Suena el despertador puntualmente a las 07:45 y salto de la cama. Siempre me levanto primero y dejo que Elma remolonee un rato. Además de por costumbre (y porque ella es bastante más dormilona que yo), ahora lo hago con algo más de prisa porque a las 08:00, con puntualidad suiza, empiezan a trabajar en las obras de Gran Vía, que en estos momentos se desarrollan justo bajo la ventana de mi dormitorio, y una vez iniciada la estridente sinfonía de motores, golpes, voces y quejidos, ya sí que es imposible seguir durmiendo.
La mañana es gris, como todas las mañanas de los días precedentes. Ese gris plomizo apagado, mortecino y triste, tan propio del otoño. Ese gris que acaba contagiándonos a todos de pena y melancolía.
Elma y yo desayunamos, como cada noche que compartimos lecho, en el mismo bar de siempre, que ya no es exactamente el mismo, porque sus antiguos dueños lo han vendido a una cadena hostelera que se está quedando con todos los bares en traspaso de la ciudad. Al menos con todos los que no se quedan antes los chinos. Echamos de menos a los antiguos camareros, sin menospreciar a los actuales. Esa barra ha oído tantas conversaciones susurradas a oído, esos taburetes han presenciado tantas escenas de cariño y de tensión, tantos momentos determinantes en nuestra relación, que el traspaso parece habernos arrebatado algo que nos era particular y propio, como si hubiéramos perdido nosotros también parte del negocio.
Nuestros trabajos, tanto el de Elma como el mío, inician por estas fechas su temporada alta, y ambos estamos sufriendo ya ahora, aunque aún no haya empezado ni por asomo el invierno, un fuerte aumento de faena. El sábado en mi trabajo fue un auténtico caos, hasta tal punto que para que el domingo no pasara lo mismo o peor, que los domingos son siempre complicados, se movilizó a todo el personal disponible que pudo y quiso acudir al centro a reforzar el equipo. Encontrarme a cuatro de los cinco directivos del "Top Five" trabajando un domingo a las 22:00 es algo por lo que mereció la pena ir a trabajar ese día. Lo malo, más allá de la anécdota, es que esto es solo el principio. Los próximos cuatro meses, por lo menos, van a ser así, entre el desbordamiento crónico y el colapso absoluto, con absolutamente todos los centros y servicios saturados. A Elma le pasa exactamente lo mismo, con la diferencia de que yo estoy en un centro coordinador y mis broncas son siempre telefónicas. Ella hace atención presencial de clientes, y les tiene que aguantar gritos y malos modos, insultos y chillidos, justo delante de la cara.
El pueblo recupera lentamente la normalidad tras el impacto brutal que representó el suicidio ocurrido la semana pasada, y ya empiezan (poco han tardado) las malas lenguas, los bichos malos y venenosos que allí habitan, a meter cizaña en el asunto. Que si a la viuda no se la vio muy afectada en el entierro (Esperarían tal vez que se arrojara a la pira funeraria para arder con los restos de su marido al antiguo estilo hindú), que si tendrá ya otro hombre de "recambio", que si el muerto al hoyo y el vivo al bollo... Yo ya sabía que aparecerían estas lenguas viperinas que se alimentan del dolor ajeno, pero me ha sorprendido la gran celeridad y la tremenda dureza de sus ataques. Como dice mi madre, con la que por una vez y sin que siente precedente estoy de acuerdo, si la envidia fuera tiña...
Finalmente fuimos capaces de encontrar día y hora para juntarnos los cuatro fantásticos en la que seguramente ha sido la última reunión a la que acudiremos todos a la vez, y hasta la alegría de ese encuentro tan largamente esperado se vio empañada por esa tristeza otoñal que parece invadirlo todo. Jeff vive una situación laboral delicada. Está desarrollando un proyecto técnico que le ocupará aún unos cuantos meses más en los que tiene garantizado el sueldo, pero cuando lo finalice y entregue no hay ninguna otra tarea asignada, y en su empresa apenas hay carga de trabajo, así que se ve en la calle a principios del año que viene, eso si la empresa no quiebra antes. Joey, desterrado en la Ciutat de la Justícia, echa de menos el centro urbano, ese Eixample donde ha trabajado siempre, como el comer. Y Rick, bueno, qué decir de Rick. Se irá de Barcelona en cuanto pueda, en enero mejor que en marzo, y siempre y en todo momento parece querer hacer partícipe a todo el mundo de su condición de hombre comprometido, empezando por nosotros. Sin previo aviso se presentó en la reunión acompañado del hijo veinteañero de su mujer, ejerciendo creo que más allá de lo debido su recién estrenado papel de padrastro, algo que enrareció un tanto el ambiente. No era el momento de tales alardes familiares. Después de meses sin estar todos juntos, después de esperar tanto para vernos, los otros tres pensábamos más bien en una de esas balsámicas charlas de amigos que durante todos estos años nos han servido de desahogo y pomada para nuestras almas. Con el muchacho presente no se podían, por razones evidentes, abordar ciertos temas, y eso nos cortó mucho el rollo, demasiado, creo yo, entre viejos amigos de toda la vida. Allá cada cual con su criterio y su responsabilidad, pero lo que es yo, nunca me hubiera presentado en una de estas reuniones imponiendo a los demás la presencia de Carolo, el hijo de Elma, no al menos sin haberlo avisado y consultado antes con los demás. Tras la reunión, volví a casa invadido de cierta triste melancolía por lo que pudo haber sido y no fue, y más aún, por lo que era antes y no volverá a ser jamás.
Hoy finalmente ha salido el sol, y dicen los meteorólogos que a lo largo de la semana mejorará el tiempo y subirán las temperaturas. Lo espero. Quiero dejar de vivir aunque solo sea por unos días esta vida en gris que he estado viviendo pesadamente la pasada semana.

fiebre
27 oct 2009 | 08:28 PM
Permíteme que obvie el resto del post - bellísimo, por cierto- y con temas para comentar hasta mañana, por uno que me ha ´sublevao´.
El de los entierros.
Ponte en situación: Viuda de terrorismo, entierro oficial con chorrocientas mil autoridades, todo el mundo llorando. Hombre joven t con un hijo casi bebé. Y el impacto emocional-laboral que supone.
No había transcurrido una semana aún, cuando ...no me puedo explayar (Alguien), viene a mi oficina diciendo que la viuda ´no lo es tanto´, que va por la calle abrazando ´a otros´. Y que verás cómo viene a pedir la indemnización.
Yo, como siempre, mirada aviesa y mutis total, y cómo sé del tema, enseguida deduje que la pobre se había encontrado con el íntimo de su marido.
Efectivamente fue así. Presa de la desesperación, se abrazó a él en plena calle como el naúfrago que se aferra a un tronco.
Y ahora esta pobre mujer cuando vaya a pedir lo que le corresponde... el fulano que lo reparte, la mirará con ojos de "te han hecho un favor y toma el dinero para folgar con tu amante".
Por varios de estos motivos nació Fiebre y su lema...¡a chorrarla!. Que ahí me las den todas y digais lo que querais.
No quiero participar de estas inmundicias, ni oir vuestros puñeteros cotilleos provincianos.
Hoy me has dado Janton...
Por cierto mail leído. Mañana te contesto, que hoy ando apuradilla.
Mil gracias por ser como eres.
rosa-rizalas
28 oct 2009 | 01:05 AM
Aunque se nota que has tenido una semana pésima, incluso cuando le das la misma pátina gris que ha tenido el tiempo, a tu comentario, incluso entonces da gusto leerte.
Estoy con fiebre, de todo lo que nos han contado, de la poca perspicacia de un amigo y de las cosas que puede hacer para que todos sepan, o se crean, que su vida ha cambiado, de esos momentos inauditos en los que los jefes incan los codos, las rodillas y lo que haga falta por ayudar, de todo eso me quedo con los entierros.
Soy de pueblo, ya lo sabes, y vivo en el.
Si hay algo que no me gusta son los correveidiles.
Si eres el muerto, por muy cabrón que hayas sido, todo seran elogios,(Dios te guarde del día de las alabanzas reza el dicho) pero si eres el que queda... guarda las apariencias, solo te librarías en el caso de que ese cabrón que acaban de enterrar te diera ostias hasta en tu sombra y aún así todavia habría gente que te echaría en cara que sonrieras más de lo correcto.
Si ese no es tu caso, no te muestres más efusivo de la cuenta con nadie, no salgas a tomar una caña, por mucho que los amigos te quieran sacar de casa para que no se te coma la tristeza. Guardate mucho, por que en nada te cualgan el sanbenito. De esa clase de víboras el mundo está lleno, simplemente en los pueblos se les ve y se les oye más.
Un saludo y como a fiebre, hoy me has metido el dedo en el ojo.