A lo mejor, después de casi nueve años, ya va siendo hora que deje la noche y varíe mis costumbres de vampiro. De un tiempo a esta parte me cuesta mucho cambiar el sueño con la facilidad de antes. Noto que mi cuerpo y mi mente empiezan a resentirse. Sin embargo, me resisto terriblemente a vivir de nuevo bajo el sol de Satán. Nunca lo haré en mi actual trabajo, donde cobraría bastante menos por trabajar bastante más. Veremos el resultado de las oposiciones. Éstas, entre pitos y flautas, pueden tardar más un año en finalizarse. Que desde la primera decena de diciembre que presentamos las instancias aún no han sido capaces de publicar ni la lista provisional de admitidos… En fin, un mal año lo tiene cualquiera, al menos si el cuerpo aguanta…

Madrugada. Tarde. Tardísimo. Ni quiero ver la hora. Por más que lo desee, el sueño no llega. Apenas he dormido la mañana anterior, al acabar mi turno de noche tuve una inesperada y absurda reunión. Me siento cansado, el sueño debería acudir a mí con naturalidad. Pero no. Elma sí duerme a mi lado en el sofá. O conmigo más que a mi lado, con sus pies en mi regazo y su mano izquierda agarrada a la mía, casi agarrotada, en una de sus típicas posturas imposibles. La manta de viaje azul marino la ha apartado a un lado en sueños. Para la nochecita que está haciendo, sin embargo, el pijama verde manzana que compré con ella en la tienda Woman,s Secret de Pelai me parece demasiado liviano, así que la vuelvo a tapar con la manta, con cuidado de no despertarla. Ella se mueve algo incómoda, pronunciando entre dientes unas palabras ininteligibles, para al final quedar tranquila bajo la manta. Le aparto los rizos que cubren casi por completo su rostro, y me quedo extasiado mirándola, A veces, aún me parece increíble que una mujer como ella esté ahí, durmiendo a mi lado. La beso en la frente, que sé que en la boca se despertaría, y la dejo dormir. En esta dulce madrugada para dos no me estoy deleitando, sin embargo, con el triste perfume embriagador de un drama romántico. Muy al contrario veo y disfruto, para qué negarlo, Battle Royale, una de las alucinaciones de Takeshi Kitano, una sucesión de escenas de extrema violencia, adolescentes ensangrentados y cadáveres mutilados, muestrario de todas las formas posibles y algunas imposibles de matar. Os pongo una imagen del manga, que no quiero herir sensibilidades de ningún lector con escenas de la película.

Me gusta. Esa es la verdad, quizás incómoda. Me gustan esas cosas, me gustan las armas, las artes marciales, todas las formas posibles de lucha con y sin armas. ¿Será un trauma, un recuerdo condicionado de la estricta educación castrense de mi abuelo? Será. Bien cierto es que mi abuelo me enseñó a disparar antes que a escribir, y a montar a caballo antes que a caminar. Pero han pasado tantos años que me parece mentira que me condicione mi presente. Elma lo acepta, porque así es como soy, pero no lo entiende. Recuerdo la noche en que vimos juntos, acurrucados en este mismo sofá, otra de las violentas historias de Kitano, acaso la mejor de todas, Zatoichi. Elma veía cómo yo disfrutaba con las más salvajes escenas de lucha (En Zatoichi hay alguna realmente memorable) mientras ella ponía cara de asco ante tal ensalada de vísceras. Después, acostados juntos en la cama, yo le acariciaba el rostro con cariño, y ella me dijo “¡Es como si tuvieras dos personalidades. Como si fueras dos hombres distintos en un solo cuerpo, uno tierno y amable, dulce y cariñoso, y otro un salvaje que adora las armas!”

Soy uno, y soy otro. Soy el que colecciona navajas, y el que rara vez las usaría contra alguien. El que siempre querrá que se imponga la razón a la fuerza, aunque sepa qué fuerza emplear si llegara el caso. He tenido momentos de elevadas sutilezas, pero también de terribles salvajadas. En mí, francamente, no es impostura ni lo uno ni lo otro. Se mezclan dentro de mí ambas facetas en una amalgama extraña que ni yo mismo comprendo. Del mismo modo que adoro ciertas composiciones clásicas pero en según qué momentos solo me calma oír Death Metal. O tal vez es que soy inhumano (algo de lo que me han acusado más de una vez) con todos menos con Elma. Que solo ella sabe sacar lo mejor de mí, mi parte buena que tan poca gente conoce…

La imagen, Scorpio Love… Soy un escorpio de libro para el que crea en eso, por lo que simplemente digamos que así es como Elma debe sentirse a veces conmigo…