Elma se ha instalado por fin en su casa, ya relativamente habitable. Si digo "por fin" no es porque no quisiera que siguiera conmigo, sino porque sé que en su casa está más cómoda, tiene todo por su mano, y se puede desempeñar mucho mejor sola. Porque esa es otra, habiendo salido ya publicado en el BOE la fecha oficial del examen de la categoría superior, que vengo preparando, para el 05 de Julio, en realidad está sola, porque yo paso el día estudiando. La semana que viene cojo vacaciones, pero esta semana trabajo, y voy de culo. No puede ser de otra manera teniendo dos exámenes de oposiciones a la vista en tan corto plazo de tiempo: El segundo de la categoría inferior el próximo sábado 27 de Junio y el primero de la categoría superior el domingo de la semana siguiente. En poco más de quince días habré finiquitado la cuestión, pero menudos quince días!!

 

Todo en la vida tiene un precio, y el poder cambiar las vacaciones ya solicitadas y concedidas en Agosto, sin demoras ni problemas, me ha costado tener que decir "sí" a todo lo que nadie quería hacer, de modo que antes de empezar vacaciones estoy hasta arriba de tajo. Menos mal que estos tres días de fin de semana ya saldo mis deudas laborales y a partir del lunes, ya oficialmente de vacaciones, podré dedicarme solo y exclusivamente a estudiar. Si no me volvería loco.

 

Elma ha querido regresar a su casa también convencida que estando ella aquí, por más que hiciera todo lo posible por no interrumpir, era inevitable que me distrajera algo más, que estuviera más por ella, que hiciera más pausas en el estudio para ir a verla y atenderla. Elma, que no por su situación de relativa incapacidad ha cambiado el carácter, y quiere saber cuidarse sola en la medida de lo posible, prefiere estar en su casa y que yo estudie aquí solo, sabiendo que así me distraigo menos y me dedico con mayor intensidad al temario.

 

"Me podrán robar tus días, tus noches no" dice Joaquín Sabina en esa pequeña obra maestra que es "Caballo de Cartón". En efecto, solo las noches nos pertenecen. En los únicos dos días que he tenido libres esta semana, al acabar de estudiar, o mejor al interrumpir el estudio hasta el día siguiente, porque acabar no se acaba nunca, meto mis efectos personales en una mochila y me voy a su casa a cenar y dormir con ella. Tenemos poco tiempo. Hay veces que no necesitamos ni hablar, hay otras que no callaríamos. Siempre y en todo caso aprovechamos al máximo ese poco tiempo que tenemos. Dormir con ella, sentirla a mi lado, me hace feliz de alguna manera. Aunque solo sea eso, sentirla, aunque no podamos hacer ninguna de las muchas cosas que nos gustaría hacer. No podemos de momento, que aún queda mucho verano, y pasados los exámenes digo yo que algo podremos aprovechar...

 

Por las mañanas nos levantamos pronto, en parte porque ella tiene que tomar medicación a primera hora de la mañana, y en parte por aprovechar yo más el día, siempre escaso de horas, y bajamos a desayunar en un pequeño bar que hemos descubierto. Es un bar al que en los primeros tiempos de nuestra relación íbamos a menudo, pues entonces lo regentaba una pareja de lesbianas amigas de Elma. Después ellas se separaron y traspasaron el negocio, que cogió un matrimonio sudamericano. Desde entonces no habíamos vuelto, perdimos la costumbre los meses que estuvo cerrado en reformas, pero es el bar más próximo a su casa y donde menos le cuesta ir con muletas, así que allí nos dirigimos por la mañana, tempranito, casi nada más abrir. Café (ella con leche, yo con hielo) y tostadas 1,80 La charla, las caricias, las miradas de complicidad, el empezar el día juntos, eso es impagable...