Está sola, y lo sabe. Sola y acorralada. Pero no pierde el ánimo. A su lado solo queda Anestesio, que es como un peluche de dos metros de altura: Vistoso, sí, pero completamente inútil. Porque Anestesio es posiblemente el más bobalicón de los mortales, y para poco sirve, como no sea para mulo de carga. Zora y Anestesio son los últimos miembros activos del comité de empresa, todos los demás, hasta los nueve que debiéramos integrarlo, hemos dimitido. No me arrepiento de haberlo hecho, era meridianamente claro que no sacaríamos nada en limpio en las circunstancias que se daban. Varios miembros del comité se habían vendido a la dirección de la empresa, facilitándoles información de nuestras reuniones, de modo que la dirección sabía siempre por adelantado lo que íbamos a hacer o proponer. Más tarde, incluso habían torpedeado sistemáticamente toda iniciativa planteada, hasta conseguir finalmente paralizarnos por completo. Pocas veces he tenido mayor sensación de frustración y ridículo que en mis últimas reuniones como delegado de personal, en las que sabía de antemano que o bien no se llegaría a ningún acuerdo o bien nunca se cumpliría lo acordado. La empresa hizo un excelente trabajo de acoso y derribo que cumplió todas sus expectativas.

Eliminados y fuera de juego los elementos disidentes y rebeldes, finalizada su sucia labor de demolición desde dentro, los traidores dimitieron también a su vez, pretendiendo borrar la memoria del comité, pues una vez todos dimisos, es como si nunca hubiera existido. No lo consiguieron, Zora no lo permitió, siguió a pesar de las fuertes presiones que ejercieron sobre ella. Sabía que sola no podría hacer prácticamente nada (Insisto, Anestesio no vale ni de adorno), pero cuanto menos el comité no desaparecería.

Y así estamos, con un comité inoperante y la empresa a sus anchas, sin que nadie pueda ni sepa pararles los pies. Ante las últimas medidas restrictivas que ha tomado la dirección, Zora ha enviado un correo electrónico a todos los que en su día fuimos miembros del comité, solicitando nuestra ayuda para tratar de oponernos de alguna manera a las mismas. Le he contestado con toda sinceridad que dudaba mucho que consiguiéramos nada ahora, con solo dos miembros y todo en contra, si nada conseguimos antes siendo nueve y en circunstancias mucho más favorables. Que cuente conmigo, sí, la ayudaré en lo que pueda. Porque la admiro, admiro su tesón, su tenacidad, su compromiso y su presencia de ánimo.

Será culpa de mi adicción adolescente a las películas del oeste que siempre estoy del lado de los solitarios dispuestos a enfrentarse a un destino trágico, capaces de luchar sin desmayo contra toda lógica y toda esperanza. Será que un cierto inconsciente romántico me obliga a alinearme de manera inmediata con toda causa perdida, y mientras más perdida está la causa con más fuerza me la apropio. Será que siento un gran respeto por quienes demuestran mayor capacidad de sacrificio que yo. O será que de verdad creo que la férrea voluntad de Zora de no permitir la muerte por asfixia del único órgano de representación de los trabajadores es la última oportunidad que tenemos de poner coto a las crecientes arbitrariedades empresariales. Sea como fuere, me pongo a su disposición en lo que pueda ayudarla, que me temo que no va a ser mucho. Zora es nuestra última guerrera en liza. Solo podemos apoyarla para que no caiga…

La fotografía que acompaña al artículo es una imagen promocional de “Azumi, la última guerrera”, film japonés del año 2003 protagonizado por la actriz Aya Ueto. En mi opinión, y aunque ya sé que no viene a cuento, me parece más recomendable la segunda parte, “Azumi II, Death or Love”, del 2005.