Alba es una de esas pocas personas que dejan huella en la vida de quien la conoce. Su fuerte carácter forjado en el sufrimiento y la pérdida desata filias y fobias, pero nunca pasa desapercibido. Provocará tanta admiración como rechazo, tanta empatía como desprecio, pero a buen seguro nunca pasará desapercibida.

Alba tuvo un padre maltratador y psicópata que abusó de ella de todas las maneras imaginables, y supongo que alguna inimaginable, desde que tenía 7 años. Reiteradamente violada, incesantemente apaleada, su infancia fue un infierno tal que no creo, sinceramente, que ninguno de nosotros pueda hacerse una idea siquiera aproximada de lo que tuvo que soportar. Pero en la partida de la vida a Alba le habían tocado todas las cartas malas. Recién liberada de su padre por la autoridad competente, su madre, ya muy enferma, murió cuando ella tenía solo 14 años, quedando junto a su hermana de 10 al cuidado de una abuela que no podía valerse ella misma. Alba tuvo claro que estaban solas, que nadie iba a ayudarlas, y que de las tres ella era la que tenía que tirar del carro. A la edad en que sus compañeras de clase solo pensaban en complementos nuevos para sus Barbies, Alba ejerció de hija de su abuela y de madre de su hermana, trabajando como una burra en tres sitios a la vez, un turno de mañana en una empresa, otro de tarde en otra, y los fines de semana de dependienta en una pastelería, trabajando todos los días durante años, sin fiestas ni vacaciones, sacando adelante la familia con una capacidad de sacrificio y una voluntad de hierro que a buen seguro mujeres mayores y más experimentadas no hubieran sido capaces de superar.

Conocí a Alba hace un par de años, y desde el principio me llamó la atención su fuerte personalidad, sus ideas claras sobre el mundo, su dureza no exenta de frío raciocinio con su generación de coetáneos mimados y asustadizos, consumistas y peleles, a los que desprecia (Aunque también en cierta medida los envidia, sí, la envidia enturbia algo su juicio, pero quién no envidiaría esa vida facilona de estudiante universitario en paro y viviendo en casa de papá que ella no ha podido tener jamás…) No, no es perfecta, ni lo pretende. Todos tenemos aristas en nuestro carácter, y ella también, más pronunciadas seguramente, a causa de su vida tan dura y extrema. Pero, en general, su experiencia y punto de vista me representó aire fresco en medio de una marea de geeks veinteañeros preocupados solo por tener el último gadget y el último juego que hubieran salido al mercado.

Después de compartir meses de trabajo en común, tuvo que dejar, como tanta otra gente, el turno de noche (Que la noche es solo para vampiros, psicópatas, lunáticos y licántropos, adivinad en qué grupo estoy yo…), pero ha continuado en la empresa, y hemos seguido nosotros viéndonos y hablándonos. A finales de verano me explicó que había dado puerta al chico con el que convivía, con el que llevaba varios años de relación, y con el que según Elma hacían la pareja perfecta. Eso me extrañó, la verdad, pues si en algún momento Alba se quitaba la coraza y se ponía tierna y dulce y hasta empalagosa, era hablando de su chico. Pero me libré muy mucho de decir nada y menos aún de juzgar, que en temas de pareja cada cual sabe lo que siente o no en su corazón, en el que nadie manda.

Ayer, Alba me pilló en un receso de cierta reunión que me entretuvo toda la mañana (pero de esta reunión prefiero hacer artículo aparte) y me dijo para mi sorpresa que se iba a casar cuanto antes. Alucinando me quedé, evidentemente, y más cuando me explicó someramente los detalles: Que hace un mes (Por Dios!! Un mes!!) que sale con un chico argentino, y que quiere ayudarle a tramitar la residencia, y que el mejor método es casarse, y que bla bla bla… No presté atención a nada más de lo que dijo. Yo flipaba en colores. Una de las personas más racionales y sensatas que he conocido jamás, me decía así como sin darle mucha importancia que se iba a meter de cabeza en un entramado en el que tiene todas las de perder, muy poco que ganar, y ni siquiera dan premios de consolación. Como pongo en el título del artículo, estoy “Albalucinando”.