La rizosa Bea de www.beabiofrutas.blogspot.com ha tenido la idea de un juego literario: Escribir ella el principio de una historia, muy abierto, y ver cómo la continuaríamos los amigos participantes, cada uno en su estilo.

 

Bien, la historia original es la que sigue. Mi continuación, a partir del párrafo numerado como "II". Antes que nada, lamento el retraso y la tardanza. Si el tiempo fuera chicle...

Se despertó pasadas las once, maldiciendo en voz alta por haberse olvidado de poner la alarma del despertador la noche anterior.   Sin encender la luz, casi a tientas, se vistió velozmente y se recogió los rizos en una cola de caballo traviesa.

Subió las persianas de su dormitorio y descubrió un sol inmenso descansando en un cielo despejado y casi estival, por lo que la sonrisa se le escapó entre los dientes sin poder evitarlo.

Hoy tenía una cita, un encuentro que llevaba ya meses deseando, y nada ni nadie podría arrebatarle el cosquilleo alegre de la barriga ni la brillante mirada de Bambi con la que su compañero de piso la vio aparecer por la cocina.

 -Joder, tía, parece que hayas pasado la noche retozando con Carlos Baute, menudo careto de felicidad...

 

-Idiota,- dijo ella llenándose el tazón de cerales sin perder la sonrisa- es que esta tarde he quedado con Juan. Iremos al cine y a cenar.

 

Manuel dejó caer de golpe el Penthouse sobre la mesa, salpicando de leche a la tetona rubia de la portada.

 

-¿Con Juan? ¿El chuloplaya ese que me presentaste el mes pasado en la fiesta de tu amiga? Tú estás loca, Amparo. Siempre buscas el amor de tu vida en tíos que piensan con la polla, así te va.

 

Amparo le sacó la lengua (llena de Frosties y colacao) y respondió:

 

-Tú qué sabes. Vale que Juan fuese un poco promiscuo en su adolescencia, pero ahora ha cambiado y es un tío súper interesante. Trabaja de locutor de radio y gana una pasta, y encima viaja todas las semanas a los Estados Unidos. Es un tío culto, maduro... y además dice que soy muy sexy, jijijj...

 

Manuel agarró su revista, la abrió por la página 16 y le acercó  a su compañera una foto donde una buena mujer se mimaba a así misma con un consolador de 25 cm, murmurando entre carcajadas:

 

-Mira, para mí esto también es sexy.  El término "sexy" es muy relativo...

 

No aguantó más. Se levantó de un salto sin mirar a su compañero borrando la sonrisa de su rostro de un plumazo, dejó el cuenco aún medio lleno de cereales en el fregadero y salió de la cocina no sin antes dedicarle un "¡gilipollas!" a Manuel, que siguió tan tranquilo leyendo su revista.

  

Qué sabría él de Juan, pensaba esta misma tarde mientras terminaba de ponerse el rímel y el colorete frente al espejo del baño. Las personas cambian, incluso ella misma...que hace unos años no hubiese sido capaz de llamar al tío de sus sueños y pedirle una cita. Pero ahí estaba ahora, imponente con su vestido de escote imposible y sus taconazos nuevos. Lista para comerse el mundo.

 

Cogió las llaves de casa, se puso colonia y bajó veloz las escaleras del bloque cuando vio aparecer el cochazo de Juan aparcando frente al portal.

 

II

 

Retornar a la consciencia fue lento y doloroso. Cuando por fin pudo mirar alrededor, tras superar a base de paciencia el dolor insuperable que le provocaban los párpados, que parecían tirar al abrirse de un hilo invisible que le pinzaba el interior de la cabeza, se halló tumbada en la cama de una habitación desconocida, sin tener la menor idea de cómo había llegado allí. La migraña era intensísima, y tenía todo el cuerpo dolorido como si le hubiera pasado por encima un autobús. Hasta el tacto de las sábanas de raso irritaba la inusualmente sensible epidermis de su cuerpo desnudo. Porque efectivamente, estaba desnuda. No recordaba absolutamente nada de lo ocurrido tras abandonar el exótico restaurante coreano donde había cenado con Juan. Sabía que habían salido de allí con idea de tomar unas copas, pero no lograba acordarse de dónde. La mirada de Juan la intimidaba, lejos de hacer crecer la complicidad entre ellos, la conversación en la cena la había puesto más nerviosa, y había buscado ánimos donde no debía. Ya en el restaurante había bebido sin medida los extraños licores que le ofrecieron tras el postre. Si luego habían ido a beber más, debía haberse emborrachado, segurísimo. Maldijo su poco espíritu, su debilidad de carácter, y dejó de maldecir justo a tiempo de reprimir una intensa náusea que casi le hace vomitar. Tenía hiel en la boca ¿Y Juan? No estaba allí, desde luego, se hallaba sola en la inmensa cama tamaño King Size de forma cuadrada, que ocupaba el centro de una estancia alargada y no muy bien iluminada, como el altar principal de un templo pagano.

 

Haciendo un tremendo esfuerzo, se levantó, moviéndose a cámara lenta, porque cada músculo de su cuerpo le dolía, le tiraba o le pinzaba, y, cubriendo su desnudez con tres vueltas de la sábana, cual protagonista de una película soft porno barata, dio una vuelta completa a la cama, hasta encontrar debajo, en el otro extremo, su vestido arrugado en el suelo. Las medias, hechas un ovillo, y los zapatos, abandonados de cualquier manera, estaban algo más allá, hacia el ventanal del fondo de la estancia, como si los hubieran lanzado allí sin cuidado ninguno. Por más que buscó, no halló ni rastro del conjunto de sujetador y braguita de Agent Provocateur que había comprado especialmente para la ocasión y que parecían haber sucumbido en el fragor de la batalla. Harta de buscar, queriendo marchar de allí cuanto antes, se puso el vestido sin ropa interior, y agarró su bolso de encima de la repisa donde se hallaba. Al cogerlo deprisa y descuidadamente, algo cayó al suelo desde su interior. Un pequeño papel azul claro, como arrancado de uno de esos tacos multicolores para escribir notas, con algo sujeto con un clip. La letra del escueto mensaje era indudablemente de Juan. "Una noche increíble, a ver cuando la repetimos. No me llames, ya te llamaré yo cuando me venga bien. Y oye, cómprate algo bonito que sustituya lo que me llevo de recuerdo. Cierra de golpe al salir, la asistenta ya lo limpiará todo". El clip metálico sujetaba un billete de doscientos euros. Amparo cayó sentada de culo sobre la cama, angustiada y derrotada. Pedazo de cabrón hijo de... Se cree que todas las mujeres son putas el muy... Miró de nuevo el billete, de un amarillo deslucido, como si estuviera sucio. Bueno, si era una  puta, al menos era de las caras...

 

III

 

Manuel no necesitó preguntar cómo había ido la noche, la cara de Amparo y que llegara casi a mediodía lo decían todo por ella. Aparentando una indiferencia que estaba lejos de sentir, le preguntó si quería que la preparara algo, y, aunque ella negó con la cabeza antes de encerrarse en su habitación dando un portazo, pensó que un caldito de arroz con pescado, algo ligero y caliente, no le vendría nada mal. Lo preparó con esmero y se lo llevó a la habitación. Desde fuera de la puerta, la oyó llorar, y estuvo varios minutos con la bandeja en la mano, pensándose si llamar o no, pero finalmente, pensando que era una pena que se enfriara la sopa, tocó suavemente con los nudillos.

 

Amparo abrió con el rostro demudado, ojos enrojecidos y la boca apretada en un gesto de rabia que se transformó en media sonrisa al ver allí plantado a Manuel con la bandeja de la comida en las manos.

 

-Pasa, pasa

 

Cerró la puerta tras él, pensando que quizás se había equivocado en todo. Que tal vez Manuel fuera un poco cerdo, pero que quizás algunos cerdos tuvieran más corazón y mejores intenciones que muchos de los humanos que había conocido. Y un extraño calorcillo la invadió por dentro mientras esto pensaba, aún antes de comer la sopa...