No me lo explico, no. Realmente no me lo explico.
Cuando te conocí, hace ya más de veinte años, eras una mujer fuerte, de carácter, además de bellísima. Intentabas por aquel entonces abrirte camino como modelo mientras estudiabas derecho. En el bar de esa facultad nos presentó Ozemigué, lo recuerdo bien, porque me dejaste muy impresionado. Habías hecho ya algo de pasarela, y se te notaban las maneras, la elegancia innata, la clase y el empuje, ese mirar siempre hacia arriba, ese ansia de gloria, ese anhelo de fama y fortuna, de llegar donde querías, el tesón de los triunfadores que te convertía en una auténtica mariposa de acero. Y no hablemos de las perfectas proporciones de tu cuerpo escultural de piel bruna, coronado de una brillantísima cabellera negra. En dos palabras, como diría cierto célebre personaje televisivo, im-presionante.
Luego, sí, vinieron los años malos, lo sé, siempre estuve muy cerca de ti, ¿recuerdas? Todas esas decisiones equivocadas, todos esos pasos mal dados, todos esos caminos hacia ninguna parte. Los novios vampiros, las amistades envenenadas, qué se yo. Y lo peor, el maravilloso mundo de los sueños sintéticos, de las pastillas para ver el mundo de color de rosa. Mil veces maldigo al joputa que te envenenó la sangre por primera vez, al que te hundió en aquel mundo de adicciones y vicios, de dependencias y paranoias. La verdad es que hemos pasado unas cuantas calamidades juntos, ¿eh? Recuerdo cuando me dijiste que yo era el único amigo que te conocía desde lo bastante atrás como para no tener que explicarle todo el cúmulo de circunstancias, errores y desgracias que te habían llevado al fondo del pozo, el único, por tanto, que no salía corriendo abrumado por la magnitud de tus problemas.
Finalmente pareciste estabilizarte, o eso parecía. Tardé en saber que no era así. Tardé en ver la clase de tipo con la que estabas, y aún después de saberlo, como parecías feliz, y no soy yo quien para juzgar las elecciones de nadie, que bastante tengo con las mías, me callé y te dejé en tu nube de falsa felicidad, comiéndome con patatas las cerdadas que te hacía tu primero novio y luego marido, esa perla cultivada incapaz de encontrar trabajo en los años en que Barcelona hervía de ofertas de empleo, vago rematado al que tú mantenías trabajando en dos sitios para pagar la hipoteca y los gastos de la casa y que ni siquiera te lo agradecía. Claro, pobre, bastante tenía con curarse la depresión en que le habían sumido sus nulas expectativas profesionales a base de beber cerveza tras cerveza tumbado todo el día en el sofá.
No me lo explico, no. No me explico como te creíste, que te lo creíste, porque quisiste creértelo, claro, pero te lo creíste, que aquella vez que ese punto filipino con el que estás casada desapareció tres días con sus correspondientes tres noches, cuatro sudamericanos lo habían secuestrado en plena calle a punta de navaja para, siempre según la versión de tu maridito, llevárselo de putas y hacerle pagar a él la juerga flamenca. Bueno, a él no, a ti, que de la cuenta común en la que solo tú ingresabas guita ganada con el sudor de tu frente salió la financiación para tanto cachondeo. Y tú le creíste, porque quisiste creértelo. Y aún me escribiste un mail, como un mes después de contarme aquello que me dejó helado, diciendo algo así que "hoy hemos pasado por el lugar donde ocurrió todo, y le noté nervioso, pobre..." Claro, nervioso de que alguien le reconociera y le dijera algo así como "Peaso de juerga que te corriste hace un mes, ¿No, compadre?"
Ayer fui con Elma a visitarte. A visitaros a ambos, en realidad, que aunque me habías asegurado que estarías sola, allí nos encontramos al sujeto, tendido en el sofá cuan largo es, siempre con una botella de Carlsberg en la mano. Y tú como siempre pendiente de todo, de la casa, de la cocina, y ahora también de esa niña de apenas un mes de vida que supongo que a ese cabrito le encantó hacerte pero que ahora, claro, no le encanta tanto criar y educara. No le encanta nada, de hecho, hasta el punto que ni hace caso de su hija ni le interesa nada de lo que a la pobre cría le pase. Te vi triste a pesar de tu reciente maternidad, muy triste, y no me extrañó. De tu antigua belleza no queda casi nada, De tu antiguo encanto, solo una sombra. De tus formas y maneras de diosa de las pasarelas, mejor ni hablemos. Salí de tu casa con una pésima impresión y la mente llena de malos augurios y negros presagios. Estuve el resto de la velada triste y alicaído, a pesar de ser mi última noche de vacaciones, y Elma respetó mi silencio, sabedora del dolor que me produce presenciar la bajada a los infiernos matrimoniales de mi vieja amiga. Solo unas cuantas horas después, compartiendo cama y madrugada con Elma, su calor y la suave cadencia de su respiración junto a mí lograron tranquilizarme...

Marilia
12 nov 2009 | 11:05 AM
Es una auténtica lástima ver cómo gente que ha tenido todas las opciones que la vida le podía dar, no han sabido aprovecharlas para acabar escogiendo la peor, o no eligiendo y dejarse elegir por la vida...
Y eso duele más aun cuando lo has vivido tan de cerca con un amigo.
Cuesta creer que quiera seguir "siendo feliz" de esa manera, que tenga los ojos vendados a lo que hay fuera de ese mundo que se ha creado.... Y cuesta ayudar a quien cree que puede seguir "siendo feliz" así....
Al menos te tiene a tí, y tu apoyo. Aunque no puedas hacer nada más.
Un abrazo
pauleta
12 nov 2009 | 11:31 AM
Bueno Janton...
Qué decir de esta historia triste...
Muy triste, cuando ya hay niños por el medio...
Siempre ellos terminan pagando las consecuencias de todo...
Podría decirte que esta también es mi historia...
Algún pequeño cambio, pero casi la misma...
Al igual que la de muchos que pasamos por aquí...
El sujeto no vive conmigo, ni quiso conocer a su hija... La MIA...
Un día lo tenemos todo...
Y al siguiente no tenemos NADA...
Bicos enormes!!
erika-blog
12 nov 2009 | 03:15 PM
Después de leer esta triste historia pienso en eso de que el amor es ciego, o quizá sea la costumbre o el miedo a "qué pasará si le dejo... podré seguir adelante sola?"...
No sé qué pasará por la cabeza de tu amiga, pero está claro que su vida se ha compuesto de un montón de decisiones mal tomadas. Esperemos que a base de experiencia o de madurez o de algo tan importante como la maternidad, encuentre soluciones.
Un beso!!
fiebre
13 nov 2009 | 12:08 AM
¡Vaya trago!
El seguir ofreciendo tu amistad mordiéndote la lengua...
Menos mal que tú tienes a Elma, aunque eso, cuando piensas en lo que otras carecen te envenena aún más porque eres, en esencia, un buen hombre.
BlackBetty
15 nov 2009 | 06:07 PM
:-S
Oye... desgraciadamente hay tantos casos. No acabo de entender, yo tampoco, porque alguien cierra los ojos de esa manera y se deja arrastrar. Qué triste.