Mira tú por dónde. Después de tantos siglos en que los filósofos andaban buscándola, acompañados últimamente en su empeño de psicólogos y sociólogos, ahora va y resulta que la Felicidad, así en mayúscula, va y se aparece en Roma, como que no quiere la cosa. Increíble pero cierto, resulta que la Felicidad estaba en las botas de Eto'o y en la cabeza de Messi, dicho sea sin menospreciar a todos los demás, la garra de Puyol, la puntería de Iniesta o el talento de Xavi... Pero sobre todo y por encima de todos el planteamiento táctico de ese genio llamado Guardiola, que llegó de tapadillo y va y hace historia, discretamente, sin estridencias, como pidiendo perdón por ser tan rematadamente bueno.

 

Soy barcelonista, un barcelonista pragmático y nada fanático. Nunca me he creído el ombligo del mundo por lograr una victoria. Nunca he dejado de hacer nada importante para ver un partido. Pero lo de anoche fue muy grande y no me refiero solo a lo estrictamente deportivo, que también. Me refiero al bienestar, a la euforia, a la alegría, en suma, a la felicidad de la que hablo en el primer párrafo. Porque anoche el Barça hizo felices a cientos de miles de personas, así como suena.

 

Sí, sí, ya lo sé, podéis hablarme de pan y circo, del opio del pueblo, podéis repetir éstas y otras frases hechas sobre el tema, y mirad, hasta os voy a dar la razón, que está claro que los políticos utilizan éstas cosas para desviar la atención de los acuciantes problemas que nos atenazan. Pero escuchadme, por favor: Más allá de maniobras políticas, de tergiversaciones y manipulaciones, os juro que anoche muchísima gente fue, simple y sencillamente, feliz.

 

Yo estaba trabajando y no pude ver el partido. Pues bien, en toda la noche no hubo ninguna urgencia por crisis de ansiedad, ni una sola consulta por angustia, depresión o ataques de pánico. De un tiempo a ésta parte abundan este tipo de casos, daños colaterales efecto de la crisis. Anoche no. Anoche seguía habiendo crisis, claro, pero nadie se acordaba de ella, lo que tampoco está mal después de que nos machaquen día y noche en los medios de comunicación. Que si aumenta el paro, que si se deslocalizan empresas, que si peligra el sistema de pensiones... Oigan, déjennos tranquilos, que hoy vamos a celebrar una victoria épica y rotunda, colofón de una temporada histórica.

 

Por la mañana, en el autobús camino de mi casa, todo eran sonrisas. Parecían más alegres, más despreocupados, más felices por tanto. Los compañeros del turno de mañana entraban sin la cara de asco propia del madrugón, saludando con un eufórico "Visca el Barça!" sin acordarse de la temprana hora en que se habían levantado.

 

Por todo eso, por saber hacernos felices en medio de esta mierda de mundo, por ilusionarnos y llevarnos al cielo y advertirnos que es un cielo artificial y ficticio, pero coño, un cielo al fin y al cabo, gracias, muchísimas gracias, Barça. Mil millones de gracias, Pep.