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La Coctelera

Categoría: Vivencias

1 Noviembre 2009

Hoy solo siento asco

1 nov 09 En: Vivencias

Hace unos días os hablaba del amigo que se había suicidado en mi pueblo, de su muerte tan inesperada como inexplicable para mí. Un hombre aparentemente feliz, que aparentemente lo tenía todo... Recuerdo que ya en aquel artículo, aún impactado por la noticia, salía al paso de los rumores sobre su viuda, insidias que entonces consideré viles murmuraciones, cochinas calumnias propias solo de mentes insanas y envidiosas.

 

Lo mismo dije el pasado lunes, cuando me explicaron que la viuda, podría decirse que aún caliente el cuerpo de su marido, a quien habían enterrado el sábado anterior, había vendido ese mismo día y con cierta premura varias docenas de reses vacunas de la granja. Tendrá deudas, pensé, habrá pagos atrasados o créditos vencidos a los que hacer frente. La explotación daba beneficios, sí, pero con fuertes inversiones en materiales y maquinaria. La viuda aún tenía para mí el beneficio de la duda, por más que quien me lo explicaba me asegurara que no había deudas y que ella simplemente hacía lo que siempre había querido hacer: Dilapidar el patrimonio que a él le costó toda una vida de esfuerzo y trabajo obtener, y que hasta el día de su muerte le tenía racionado, dejándole gastar con cuentagotas. Me insistían en que el matrimonio era una farsa, que él para ella era solo una máquina de hacer dinero. Pues nada, no me lo creía, no quería creerlo.

 

Hoy, hoy precisamente, día de todos los santos, ha sido mi madre quien me ha explicado indignada hasta la furia como ella, la viuda, se ha presentado en el cementerio donde su marido lleva poco más de una semana enterrado conduciendo un lujoso y caro Mercedes que precisamente hoy estrenaba, y bien acompañada de cierto sujeto bien conocido en la comarca tanto por su nula catadura moral como por su lucrativa afición de vivir de las mujeres. Bueno, de las mujeres, así en general, no. Solo de aquellas que pueden pagar sus exquisitos caprichos y mantener su altísimo tren de vida.

 

Como imaginaréis tratándose de una pequeña y pacata comunidad, el escándalo ha sido mayúsculo, cosa que a ellos, ciertamente, no ha parecido inquietarles lo más mínimo. Bien cogiditos de la mano y sin disimular arrumacos ni carantoñas, han depositado cínicamente un ramo de flores sobre la sepultura del marido muerto que les esponsoriza con el dinero de la herencia, seguro que muy a su pesar, su grotesca aventura. No le ha importado a la viuda mostrarse ante el pueblo entero y ante sus propios hijos, llorosos y atónitos, en el trance de representar el papel de ramera de la peor calaña. Y yo, ahora mismo, hoy, qué queréis que os diga, hoy solo siento asco.

27 Octubre 2009

Suena el despertador puntualmente a las 07:45 y salto de la cama. Siempre me levanto primero y dejo que Elma remolonee un rato. Además de por costumbre (y porque ella es bastante más dormilona que yo), ahora lo hago con algo más de prisa porque a las 08:00, con puntualidad suiza, empiezan a trabajar en las obras de Gran Vía, que en estos momentos se desarrollan justo bajo la ventana de mi dormitorio, y una vez iniciada la estridente sinfonía de motores, golpes, voces y quejidos, ya sí que es imposible seguir durmiendo.

 

La mañana es gris, como todas las mañanas de los días precedentes. Ese gris plomizo apagado, mortecino y triste, tan propio del otoño. Ese gris que acaba contagiándonos a todos de pena y melancolía.

 

Elma y yo desayunamos, como cada noche que compartimos lecho, en el mismo bar de siempre, que ya no es exactamente el mismo, porque sus antiguos dueños lo han vendido a una cadena hostelera que se está quedando con todos los bares en traspaso de la ciudad. Al menos con todos los que no se quedan antes los chinos. Echamos de menos a los antiguos camareros, sin menospreciar a los actuales. Esa barra ha oído tantas conversaciones susurradas a oído, esos taburetes han presenciado tantas escenas de cariño y de tensión, tantos momentos determinantes en nuestra relación, que el traspaso parece habernos arrebatado algo que nos era particular y propio, como si hubiéramos perdido nosotros también parte del negocio.

 

Nuestros trabajos, tanto el de Elma como el mío, inician por estas fechas su temporada alta, y ambos estamos sufriendo ya ahora, aunque aún no haya empezado ni por asomo el invierno, un fuerte aumento de faena. El sábado en mi trabajo fue un auténtico caos, hasta tal punto que para que el domingo no pasara lo mismo o peor, que los domingos son siempre complicados, se movilizó a todo el personal disponible que pudo y quiso acudir al centro a reforzar el equipo. Encontrarme a cuatro de los cinco directivos del "Top Five" trabajando un domingo a las 22:00 es algo por lo que mereció la pena ir a trabajar ese día. Lo malo, más allá de la anécdota, es que esto es solo el principio. Los próximos cuatro meses, por lo menos, van a ser así, entre el desbordamiento crónico y el colapso absoluto, con absolutamente todos los centros y servicios saturados. A Elma le pasa exactamente lo mismo, con la diferencia de que yo estoy en un centro coordinador y mis broncas son siempre telefónicas. Ella hace atención presencial de clientes, y les tiene que aguantar gritos y malos modos, insultos y chillidos, justo delante de la cara.

 

El pueblo recupera lentamente la normalidad tras el impacto brutal que representó el suicidio ocurrido la semana pasada, y ya empiezan (poco han tardado) las malas lenguas, los bichos malos y venenosos que allí habitan, a meter cizaña en el asunto. Que si a la viuda no se la vio muy afectada en el entierro (Esperarían tal vez que se arrojara a la pira funeraria para arder con los restos de su marido al antiguo estilo hindú), que si tendrá ya otro hombre de "recambio", que si el muerto al hoyo y el vivo al bollo... Yo ya sabía que aparecerían estas lenguas viperinas que se alimentan del dolor ajeno, pero me ha sorprendido la gran celeridad y la tremenda dureza de sus ataques. Como dice mi madre, con la que por una vez y sin que siente precedente estoy de acuerdo, si la envidia fuera tiña...

 

Finalmente fuimos capaces de encontrar día y hora para juntarnos los cuatro fantásticos en la que seguramente ha sido la última reunión a la que acudiremos todos a la vez, y hasta la alegría de ese encuentro tan largamente esperado se vio empañada por esa tristeza otoñal que parece invadirlo todo. Jeff vive una situación laboral delicada. Está desarrollando un proyecto técnico que le ocupará aún unos cuantos meses más en los que tiene garantizado el sueldo, pero cuando lo finalice y entregue no hay ninguna otra tarea asignada, y en su empresa apenas hay carga de trabajo, así que se ve en la calle a principios del año que viene, eso si la empresa no quiebra antes. Joey, desterrado en la Ciutat de la Justícia, echa de menos el centro urbano, ese Eixample donde ha trabajado siempre, como el comer. Y Rick, bueno, qué decir de Rick. Se irá de Barcelona en cuanto pueda, en enero mejor que en marzo, y siempre y en todo momento parece querer hacer partícipe a todo el mundo de su condición de hombre comprometido, empezando por nosotros. Sin previo aviso se presentó en la reunión acompañado del hijo veinteañero de su mujer, ejerciendo creo que más allá de lo debido su recién estrenado papel de padrastro, algo que enrareció un tanto el ambiente. No era el momento de tales alardes familiares. Después de meses sin estar todos juntos, después de esperar tanto para vernos, los otros tres pensábamos más bien en una de esas balsámicas charlas de amigos que durante todos estos años nos han servido de desahogo y pomada para nuestras almas. Con el muchacho presente no se podían, por razones evidentes, abordar ciertos temas, y eso nos cortó mucho el rollo, demasiado, creo yo, entre viejos amigos de toda la vida. Allá cada cual con su criterio y su responsabilidad, pero lo que es yo, nunca me hubiera presentado en una de estas reuniones imponiendo a los demás la presencia de Carolo, el hijo de Elma, no al menos sin haberlo avisado y consultado antes con los demás. Tras la reunión, volví a casa invadido de cierta triste melancolía por lo que pudo haber sido y no fue, y más aún, por lo que era antes y no volverá a ser jamás.

 

Hoy finalmente ha salido el sol, y dicen los meteorólogos que a lo largo de la semana mejorará el tiempo y subirán las temperaturas. Lo espero. Quiero dejar de vivir aunque solo sea por unos días esta vida en gris que he estado viviendo pesadamente la pasada semana.

25 Octubre 2009

¿Por qué lo hiciste?

25 oct 09 En: Vivencias

No lo comprendo. Nadie lo comprende. Y por una vez, nadie es auténticamente NADIE.

 

Porque tú lo tenías todo, absolutamente todo, eras la envidia del contorno y lo sabías. No, no me creas iluso, ya sé que las apariencias engañan, que podías parecer feliz por fuera mientras mil dolores que solo tú conocías te desgarraban las entrañas. Pero qué quieres que te diga, si de alguien no lo hubiera creído, es precisamente de ti.

 

Tenías familia, una esposa que te quería y dos hijos aún adolescentes. Y madre, por Dios bendito, que aún tienes madre! A un hombre común la familia le suele aferrar al mundo, le da las suficientes alegrías y preocupaciones como para que se dedique la mayor parte de la vida a ellos, a criarles, educarles, mantenerles, apoyarles, qué se yo. Un hombre de familia, como indudablemente tú eras, no suele abandonarles así sin más, bruscamente, inopinadamente, traumáticamente.

 

También tenías dinero. Ya, ya sé que el dinero no lo es todo, que no da la felicidad, que según dicen los ricos también lloran, que vale, que sí, que muy bien, que de acuerdo. Pero las penas con pan son menos, y tú tenías mucho pero que mucho pan, el suficiente para no tener preocupaciones al respecto por el resto de tu previsiblemente larga vida. Tenías una empresa en pleno funcionamiento que daba sus buenos beneficios, y te permitías si no lujos sí buenos caprichos. De hecho, pasabas por ser el más rico del lugar. Y los ricos suelen tener un fuerte instinto posesivo, de conservación de lo suyo. ¿Cómo has podido abandonarlo todo y a todos así sin más? Porque eso es lo que has hecho, abandonar, rendirte, cortar con todo de la manera más radical y abrupta.

 

Ni puedo imaginar lo que pasó por tu cabeza en los instantes anteriores al momento fatídico en que pusiste la soga alrededor de tu cuello, ni quiero elucubrar con lo que debiste sentir cuando te dejaste caer desde la pila de balas de paja a la que te habías subido, y quedaste colgado por el cuello de aquella vieja viga de madera, la viga que tu padre colocó con sus propias manos cuando construyó las cuadras con madera y adobe. No me cabe en la cabeza que lo hicieras a escasos treinta metros de la casa donde tu mujer preparaba la cena, que permitieras que fuera tu propio hijo quien te descubriera, quien presenciara alucinado el macabro espectáculo de tu cuerpo inerte balanceándose suspendido del techo.

 

Me cuentan que un verdadero gentío ha acudido a tu funeral. Que tu familia está rota, ahogada en dolor. Que nadie comprende qué motivos has podido tener para acabar así. Yo tampoco los comprendo. Analizo una y otra vez mis recuerdos de nuestro último encuentro el pasado verano, y no soy capaz de hallar ni una sola pista que me conduzca a lo que sea que ha podido pasarte para acabar así, colgado de una viga con poco más de cuarenta años. Y cuanto más lo pienso más veces me pregunto ¿Por qué lo hiciste?

15 Octubre 2009

Lo doy por perdido

15 oct 09 En: Vivencias

Efectivamente, inexorablemente, lo doy por perdido. No moveré ni un dedo por tratar de cambiar una situación que preveo tan dolorosa como inevitable.

 

Ha sido mi mejor amigo durante muchos años, incluyendo los más convulsos y difíciles. Ha sido lo más parecido a un hermano que llegaré a tener nunca, sabiendo como sé que mis verdaderos medio hermanos, hijos de mi padre con su segunda mujer, no ejercerán tal función. En los ya lejanos años de la adolescencia hablé con él más que con nadie, pasé más horas en su casa que en la mía, compartiendo actividades, locuras, música y sueños, y hasta, en uno de mis característicos rasgos de egoísmo, le usufructué a su madre, que acabó convirtiéndose un poco en la madre de todo el grupo, esa madre postiza que me oyó confesiones que mi auténtica madre jamás soñó oír de mis labios. Precisamente por postiza, y como el roce hace el cariño, su madre acabó siendo más mujer que madre para mí, pero dejemos ahora esa historia, demasiado oscura y sórdida para este blog. Supongo que la composición de lugar de la intensísima relación de algo más que amistad que hemos tenido Rick y yo ya os la habéis hecho.

 

Sin embargo, tal y como titulo este artículo, lo doy por perdido. El amor y el destino se lo llevan lejos. No muy lejos en realidad, a un pequeño y pintoresco pueblecito de la costa sur de Tarragona, pero sí lo suficiente para que sus visitas a Barcelona sean cada vez más escasas y espaciadas, para que quedar con él sea difícil y problemático. Y eso que aún trabaja en la ciudad condal. A partir de enero o febrero, cuando pida el traslado, ya no nos veremos más que un par de veces al año, y eso con suerte. De hecho, después de lo ocurrido el domingo, ya ni eso espero.

 

El domingo por la tarde fuimos Elma y yo con Rick y su novia, llamémosla Miranda, a conocer al pequeño Angelito, hijo recién nacido de nuestros amigos Miguel y María. Tardó poco Miranda en demostrarme su hostilidad, que hasta ahora no le había notado. En el corto trayecto desde el punto de encuentro en el arco de triunfo hasta la casa de nuestros amigos ya me soltó un par de puyas totalmente innecesarias en medio de una conversación sobre nuestros respectivos trabajos. Después, llegados a casa de Miguel y María, la visita fue normal, centrándose por supuesto toda la conversación en Angelito, pero en cuanto pusimos de nuevo pie en la calle de nuevo volvió el desencuentro, las respuestas cortantes y el continuo y absurdo enfrentamiento. Rick parecía no enterarse, silencioso y abstraído, pero Elma captó perfectamente la dureza del tono de Miranda para conmigo.

 

He pasado por esto otras veces, ya no me pilla de sorpresa. He visto dinamitarse grupos de amigos aparentemente sólidos por incompatibilidades de sus respectivas parejas. Sé que no hay nada que hacer, Rick nunca me elegirá a mí en una teórica pugna con ella, y es que evidentemente jamás le voy a plantear tan ridículo ultimátum. Si a ella no le caigo bien, como parece, me retiraré discretamente, y tan solo esperaré con paciencia  que él me necesite, si es que tal cosa ocurre, para demostrarle que yo sigo siendo su amigo y que pase lo que pase podrá contar conmigo cuando sea y para lo que sea.

 

He pasado días pensando en ello, he estado tristón y algo alejado del mundo. Elma dice que no vale la pena disgustarse por quien me desprecia sin conocerme, y que ni siquiera vale la pena lamentar la pérdida de un amigo que se deja manipular de esta manera. Rick debiera conocerme mejor que nadie, y estar por encima de los dardos de su novia. Lo comprendo, claro, y admito que tiene razón, pero no es ella la que pierde un amigo...

8 Octubre 2009

Para medir solo entre cinco y diez milímetros, el mosquito tigre (Aedes Albopictus, el simpático bichito de la fotografía superior) tiene gran capacidad para irritar, molestar, y dicho en plata, joder.

 

Elma me telefoneó poco antes de su hora de salida, cuando ya me estaba yo medio preparando para ir a buscarla, contándome que varias picaduras de insecto se le estaban poniendo con mal aspecto, que además le dolían, y que por tanto se iba corriendo a urgencias. Yo, la verdad, pensé que exageraba. Veo cada día (Mejor dicho, cada noche) a muchos sanísimos pacientes colapsando las urgencias por auténticas chorradas, y por pura deformación profesional tiendo a minimizar tanto como ellos exageran. Por tanto, sin preocuparme poco, mucho ni nada de los síntomas que me explicaba, quedé con ella para acompañarla, pensando solo en cómo convencerla de que no fuera a "molestar" a los médicos de guardia con sus picaduras. Mea culpa. Debí hacerle más caso, y pensar que no es exagerada, alarmista ni quejica, y que por tanto si se asustaba de una picadura es que la dichosa picadura no era normal.

 

Y no lo era, no, pasmado me quedé cuando nos encontramos en el andén de la línea 2 del metro y me enseñó su brazo derecho y sobre todo su pie izquierdo, en el que los mosquitos se habían cebado: La roncha del brazo era francamente grande, de unos seis centímetros, hinchada y enrojecida, y según ella bastante dolorosa. Pero es que el pie estaba irreconocible, tres picaduras lo habían inflado hasta la deformidad, había tenido que quitarse el zapato y ponerse una zapatilla de deporte de hombre que alguien le había prestado, y aún así apenas podía andar. Hice acto de contrición por mis pasadas desconfianzas, y fuimos deprisa al centro de atención continuada.

 

Tras una hora de espera, que para la acumulación de gente que suele haber en Manso no es casi nada, inyección de Polaramine, receta de pomada con corticoides a untarse tres veces al día en los ronchones, y a casita a descansar aplicándose hielo en la hinchazón hasta que baje, o hasta que duela, lo que primero ocurra.

 

Hice penitencia por mis malos pensamientos mimándola todo lo que pude, haciéndole la cenita, yendo y viniendo a cambiarle la bolsa de hielo cuando se calentaba, ajustándole los cojines en el sofá, y en general tratando de que por una noche se sintiera una reina mora, aunque la verdad, adormilada por los antihistamínicos, Elma no se daba mucha cuenta de nada de lo que ocurría alrededor suyo. Pero a mí me bastaba verla así, dormida tranquila sobre los cojines, para sentirme feliz.

29 Septiembre 2009

Acabo de almorzar con Ric y Joey, siendo, ésta sí, la penúltima vez. Joey marcha a la Ciutat de la Justicia la semana que viene, el día 10, y solo volveremos una vez más a este bar de Vía Laietana que tanto tiempo ha sido techo para cobijarnos y templo para confesarnos. Queremos despedirnos tal como la ocasión merece, a lo grande. Pero me voy del tema, que no es esto de lo que quería hablaros hoy.

 

La cosa es que Ric se encontró con un viejo amigo común, Maño, quien a su vez le contó que Sansón, otro viejo amigo común, se está divorciando de Clara, con la que ha estado casado más de diez años, y que tampoco ellos han logrado hacer las cosas con cordura. Pelean a muerte por la atribución del piso que ha sido vivienda conyugal, y discuten al céntimo el reparto de los saldos de las cuentas bancarias.

 

De mis pocos pero reconozco que intensos encuentros con ella, recuerdo a Clara como una mujer algo temeraria, muy competitiva y obsesivamente perfeccionista. Si Sansón es un atleta compulsivo que, federado en atletismo, participa en cuanta competición amateur puede, superando con nota durísimas pruebas físicas tales como maratones o travesías de montaña, Clara no solo no se ha quedado atrás, sino que ha intentando siempre y en todo momento superarle. El problema es que el físico de ella no responde igual que el de él. Clara, aquejada de problemas respiratorios causados por sus muchas y graves alergias, ha tenido que forzarse al máximo para igualar a su vigoréxico marido, llevando su cuerpo más allá de lo recomendable, hasta el límite mismo de la resistencia, lo que le ha provocado no pocos problemas médicos. Aún recuerdo con un nudo en la garganta la noche de invierno en que, finalizando una cena en el entonces recién estrenado piso de Ric, Clara cayó al suelo, ahogándose entre violentos espasmos, con Elma y la mujer de Maño, Mañica, tratando en vano de sujetarla para poder hacerle el boca a boca. Digo en vano porque las convulsiones del menudo pero fibroso cuerpo de Clara eran tan fuertes que no podían con ella entre las dos, y tuvimos que acabar los cuatro encima de ella para que su marido pudiera hacerle la respiración boca a boca mientras llamábamos a la ambulancia.

 

Aunque a primera vista parezca que es Sansón quien va a perder, me temo que será Clara la que salga escaldada. Es más explosiva, más vehemente y hasta si queréis más violenta, pero no más dura. Sansón en cambio es como una roca contra la que de nada le valdrá estrellarse, porque no cederá ni un milímetro. Pienso en Gran Pau, en las putadas y traiciones, las injurias y calumnias. Espero casi sin esperanza que Sansón y Clara no lleguen a tanto. Sin embargo, si el conflicto se prolonga, si no son capaces de llegar a un acuerdo rápido, tienen muchos números de convertirse en depredadores.

 

Ya se sabe que todo vale en el amor y en la guerra, y por lo visto ambas cosas en principio antitéticas (¿No se decía antes haz el amor y no la guerra?) se parecen cada día más.

 

Saliendo del metro por la boca de Ronda Sant Antoni, un africano repartía propaganda. He cogido el pequeño opúsculo de sus manos sin ni siquiera mirarlo, y no ha sido hasta ahora, en que iba a tirarlo al contenedor azul donde acumulo el papel para reciclar (Que estoy muy concienciado con el reciclaje de residuos, sobre todo desde que han aumentado las multas por no hacerlo) en que me doy cuanta que es el mismísimo Profesor Karamba (Os lo juro, tengo el papelito delante) quien me ofrece sus servicios como "gran vidente maestro africano mandingue". Entre ellos, y cito textualmente, "problemas de amor por difíciles que sean, recuperación de la pareja en casos desesperados, si tu mujer o tu marido te han dejado" Estoy por sacar una copia y enviárselo tanto a Sansón como a Gran Pau. Creo que íbamos a poner bien a prueba los poderes del "don hereditario" que dice tener el Profesor Karamba...

27 Septiembre 2009

Gran Pau: Guerra total

27 sep 09 En: Vivencias

Empezando con la suciedad y virulencia que había empezado, había pocas posibilidades de que el proceso de divorcio de Gran Pau, el jefe de Elma, no acabara peor que mal, y las pocas que había se han ido perdiendo definitivamente a lo largo de esta semana.

 

Ya está claro que Pérfida, nuera de Gran Pau, y su mano derecha durante muchos años, le ha traicionado, alistándose con armas y bagage en el bando de su ex mujer, Jacaloca. Ya os expliqué que aprovechando su posición en la empresa Pérfida falsificó cierta documentación en perjuicio de Gran Pau. Ahora sabemos que no solo ha hecho eso. Además de falsificar documentos, ha robado otros que Gran Pau necesita para justificar las mentiras de Jacaloca, dejando muy mermada su capacidad de defensa legal. Han gastado mucho tiempo y una considerable dosis de mala baba en planear a conciencia esta estrategia tratando de causar a su ex marido y ex suegro el mayor daño posible. Con todo, lo peor, lo que más daño ha hecho a Gran Pau, es asumir que su hijo Altivo, marido de Pérfida, está en el ajo con ellas y las ha ayudado en su traición, y no solo eso, sino que ha mentido con saña sobre los negocios de su padre, esos de los que él ha sido hasta ahora príncipe heredero, ante ciertas personas influyentes que pueden perjudicar mucho a Gran Pau si le retiran la confianza por creer las calumnias de su hijo.

 

Como para compensar un poco tantas mentiras, traiciones, maldades y perfidias, Petita, la hija pequeña de Gran Pau, se ha decantado por él en esta guerra. Y, imitando las dotes de espías y conspiradores del resto de la familia, se congració con su madre, hermano y cuñada, haciéndoles creer que estaba con ellos, solo para averiguar detalles de su plan que hasta ahora no conocíamos, y robarles parte de la documentación que ellos habían robado primero, devolviéndosela a su padre. Al descubrirlo, Jacaloca y Pérfida han montado en cólera contra ella, maldiciéndola en público de la peor manera, acusándola de aprovecharse económicamente de su padre, de haber recibido de éste dádivas y regalos en perjuicio de la herencia de Altivo, y, en lo que para mí es ya el colmo de la ignominia, insinuando, sin atreverse a decirlo claramente, que su relación va más allá de lo que debe ir entre padre e hija. Sí, sí, como lo oís, hasta de incesto acusan veladamente a Gran Pau en este despiadado intento de apropiarse de todo lo que ha logrado y destruir todo lo que se ha pasado la vida construyendo.

 

La vista oral del juicio de divorcio será el próximo miércoles día 30. Antes y después de eso, seguirá la cruenta guerra psicológica, las mentiras, insinuaciones y golpes bajos.  Pensar que hasta hace dos meses esto era una familia... reflexiona Elma con la cabeza apoyada en mi hombro. ¿Crees que éstos se habrán querido alguna vez? Me pregunta retóricamente, refiriéndose a Jacaloca y Gran Pau. Sí. Se han querido, seguramente con la misma intensidad que ahora se odian, le respondo mientras acaricio su piel suave. Solo espero que ambos lleguen vivos al final del camino. Porque ya me perdonaréis el pesimismo catastrofista y hasta algo apocalíptico de la frase, pero tal como están las cosas no me extrañaría que uno de los dos acabara planeando acabar definitivamente con el otro...

17 Septiembre 2009

Qué extraños son los giros del destino. No hace ni dos semanas que Gran Pau, jefe de Elma, nos invitó a su casa de campo a atiborrarnos de vino espumoso y carne asada, en un día repleto de amenas conversaciones, bromas sorprendentes y risas estentóreas. Aquel sábado de hace dos fines de semana Gran Pau debía sentirse como un Rey del medioevo rodeado de su aduladora corte. Espero que lo disfrutara, como yo y creo que el resto de asistentes lo disfrutamos, porque poco le ha durado la calma.

 

Ahora Gran Pau tiene sobre su mesa una demanda de divorcio de seiscientos folios. No, no creáis que es una exageración, son exactamente quinientAs ochenta y nueve páginas foliadas y numeradas en lAs que su todavía esposa Jacaloca basa sus pretensiones, que no son otras que dejarle sin blanca. Porque no quiere una parte, ni la mitad, ni siquiera la mayoría de sus bienes, no, lo quiere absolutamente todo. Y quiere sangre. Quiere verle sufrir, oírle pedir clemencia, sentirle vencido arrastrándose a sus pies.

 

En mis tiempos de abogado llegué a intervenir en unas tres mil rupturas matrimoniales. He visto de todo, y desde luego he visto esto antes, ese salto sin red del amor al odio, ese gusto por destruir lo que tanto se ha querido y ya no se tiene ni se recuperará jamás. Comparezco a Gran Pau. Le espera una cruenta batalla en la que no habrá vencedores ni vencidos, solo víctimas.

 

En su taimada estrategia Jacaloca ha tenido la inestimable ayuda de su nuera Pérfida, mujer de Altivo, hijo mayor de ella y Gran Pau. Pérfida ha desempeñado un puesto de confianza junto a su suegro hasta hace pocas semanas, y ha tenido ocasión de robar toda la documentación necesaria para comprometerle. Pero no contenta con eso, y teniendo libre acceso tanto a los formularios oficiales de la empresa como al sello de la misma, ha falsificado documentos para justificar lo injustificable, la presencia de Jacaloca en la empresa en la que nunca trabajó, en la condición de socia que nunca fue.

 

Gran Pau está bien jodido, y lo sabe. Esa documentación, la verdadera y la falsa, le hará necesariamente mucho daño si se llega a celebrar un juicio contencioso. Pero no quiere ceder, no sin luchar. Sus empleados, fieles con él como él lo ha sido siempre con ellos, ya le han dicho que se despreocupe de la empresa, que se encargarán de ella hasta que pase el temporal y pueda dedicarse de nuevo y de lleno a la actividad empresarial, que ahora se centre en la demanda y el pleito, que es problema más inmediato y acuciante.

 

¿Resultado? Aparte del mal cuerpo que siempre me dejan estas historias de odio ciego e irracional, el resultado negativo más inmediato es que Elma se queda sin las vacaciones que pensaba coger la segunda quincena de Septiembre. No se irá de vacaciones cuando Gran Pau necesita a todos al pie del cañón, no dejará en la estacada a sus compañeros, que bastante trabajo tendrán con sacar la empresa adelante sin apoyo ni supervisión. Ella, consciente y responsable, no podría hacer eso, no le saldría de dentro, aunque tanta responsabilidad la perjudique. Así pues, sus vacaciones quedan aplazadas sine die, a pesar de que ya le había dicho a su madre Granelma que estaría por la fiesta del pueblo. Otra prueba más de que, por más que me digáis que no, ser bueno y ser tonto siempre se acaban confundiendo.