Domingo por la mañana. Día de limpieza general. El polo azul marino con cuellos blancos que nos regalaron la pasada navidad, que más parece uniforme de alumno de los Maristas en los años cincuenta que un regalo navideño de empresa, sirve para mono de trabajo más que para ninguna otra cosa. Para Elma, tengo reservado algo más contundente: Mi vieja camiseta negra de Nazareth con el dibujo de portada del Expect No Mercy. Elma utiliza con soltura la Lady Vap para limpiar al vapor los sucios ventanales del salón, y, mirando sudorosa mi aparente parsimonia (estoy esperando a ver si la puedo ayudar en algo) me dice suave pero firmemente  "Anda,  empieza con el baño mientras yo termino aquí".

 

Así que me encamino al baño, repaso el mármol, la pica del lavabo, y ya me he puesto con el inodoro cuando me doy cuenta que ella, ensimismada, me mira desde la puerta. Bonita estampa debo hacer, de rodillas frente a la taza del wáter, con una esponja en una mano y el Viakal al Vinagre en la otra. "¿Qué miras?" le digo. Y ella sonríe. "¿Sabes? Cuando empezamos con alguien siempre imaginamos nuestro futuro a su lado. Pero solo pensamos en cosas buenas, noches de pasión, cenas románticas o vacaciones exóticas. Pensamos en un montón de experiencias que compartiremos con él, pero nunca, absolutamente nunca, fantaseamos con limpiar el baño o despegar manchurrones de grasa de la vitrocerámica. Solo que eso es justamente lo que se acaba haciendo siempre. Cocinar, limpiar. La jodida vida real..."

 

Nos quedamos mirándonos en silencio, ambos entregados a graves reflexiones existenciales, y de pronto estallamos a dúo en una sonora carcajada. Me levanto, dejo el Viakal en cualquier sitio, y la beso en los labios tras abrazar su cuerpo sudoroso. "Me gusta limpiar contigo" le digo entre risas. "Ya, claro - responde ella en el mismo tono - Seguro que pasar el antical por los sanitarios era lo que soñabas con hacer los domingos cuando nos conocimos..."