerezas. Entre los consumidores de esta fruta hay, al parecer, clases sociales: en las de categoría extra, "los frutos rajados o con gusanos no pueden superar el 2%", pero en las clases más baratas los gusanos pueden alcanzar el 4%...

Raffaele Costa es pesimista, cree que por más que se explique, los burócratas de Bruselas no cederán en su empeño de normativizarlo todo, aunque luego sean normas inútiles e imposibles de aplicar en la práctica. Estoy de acuerdo con él. Como decía Einstein, solo hay dos cosas infinitas, el Universo y la Estupidez humana, y de lo primero no estoy tan seguro...