La semana pasada tuve vacaciones.

 

Esta semana, las tiene Elma.

 

No, amables lectores estupefactos, por supuesto que no estaba previsto que fuera así. Estaba previsto que cogiéramos vacaciones LA MISMA semana y nos fuéramos a su pueblo gallego haciendo previamente parada y fonda en mi pueblo leonés. Lógico, ¿no? Pues no pudo ser. Cual héroes de trágica epopeya griega luchando tan denodada como inútilmente contra el destino impuesto por los caprichosos dioses olímpicos, Elma y yo nos vimos reducidos a la impotencia de no poder hacer coincidir nuestras vacaciones por más que lo intentamos.

 

Afortunadamente, ésta es mi semana corta, uséase, para el que no esté familiarizado con los turnos de guardia del sector sanitario, que trabajo solo dos noches, a saber, la de miércoles y jueves. A mayor abundamiento, que en saliendo por la puerta de esta santa casa en cuanto den las 08:00 del viernes 13 en el reloj atómico de Bruselas, ya no tendré que volver hasta el lunes 16 a las 22:00.

 

Las 85 horas aprox. que median entre esas horas, son para los dos, para Elma y para mí, nuestras escasas y exiguas pero espero que provechosas vacaciones.

 

Buscando ofertas ahora que es temporada baja y se puede mirar precios sin riesgo de infarto, encontré un hotelito en cierta pequeña y pintoresca población de la Costa Brava en que nos sale la habitación de matrimonio por 30 € la noche.

Para llegar allí hemos alquilado un coche que nos dará más libertad de movimientos y horarios. Un pequeño Citroen C2, suficiente para ir y venir y movernos por la zona a nuestro ritmo sin depender del transporte público.

 

Así que en saliendo de aquí me pondré al volante del C2, recogeré a Elma y hasta el lunes por la noche no estaré para nadie, así se hunda el mundo entero.

 

Os deseo a todos un buen fin de semana. Yo intentaré aprovecharlo todo lo que pueda.