No me gusta despedirme a la francesa, nunca lo hago, y menos aún de quien siempre ha abominado de los que desaparecen en silencio, como ladrones huyendo en la madrugada. Así que he ido al barrio de Gràcia y he subido, supongo que por última vez, la empinada y desigual escalera que lleva al inmenso aunque destartalado piso reconvertido en academia donde tantas y tan intensas tardes he pasado estos últimos años. La vida sigue, y un nuevo grupo ya esperaba iniciar su sesión semanal, por eso he ido a primera hora, antes de que empezara, para no molestar.

 

No ha sido como esperaba, aunque no sé tampoco qué esperaba. Son muchos años, muchos momentos de una especial intensidad. Aunque solo nos viéramos una vez a la semana, hemos compartido un arduo camino y eso une muchísimo. Ha sido un buen preparador. Conozco bien la fauna que habita el mundillo de las academias de preparación de oposiciones y él es gloria bendita comparado con la mayoría de los otros. Con él he aprendido más derecho que en la facultad, sin mencionar otras lecciones útiles para la vida más que para la oposición. Ha sido un maestro, un verdadero maestro, de los pocos que he tenido dignos de ese calificativo. Sin embargo hoy... No sé.

 

Comprendo que debe dedicarse a los que se están preparando ahora mismo, a los que están en capilla ante un examen inminente. Eso es lógico. Pero tantos años, tantas emociones y tanta mierda también, tanto de todo, y tan intenso, ¿Puede acabarse con un lánguido apretón de manos, un amago de palmadita en la espalda y un impersonal "estamos en contacto"? Yo diría que no. Diría que me parece extraño y que me sabe a poco. Pero como ya sé que la vida reparte las cartas y no siempre (casi nunca) está uno conforme con la mano que le toca en suerte, pues oye, esto es lo que hay, hasta aquí hemos llegado, y la cosa no da para más.

 

De momento, nuestros caminos se separan. Espero de corazón que le vuelva a encontrar en mejores circunstancias, en cualesquiera otras al menos que nos permitan conversar decentemente, para poder preguntarle mirándole a la cara si realmente hoy pasaba algo que le impedía estar por la labor, o es que todo, su amistad, su liderazgo, su dedicación, todo, ha sido humo y fuegos fatuos.