Habíamos llegado a Canillo la tarde del miércoles 31 de Octubre, dispuestos a pasar un puente de Todos los Santos divertido y a tope. Llevábamos semanas planeándolo, desde nuestro reencuentro tras el paréntesis veraniego. En principio íbamos a ser un grupo numeroso, pero uno tras otro se descolgaron a medida que pasaban los días, hasta que solo quedamos Rick y yo. Ya nos dábamos por vencidos cuando Salvi, el hermano pequeño de Rick, quiso apuntarse, y decidimos que los tres bastábamos y sobrábamos para pasárnoslo bien, como los tres mosqueteros. Redujimos presupuesto, pasamos de hotel a camping y de la bulliciosa Andorra la Vella a la casi muerta Canillo, unos cuantos valles más allá de la capital, pero nada nos desanimó... hasta que llegamos.
Desde el principio nada fue bien, nada salió según estaba planeado. Con dinero, Andorra se abre como una flor llena de posibilidades. Sin él, se muestra altiva y hostil. ¿Cómo se nos había ocurrido ir a un paraíso de ricos? Ir por Andorra de compras, uno de los placeres locales, se volvió un suplicio cuando, aparte del consabido tabaco y botellas de whisky, no pudimos cumplir ningún otro encargo porque estaban a precios prohibitivos para nuestras exiguas economías. Lo mismo podía decirse del ocio. Anduvimos más que las tres marías y acabamos rayados de no encontrar un sitio donde no pareciéramos tres punkis colados en una fiesta privada para modelos de Lacoste, Ralph Lauren y Burberrys. Acabamos en el bar del Palacio de Hielo de Canillo, fumando Gauloises, viendo patinar a las niñas pijas y maldiciendo nuestra perra suerte.
El viernes día 2 era mi cumpleaños, y como no tenía puñeteras ganas de andar de nuevo como alma en pena buscando local donde celebrarlo, decidimos montar la fiesta en el camping, que al fin y al cabo éramos prácticamente sus únicos clientes. Aprovechando que el alcohol era lo único realmente barato allí, compramos todas las botellas del mundo y nos lo montamos los tres a solas en la tienda. No sé cuánto llevábamos bebido, mucho, seguramente demasiado, cuando la conversación ya pastosa derivó a los consabidos temas erótico-festivos que siempre deriva en tales ocasiones... Y lo solté. No sé que me impulsó a hacerlo, la borrachera sería una excusa muy barata. En el fondo buscaba desde hacía tiempo el modo de hablar de ello con Rick sin encontrar el momento ni el lugar adecuados, aunque aquel era tan inadecuado como habían sido todos los anteriores, seguramente mucho más... Sea como fuere, lo solté. Les expliqué con todo lujo de detalles, incluyendo los más sórdidos, sin ahorrarme pelos ni señales, la relación que mantenía con su madre, que venía manteniendo desde el verano anterior, y que seguiría manteniendo intermitentemente a lo largo de los años subsiguientes, porque mi historia con Moira, la madre de Rick, fue de esas en que se entremezclan lo adictivo de la peor droga con lo doloroso de una herida abierta en el corazón, de esas de las que no te desenganchas, de esas que no cicatrizan jamás, un ni contigo ni sin ti que aún podría durar si la vida no nos hubiera separado definitivamente...
Y supe que Rick lo sabía, aunque nunca me hubiera dicho nada. Que seguramente lo había sabido desde aquella tarde de julio en que salí de casa de mi madre con lo puesto, tras la enésima discusión, y con toda la rabia del mundo envenenándome las vísceras fui a buscarle a su casa, y aunque era muy pronto y aún no había llegado su madre me permitió pasar y esperarle. Tórrida tarde en que acabé follando con ella, su culo apoyado en la lavadora, entre un par de cestos tumbados y una alfombra de prendas esparcidas por el suelo. Sí, Rick lo sabía, pero Salvi... No sabría decir qué reacción esperaba que tuviera, pero desde luego no la que tuvo. Enloquecido, bramando como un orate, salió de la tienda en calzoncillos, caminando sin rumbo entre la ventisca, ignorando la helada, pisando la nieve con sus pies descalzos, mientras Rick y yo tratábamos a la fuerza de hacerle volver a la tienda y a sus cabales. Nos costó muchos sudores lograrlo, y cuando finalmente le metimos en el saco Rick me dijo con una seriedad que pocas veces le había visto que lo que había dicho esa noche no lo repitiera jamás ante su hermano.
No sé a qué hora debieron llegar, muy tarde ya, de madrugada, pero a la mañana siguiente, cuando por fin pudimos levantamos, molidos y resacosos, allí estaban ya. Eran dos hermanas mañas de paso hacia Alemania, que hacían el viaje muy lentamente, por etapas, en una vieja furgoneta Volkswagen que parecía sacada del atrezzo de una película hippy de Peter Fonda. Enseguida Rick, el que menos había bebido de los tres, se acercó a ellas con una excusa, y enseguida ellas le dieron cara. Rick les presentó a Salvi, y hubo una especie de chispa entre los cuatro. Ellas iban a estar solo un día allí, y nosotros también marchábamos al día siguiente... Barcos que se cruzan en la noche. De mí pasaron totalmente. Salvi no me hablaba, y Rick estaba más pendiente de su hermano que de mí, lo que comprendo. Además, el morbo de enrollarse los dos hermanos con las dos hermanas era más que evidente en las intenciones de todos y todas desde el principio. Me ignoraron de tal manera que ni se dieron cuenta cuando marché. Paseé por los campos andorranos, dándole vueltas a lo ocurrido, auto flagelándome y deseando arrancarme la lengua con unas tenazas. Pero lo hecho, hecho estaba. Cansado y hambriento, volví a la caída de la tarde. Nuestra tienda se había convertido en Sodoma y Gomorra. Entrelazados los cuatro en un totum revolutum cuya imagen quedó grabada en mi retina durante años, hermanos y hermanas se entregaban sin freno a los placeres de la carne. Bajé la cremallera sin decir esta boca es mía, y me fui a cenar al bar del camping, que aún estaba abierto.
En la tele, sintonizada en un canal francés, emitían Los Inmortales en el idioma de Voltaire, pero la verdad, me daba igual. Miraba sin ver mientras mi mente divagaba por extraños y profundos rincones. Estaba tan absorto y reconcentrado en mí mismo que me extrañó oír otra voz a mi lado. "¿Qué te pasa, mon petit?" me preguntó con dulzura mientras pasaba por mi pelo una mano gordezuela. Era una mujer rolliza, bien entrada en carnes y en la cincuentena, que me miraba con la preocupación reflejada en sus cansados ojos azules. Con curvas de matrona y pelo rubio ceniza, me dio por pensar que parecía más alemana que francesa, aunque su acento era evidente. Era quien atendía el bar, tal vez la dueña, nunca supe este detalle. Me encogí de hombros algo bruscamente, no quería su compasión. Ella insistió en sus caricias. "¿Te han dejado fuera de la fiesta, tus amigos? Que desconsiderados..." Levanté mi mano izquierda y la llevé hasta su gruesa muñeca, acariciándosela. Olía a detergente. No me importó. Giré la cabeza un poco y le besé el dorso de la mano. Ella me miró con ojos totalmente distintos. Sin decir ni una palabra, me atrajo contra su pecho. Estuvimos así abrazados en silencio unos cuantos minutos. Sentía su respiración acelerada y el alocado tamborileo de su corazón a través de las turgencias monumentales de sus pechos. Después de eso, casi pareció natural que mientras ella cerraba el bar yo buscara algo que poner en el suelo de la trastienda. Una vieja manta que tapaba una nevera estropeada sirvió. Sus besos y caricias eran tan dulces, sus carnes tan acogedoramente cálidas, que muy pronto, sin apenas preliminares, estuve cabalgando desbocadamente sobre sus amplias caderas, mirándola directamente a los ojos mientras la poseía con fuerza, diría que hasta con rabia. Ya a punto de culminar, se me pasó por la cabeza (A buenas horas!) que no me había puesto preservativo, y tuve un momento de duda, pero ella, como si lo adivinara, elevó un poco la cabeza, y pasó su húmeda lengua por el lóbulo de mi oreja izquierda, despacio, con suavidad, lamiendo con sabiduría y práctica, hasta que fui incapaz de contenerme por más tiempo, y me dejé ir en su interior. Era la primera vez que acababa en una mujer así, a pelo, y también fue la primera vez que me quedé dormido sobre sus pechos...
Al día siguiente, domingo 4, a primera hora, volvimos a Barcelona. El coche de mi madre en que regresábamos parecía parte de una comitiva fúnebre, nadie hablaba, excepto la radio. Yo conducía aún reconcentrado en todo lo sucedido. Las hermanas de Zaragoza se habían ido en dirección Centroeuropa aún antes que nosotros, muy temprano en la mañana. Mi amante francesa, esa mujer a la que nunca he vuelto a ver y de la que solo aprendí su nombre, Magalie, me había despedido con un café cargado, un croissant recién hecho y una palmada en el culo. Al llegar a la frontera, había cola para declarar, y estuvimos un buen rato parados allí. El silencio era tan tenso que llegó un momento que cualquier cosa era mejor que eso.
-¿Aún somos amigos? - pregunté mirando directamente a Rick.
Él me devolvió la mirada con dureza, pero también con sorpresa reflejada en el rostro. Se tomó su tiempo para responder.
-Sí, lo somos. Lo hemos sido desde que nos conocimos, creo que lo seremos siempre. Solo que hay un tema del que nunca hablaremos. Nunca más. Espero que lo comprendas.
Asentí con energía.
-No hablaremos. Pero seguiré viéndola.
Rick suspiró profundamente.
-Lo sé. Me gustaría no saberlo, pero lo sé. Da igual, mientras no la hagas daño. Pero, como te he dicho, no hablemos de ello.
Y nunca más volvimos a mencionarlo.
Hoy, después de escribir mi post anterior, pensé dedicar un artículo de mi serie desmemorias a algún recuerdo compartido con Rick. Hay muchos buenos a los que podría haber hecho referencia, un montón de alegres vivencias juntos. Sin embargo, me ha parecido mejor recordar la mayor crisis que nuestra amistad sufrió, el único momento en que estuvimos a punto de dejar de ser amigos. Raro que es uno. O será este tiempo lluvioso y oscuro...
La imagen que ilustra el artículo, Isabelle Huppert en un fotograma promocional de la película de 2001 La Profesora de Piano, de Michael Haneke.

theo
1 abr 2009 | 12:24 PM
La fotografía inicial me ha puesto los pelos de punta. Vi esa película en su estreno y no he podido volver a ver a Isabelle Hupert en ninguna otra.
Saludos!
encontrada
1 abr 2009 | 12:42 PM
Un abrazo grande, ha sido un placer. Siento dejaros asi, pero me lo pide el cuerpo, y una también es rara. Es sólo momentáneo. Muchas gracias por tus palabras, siempre.
rosalita
4 abr 2009 | 03:21 PM
estic sorpresa, és increïble el ritme que aconsegueixes donar-li a la narració. La història m'ha encantat, és el millor relat que t'he llegit, fantàstic. Sigui cert o no ho sigui, aconsegueixes fer-ho absolutament creïble i real... et tiraves la mare del col.lega? :)
erika-blog
4 abr 2009 | 03:35 PM
Leyéndote me ha venido a la memoria esa canción de El Canto del Loco "La madre de Jose". La verdad es que no me extraña que tus colegas se cabrearan Janton, no era para menos... Aunque también es cierto que a veces la tentación es imposible de resistir... ¿Pasó de verdad?.
Un beso!!
Janton
4 abr 2009 | 08:41 PM
Vaya Theo lo siento, no era mi intención ponerte los pelos de punta...
Ahora que lo pienso, soy incapaz de imaginarte con los pelos de punta.
Será que tengo una imagen distorsionada de tí mismo, cosa lógica, porque tampoco tengo ninguna imagen de tí mismo...
Joder que lío me estoy haciendo yo solo...
Janton
4 abr 2009 | 08:43 PM
Encontrada no sé qué decirte.
Te vuelves a ir, y me sabe mal no tener otra forma de contactar contigo, echaré de menos tus artículos, tus palabras... Pero evidentemente eres tú quien decides, y tuyos son los motivos.
Un fuertísimo abrazo.
Espero que sea verdad, que la despedida sea solo momentánea.
Janton
4 abr 2009 | 08:50 PM
Rosalita, el ritme és el dels meus pensaments. Perquè no és un relat, sinó records, com tota la série "Desmemorias". Records que no sempre m'agrada recordar, que de vegades m' autoimposo, com en aquest cas, en pla terapèutic, en pla "fins a aquí vam arrivar, aquest va ser el fons del pou i d'aquí des d'aquí tot va ser cap amunt"
Sí, em tirava a la mare del meu amic. Amb interrupcions, baralles i desencontres, vam ser amants durant molts anys, i de fet ha estat una de les tres dones importants de la meva vida. Però la història al complet mereix article a part.
Janton
4 abr 2009 | 08:55 PM
Pasó de verdad Erika, y muchos años antes de la canción y de que se formara siquiera el grupo.
¿Te parece normal que se cabrearan? Pero no se cabrearon tanto cuando supieron que su padre la engañaba con toda la que se ponía a tiro, además de tener una querida fija desde hacía varios años con la que tenía un hijo... No, eso no les cabreó tanto. Se comprende que un padre sea un hombre además de padre, pero les costaba más ver a su madre como una mujer, con necesidades de mujer. Les costaba mucho y se les hacía cuesta arriba aunque era obvio que conmigo era feliz, y que desde luego yo la trataba mucho (muchísimo) mejor que su señor esposo y padre de las criaturas, y la quería mucho (muchísimo) más que él.
Yo a eso lo llamo simplemente hipocresía.
Pero lo voy a dejar, que el recuerdo aún me enciende...
argivo
4 abr 2009 | 09:54 PM
Janton, todos los dfías no se vive una historia como esta, cargada de tanto erotismo, y de situaciones como las vividas con la madre de Rick, y el mismo Rick. Bien deira esta crónica, para un buen argumento para una película. Abrazos, aquí desde el otro lado del Atlántico. Argivo
Janton
6 abr 2009 | 07:56 PM
Argivo, gracias a Dios que no se vive algo asi todos los días, el corazón no lo soportaría!!
No sé si diera para una película, con los argumentos tan tontos que han llegado a utilizarse, puede que sí...
Un abrazo para tí también!!
skpe
11 abr 2009 | 11:10 AM
Tiene que ser un sentimiento un poco extraño eso de que tu amigo se acueste con tu madre...pero veo que la amistad peso más que el sentimiento extraño...un saludo.
Janton
11 abr 2009 | 07:12 PM
La amistad pesó y pesa más, efectivamente, aunque extraño sí que era.
Ahora que los sentimientos son incontrolables, y que sea la madre o la hermana o la esposa de alguien no lo cambia, como mucho lo complica. Si algo he aprendido en la vida es que tratar de reprimir sentimientos es como poner puertas al desierto...