Sí, sí, es así, no pongas cara incrédula de qué me está diciendo éste. Tal como lo oyes. Que tú tengas miedo, que casi todos lo tengamos, que la sociedad entera viva atemorizada, es un negocio. Un negocio redondo, aseguraría, aunque no disponga de cifras que me avalen. El miedo es la razón del éxito de productos y servicios, razón hasta cierto punto oculta, porque a nadie le gusta reconocerse asustado... Pero vivimos con miedo, ya lo creo, yo diría que el miedo impregna hasta las capas más profundas de esta sociedad, que casi todos los ciudadanos tienen miedo a algo: Miedo al delito, a la enfermedad o a la muerte, a convertirse en víctima, a volverse un juguete sin voluntad en manos extrañas. Pero también miedo a la soledad, al abandono, al fracaso o a la pobreza. Miedo a perder el trabajo, a caer en desgracia, a que nos arrebaten hasta las migajas que reparten a fin de mes aquellos a quienes hacemos ricos con nuestro trabajo, las justas para mantenernos vivos y que sigamos produciendo. Miedo al sufrimiento en todas sus formas y maneras. Miedo a vivir, a ser como nos gustaría ser, con independencia de lo que los demás quieran que seamos. Miedo al mismo miedo, a que la precaución se vuelva paranoia, a convertirnos en ese alucinado que habla solo por los pasillos del metro, balbuceando un deshilachado discurso sobre extrañas conspiraciones, ese loco maloliente que nadie quiere ser...
Esa realidad no siempre reconocida por los ciudadanos crea un gigantesco mercado, el mercado de quienes nos libran de ese miedo, o aseguran poder librarnos, que no siempre es lo mismo. Porque la seguridad total y absoluta es imposible, es tan solo una expectativa. Desde ese punto de vista, vender seguridad es como vender ilusión. Todos caemos sin embargo en la trampa, de una manera u otra, porque el mercado de la seguridad, que es lo mismo que decir el del miedo es inmenso, inabarcable, tan enorme y variado como enormes y variados son nuestros miedos personales y sociales.
Algunos contratan empresas de seguridad privada para proteger sus hogares, obviando que hay quienes burlan esas mismas empresas forzando ni más ni menos que las cámaras acorazadas de los bancos (¡cuan fácilmente entonces una puerta blindada!). Otros compran armas y van armados a todas partes, desconociendo la estadística norteamericana (En España de momento no hay estadísticas) según la cual un 38% de víctimas de homicidio murió por su propia arma, tras serle ésta arrebatada por los delincuentes. Que una cosa es ir armado, otra ser capaz de usar el arma llegado el caso, otra muy distinta saber utilizarla bien aún siendo capaz de hacerlo, y por fin otra asumir las consecuencias de haberla utilizado, siempre nefastas, que a la administración judicial le desagrada que los ciudadanos se tomen la justicia por su mano, lo consideran competencia desleal. Y qué decir del emergente mercado de los seguros... Seguros de robo, de incendio, de daños a terceros, de responsabilidad civil. Seguros por si no podemos pagar la hipoteca que nos tiene esclavizados, por si nos despiden del trabajo donde nos explotan. Seguros que cubren cualquier contingencia que podamos tener, que nos protegen de todo percance en todo momento. Pagamos religiosamente las primas de esos seguros, sabiendo (O debiendo saber) que cuando por fin ocurra la contingencia asegurada, la compañía aseguradora hará todo lo posible por librarse de cumplir basándose en cualquier tecnicismo, o al menos intentará pagarnos el mínimo obligatorio. Pero a pesar de eso, a pesar de que todos conocemos historias de aseguradoras incumplidoras, seguimos pagando la prima año tras año, como pagamos la cuota del gimnasio al que nunca vamos. Eso, para mí, es de verdad tener fe.
Pero el negocio del miedo va más allá, mucho más allá del mercado. El miedo se utiliza en conflictos sociales y batallas políticas. El miedo, sabiamente dosificado, inclina el voto hacia las opciones autoproclamadas "duras", las que prometen acabar con delincuentes y terroristas, las que dicen que lograrán un mundo más seguro para sus ciudadanos. Pero un momento... ¿No habíamos quedado en que la seguridad total y absoluta es una entelequia, en que prometerla es hacer un brindis al sol? Por supuesto. Demasiado tarde suelen comprender los votantes el precio a pagar por esa teórica seguridad, que no es otro que la progresiva desaparición (En la práctica, que en la pomposa retórica legal de grandilocuentes palabras huecas sigue plenamente vigente) de la libertad, tanto la libertad individual como la colectiva. Todas las actividades de la vida, hasta las más nimias, son completa y exhaustivamente reglamentadas y normativizadas, cuando no directamente sometidas a licencia previa para ejercerlas. Entre las víctimas de esa absurda ansia de falsa seguridad está el garantismo procesal que tantos años y tantas luchas costó conseguir, la presunción de inocencia, que se está yendo poco a poco al garete. ¿Qué presunción de inocencia tengo si al comprar una grabadora de CD debo pagar por adelantado un canon por si la utilizo con fines delictivos? Se me prejuzga y declara culpable sin prueba alguna. Es como si al comprar un martillo en una ferretería hubiera de pagar un canon por si en vez de colgar unas estanterías le aplastara con él la cabeza al pesadísimo vecino del quinto. ¿Acaso no sería surrealista y kafkiano? Tan surrealista y kafkiano como lo que ocurre a diario en la sección de imagen y sonido del Corte Inglés. Y ya no quiero meterme mucho en el irritante tema de los aeropuertos, donde debo demostrar que cualquier objeto de mi equipaje personal, desde un lápiz a un vaporizador de perfume, es lo que parece y no lo que un vigilante de seguridad (También él con mucho miedo encima) sospecha que puede ser.
Y así nos mantienen, con miedo, porque todos participan del mercado. Sí hombre sí, tu periódico de confianza y tu cadena de televisión favorita también, no te engañes, todos están en el ajo. Se recrean en alertas sanitarias, incitándote a comprar medicamentos totalmente innecesarios, a mayor gloria de la industria farmacéutica. Dramatizan con los crímenes más horribles, justo antes de entrevistar al experto que nos aconseja qué tipo de medidas tomar en nuestras viviendas para que a nosotros no nos suceda. Y nosotros comprando como borreguitos, hipnotizados por los mass media, que ya les conviene a los hombres grises que manejan los hilos. No vaya a ser que perdamos el miedo. Sin miedo, podríamos empezar a pensar por nuestra cuenta. Y a decir lo que pensamos. Y a hacer lo que decimos. Dios mío, no soy capaz de imaginar un mundo así...
La imagen de arriba es una ilustración de Abraham Balcázar titulada "Miedo a la vida", pero como no quiero acabar este artículo que ya de por sí resulta un poco pesimista sin darle un toque de humor, añado un chiste gráfico de Nik sobre la paranoia a los ataques por ántrax que sufrieron los norteamericanos hace unos pocos años...


Lufe
20 abr 2009 | 06:23 PM
Querido Janton,
Algún efecto -no digo que positivo, pero ya es bastante que lo haya- han de tener estas palabras y esta acertada visión que está frente a los ojos de todos pero que frecuentemente nos negamos a ver. El asunto se puede resumir como sigue: nuestro verdadero karma, nuestro vicio mortal es el futuro. Esa es nuestra carga: el miedo y la consecuente necesidad compulsiva de seguridad se desprenden de que vivimos en el mañana. Es decir, no vivimos. Por tanto no deberíamos preocuparnos tanto por la vida. Finalmente no estamos en ella.
Todo esto seguirá igual, a menos que...
Jaurne
20 abr 2009 | 07:31 PM
Negocio del miedo, cultura del terror, todo lo mismo y con los mismos fines.
Te seguiré leyendo ;)
mis-esencias
20 abr 2009 | 07:53 PM
Janton, yo se que tú lo haces de buena fe... que nos quieres informar y proteger de tanta desinformación haciéndonos recapacitar... Pero, ha de ser en lunes? Creo que ya para empezar la semana estoy a punto de pillar una depre...
Besotesss
Janton
20 abr 2009 | 08:15 PM
A menos, Lufe, que alguien despierte del letargo y movilice a los demás hipnotizados. Pero lo veo difícil...
Janton
20 abr 2009 | 08:16 PM
Jaurne, muchas gracias por tu comentario y bienvenida, te añado en enlaces, que no te quiero perder la pista.
Janton
20 abr 2009 | 08:18 PM
Mis esencias, que no quiero que nadie se deprima, joer, que solo trato de que al menos durante la lectura del artículo alguien PIENSE, que nos pasamos la vida atontados (yo el primero!!) entre la tele, las obligaciones autoimpuestas, las preocupaciones, en fin, que nunca tenemos tiempo de recapacitar realmente sobre nada...
Aunque ya me lo dice siempre mi madre, "Si quieres ser feliz, no analices"
Ofelia Balderas Gallegos.
21 abr 2009 | 03:29 AM
es cierto, una de mis maestras comentaba en alguna clase q cuando se buscaba despistar de asu8ntos politicos se inventaba algo q generara miedo para despistar y en la politica mexicana eso les ha funcionado desgaraciadamente muy bien
saludos, buen inicio de semana.
Gaby
21 abr 2009 | 06:31 PM
La imagen de la bolsita de azucar...esta buenisima! Me dio tanta risa, porque hace años vi una escena parecida.
Yo simplemente creo que para los humanos es mas facil sentir miedo que coraje, es mas facil llorar por ejemplo por la crisis mundial, que hacer algo al respecto.
erika-blog
21 abr 2009 | 07:19 PM
Normalmente es más fácil adoptar una actitud pasiva y resignarse o aceptar ese miedo como excusa para no enfrentarnos a todo aquello que está mal en esta sociedad, muy pocos son los que se atreven y muchos los que se quedan mirando, una pena...
un beso!!
Janton
21 abr 2009 | 09:04 PM
Ofelia, el miedo no solo despista de otras cuestiones, sino que además ayuda a cohesionar contra un teórico enemigo externo, ¡lo bien que les funciona eso a determinados gobiernos!
Janton
21 abr 2009 | 09:04 PM
Gaby tienes mucha razón, siempre es más fácil lamentarse que arreglarlo.
Janton
21 abr 2009 | 09:05 PM
Erika lo peor es que los que se quedan mirando acaban teniendo razón, porque a los que como tú misma dices se atreven les dan caña por todos lados...
fiebre
23 abr 2009 | 12:36 AM
Tu post me parece, aparte de bien redactado bla bla, bla...(escribes como los ángeles niño) en principio acertado.
Lo que pasa es que discrepo en un aspecto.
Mientras la empresa "llamémosla privada" juega con el miedo, los gobiernos, (sean del color que sean, llevo sufridos varios en el curro) al contrario de lo que crees, no muestran una mínima parte de lo que deberían porque no es ´estético´ para su gestión.
Y sí. En España sí hay estadísticas -doy fe- pero no somos como los americanos y sólo sirven para información interna.
Me ha encantado tu blog. De corazón. Me voy a la cama rumiando tu relación ambigua materna - yo tengo mis más y mis menos también- y tu decidido amor, porque chiquillo...tú estás enamorado hasta las trancas, por Elma.
Mañana madrugo.
gc
24 abr 2009 | 06:04 AM
definitivamente.........COMO ME GUSTA LEERTE‼
que tengas buen dia‼
Janton
24 abr 2009 | 01:23 PM
Fiebre, bienvenida a este rinconcito.
Gracias por tus elogios.
Seguro que tienes razón, pero en todo caso también ocultar verdades o no publicar estadísticas es parte del juego del miedo, de la manipulación de la opinión pública que se hace a todos los niveles.
Me alegra que te guste mi blog, voy a darme una vuelta por el tuyo.
Lo de Elma está claro. Lo de mi madre... En fin.
Janton
24 abr 2009 | 01:24 PM
GC, me alegro que te guste tanto!
Que tengas un buen día tú también!