Pues sí, niños y niñas, hoy cumplo cuarentayun años.

No me pesa la edad, o al menos no lo noto. Lo digo completamente en serio.

Tampoco, realmente, me siento más sabio ni más experimentado ni mejor preparado que antes.

Simplemente, soy más maduro, sí, eso sí, y más calvo, eso también. Y si algo siento distinto es una cierta perspectiva de las cosas que ayuda mucho a analizarlas y comprenderlas, y que hace muy poco que tengo. Desde luego no la tenía hace diez años, cuando más falta me hubiera hecho. Pero ya se sabe que la vida te deja obtener las cosas que quieres justo cuando ya no las necesitas...

Me fastidia, no, qué coño, ME JODE, sí señor, me jode bastante que a estas alturas del día solo me hayan felicitado, en este orden, Elma, mi madre y mi amigo Joey. Nadie más. Ni uno solo de todos aquellos a los que yo he ido felicitando puntualmente a lo largo del año. Coño, que son unos cuantos, alguno podría acordarse...

Ya sé, ya sé, es vanidad. Pues bueno, pues vale, soy vanidoso, sí, me gusta que se acuerden de mí al menos una vez al año, no creo yo que sea mucho pedir, que yo bien me acuerdo. En fin, aún quedan horas al día, tal vez algún despistado se acuerde ya entrada la noche. Pero con otros me temo que si no se han acordado ya...

No debería quejarme, lo sé. Tengo todo lo que necesito para estar bien, y no digo ser feliz porque esa palabra parece tentar al destino, como si cada vez que uno la pronuncia una irresistible fuerza sobrehumana tratara de arrebatarte todo lo que te da la felicidad de la que habías presumido. No, no diré que soy feliz. Pero estoy bien, sí, por primera vez en mi vida me siento a gusto con cómo estoy, dónde estoy y con quien estoy. No necesito más regalos porque no hay regalo mayor que ese.

Ah y por cierto no escribo el post esperando un aluvión de felicitaciones, eh? Es solo un desahogo, caramba, que me parece que me lo merezco...