Acabo de almorzar con Ric y Joey, siendo, ésta sí, la penúltima vez. Joey marcha a la Ciutat de la Justicia la semana que viene, el día 10, y solo volveremos una vez más a este bar de Vía Laietana que tanto tiempo ha sido techo para cobijarnos y templo para confesarnos. Queremos despedirnos tal como la ocasión merece, a lo grande. Pero me voy del tema, que no es esto de lo que quería hablaros hoy.

 

La cosa es que Ric se encontró con un viejo amigo común, Maño, quien a su vez le contó que Sansón, otro viejo amigo común, se está divorciando de Clara, con la que ha estado casado más de diez años, y que tampoco ellos han logrado hacer las cosas con cordura. Pelean a muerte por la atribución del piso que ha sido vivienda conyugal, y discuten al céntimo el reparto de los saldos de las cuentas bancarias.

 

De mis pocos pero reconozco que intensos encuentros con ella, recuerdo a Clara como una mujer algo temeraria, muy competitiva y obsesivamente perfeccionista. Si Sansón es un atleta compulsivo que, federado en atletismo, participa en cuanta competición amateur puede, superando con nota durísimas pruebas físicas tales como maratones o travesías de montaña, Clara no solo no se ha quedado atrás, sino que ha intentando siempre y en todo momento superarle. El problema es que el físico de ella no responde igual que el de él. Clara, aquejada de problemas respiratorios causados por sus muchas y graves alergias, ha tenido que forzarse al máximo para igualar a su vigoréxico marido, llevando su cuerpo más allá de lo recomendable, hasta el límite mismo de la resistencia, lo que le ha provocado no pocos problemas médicos. Aún recuerdo con un nudo en la garganta la noche de invierno en que, finalizando una cena en el entonces recién estrenado piso de Ric, Clara cayó al suelo, ahogándose entre violentos espasmos, con Elma y la mujer de Maño, Mañica, tratando en vano de sujetarla para poder hacerle el boca a boca. Digo en vano porque las convulsiones del menudo pero fibroso cuerpo de Clara eran tan fuertes que no podían con ella entre las dos, y tuvimos que acabar los cuatro encima de ella para que su marido pudiera hacerle la respiración boca a boca mientras llamábamos a la ambulancia.

 

Aunque a primera vista parezca que es Sansón quien va a perder, me temo que será Clara la que salga escaldada. Es más explosiva, más vehemente y hasta si queréis más violenta, pero no más dura. Sansón en cambio es como una roca contra la que de nada le valdrá estrellarse, porque no cederá ni un milímetro. Pienso en Gran Pau, en las putadas y traiciones, las injurias y calumnias. Espero casi sin esperanza que Sansón y Clara no lleguen a tanto. Sin embargo, si el conflicto se prolonga, si no son capaces de llegar a un acuerdo rápido, tienen muchos números de convertirse en depredadores.

 

Ya se sabe que todo vale en el amor y en la guerra, y por lo visto ambas cosas en principio antitéticas (¿No se decía antes haz el amor y no la guerra?) se parecen cada día más.

 

Saliendo del metro por la boca de Ronda Sant Antoni, un africano repartía propaganda. He cogido el pequeño opúsculo de sus manos sin ni siquiera mirarlo, y no ha sido hasta ahora, en que iba a tirarlo al contenedor azul donde acumulo el papel para reciclar (Que estoy muy concienciado con el reciclaje de residuos, sobre todo desde que han aumentado las multas por no hacerlo) en que me doy cuanta que es el mismísimo Profesor Karamba (Os lo juro, tengo el papelito delante) quien me ofrece sus servicios como "gran vidente maestro africano mandingue". Entre ellos, y cito textualmente, "problemas de amor por difíciles que sean, recuperación de la pareja en casos desesperados, si tu mujer o tu marido te han dejado" Estoy por sacar una copia y enviárselo tanto a Sansón como a Gran Pau. Creo que íbamos a poner bien a prueba los poderes del "don hereditario" que dice tener el Profesor Karamba...