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La Coctelera

Categoría: Pensamientos

12 Octubre 2009

Un equipo de aplicación de la pena capital en el Estado de Ohio fracasó en el intento de matar con una inyección letal a Romell Broom, de 53 años, el 15 de septiembre pasado. La ejecución fue suspendida por el gobernador, Ted Strickland, después de que el condenado hubiera recibido 18 pinchazos en diversas partes del cuerpo. Lo que sigue es la traducción de la declaración presentada por el superviviente de este ajusticiamiento fallido.

 

EN EL TRIBUNAL DE DISTRITO DE ESTADOS UNIDOS

DISTRITO SUR DE OHIO

ROMELL BROOM contra TED STRICKLAND

CONDADO DE SCIOTO. ESTADO DE OHIO

 

DECLARACIÓN JURADA DE ROMELL BROOM:

Por la presente, yo, Romell Broom, declaro y doy fe de lo siguiente:

 

1. Estoy interno en el corredor de la muerte en el Estado de Ohio.

 

2. Mi ejecución estaba prevista para el martes 15 de septiembre de 2009. La ejecución debía llevarse a cabo en la Prisión Sur (Southern Correctional Facility, SOCF), en Lucasville, Ohio.

 

3. Los funcionarios de prisiones me llevaron de la Penitenciaría del Estado de Ohio a la SOCF, el 14 de septiembre de 2009.

 

4. Tras mi llegada, vino una enfermera al lugar en el que estaba albergado, la celda J-1. La enfermera llegó, encontró dos venas en mi brazo derecho y mi brazo izquierdo, me ató el brazo y tomó nota de lo que había encontrado.

 

5. Después de que viniera la enfermera, los funcionarios de prisiones estuvieron ofreciéndome líquidos todo el tiempo. Yo acepté. Durante ese día bebí café, Kool-Aid y agua. Tomé siete tazas de café, cinco tazas de agua y tres tazas de Kool-Aid.

 

6. El 15 de septiembre de 2009, me desperté, me duché y hablé con mi hermano por teléfono. En un momento dado, el jefe de los funcionarios encargados de la ejecución me contó que uno de los tribunales estaba revisando mi caso y que la ejecución se había retrasado mientras tanto. Debido a la longitud del retraso, creí que el tribunal iba a aceptar mis argumentos en favor de un recurso.

 

7. Sin embargo, alrededor de las 14.00, mi abogada me informó de que el tribunal había rechazado mi apelación y que no quedaban más vías de acción. El Estado iba a seguir adelante con mi ejecución.

 

8. Cuando estaba en la celda, el funcionario jefe Phillip Kerns entró con varios guardias y me leyó la orden de ejecución. Después entraron dos enfermeros que me dijeron que me tumbase. Uno de los enfermeros era un hombre blanco y la otra una mujer blanca.

 

9. Había tres guardias presentes en la habitación. Un guardia estaba a mi derecha, otro a mi izquierda y otro junto a mis pies.

 

10. Los enfermeros intentaron acceder simultáneamente a las venas de mis brazos. La enfermera intentó en tres ocasiones acceder a las venas en el centro de mi brazo izquierdo. El enfermero intentó en tres ocasiones acceder a las venas en el centro de mi brazo derecho.

 

11. Después de esos seis intentos, los enfermeros me dijeron que descansara un poco. Seguí tendido en la cama durante dos minutos y medio, aproximadamente.

 

12. Después de la pausa, la enfermera intentó dos veces acceder a las venas de mi brazo izquierdo. Debió de pinchar un músculo porque el dolor me hizo gritar. El enfermero intentó tres veces acceder a las venas de mi brazo derecho. La primera vez, el enfermero consiguió acceder a una vena en mi brazo derecho. Intentó insertar la vía intravenosa, pero la perdió y empezó a correrme la sangre por el brazo. La enfermera salió de la habitación. El funcionario de prisiones le preguntó si se encontraba bien. Ella respondió: "No", y se fue.

 

13. Los funcionarios encargados de la ejecución declararon que aquello era difícil para todos y sugirieron hacer otra pausa. Entonces se fue el enfermero. El funcionario que estaba a mi derecha me tocó en el hombro derecho y me dijo que me relajara mientras descansábamos un momento. A esas alturas, estaba muy dolorido. Las heridas de los pinchazos me dolían y hacían que me fuera difícil estirar o mover los brazos.

 

14. El enfermero regresó con unas toallas calientes que colocó en su brazo izquierdo. Colocó las toallas sobre mis brazos y masajeó mi brazo izquierdo. Me dijo que las toallas les ayudarían a acceder a las venas.

 

15. Después de aplicar las toallas, el enfermero intentó acceder a mis venas, una vez en el centro de mi brazo izquierdo y tres veces más en la mano izquierda. Después del tercer intento de acceder a las venas en las manos, el enfermero comentó que el consumo de heroína me había dañado las venas. Ese comentario me disgustó porque nunca he consumido heroína ni ninguna otra droga intravenosa. Le repliqué al enfermero que nunca le había dicho que hubiera consumido heroína.

 

16. El enfermero siguió diciendo que la vena estaba allí pero que no podían cogerla. Intenté colaborar ayudando a atar mi propio brazo. Un funcionario de prisiones se acercó, dio un golpecito en mi mano para indicar que él también veía la vena e intentó ayudar al enfermero a localizarla.

 

17. El jefe de los funcionarios encargados de la ejecución me dijo que iban a hacer otra pausa y volvió a decirme que me relajara.

 

18. Entonces me descompuse. Empecé a llorar porque me dolía todo y mis brazos estaban inflamándose. Los enfermeros estaban pinchando agujas en zonas que ya estaban inflamadas y con hematomas. Pedí que interrumpieran el proceso y pedí hablar con mi abogada.

 

19. El jefe de los funcionarios encargados de la ejecución me pidió que me sentara para que la sangre circulase mejor. Entonces entró en la habitación la enfermera jefe, una mujer asiática.

 

20. La enfermera jefe intentó acceder a las venas en mi tobillo derecho. Pidió que alguien le diera "un veinte" y alguien le entregó una aguja. Durante ese intento, la aguja me pinchó en el hueso y fue muy doloroso. Grité. Al mismo tiempo que la enfermera jefe intentaba acceder a una vena en la parte inferior de mi pierna izquierda, el enfermero intentó acceder a una vena en mi tobillo derecho. Después de esos intentos fallidos, la enfermera jefe cogió la aguja y salió de la habitación.

 

21. El enfermero hizo otros dos intentos de acceder a las venas en mi mano derecha. Parecía que habían desistido ya del brazo izquierdo porque estaba hinchado y lleno de hematomas. El nivel de dolor estaba en el máximo. Me habían pinchado al menos 18 veces en múltiples zonas, todo con la intención de inyectarme unas drogas que iban a quitarme la vida.

 

22. El jefe de los funcionarios encargados de la ejecución volvió a decirme que me relajara. Hubo conversación entre los funcionarios sobre el hecho de que podían ver las venas.

 

23. Al cabo de un rato, el director, Terry Collins, entró en la habitación y me dijo que iban a interrumpir la ejecución. Collins indicó que valoraba mi cooperación y que tomaba nota de mis intentos de ayudar al equipo. También expresó su confianza en su equipo de ejecución y su profesionalidad. El director Collins me dijo que iban a llamar al gobernador Strickland para informarle de la situación.

 

24. Cuando se fueron los enfermeros y el director Collins, los funcionarios me preguntaron si me apetecía un café y un cigarrillo. Yo seguía en la cama con las luces atenuadas.

 

25. Aproximadamente media hora después, mi abogada, Adele Shank, vino y me dijo que el gobernador había dictado la orden de aplazar la ejecución una semana. Le hablé a la abogada Shank de mi dolor y le enseñé las zonas que tenían hematomas.

 

26. Después de que se fuera la abogada Shank, los funcionarios de prisiones me trasladaron al hospital.

 

27. A la mañana siguiente, mis brazos empezaron a dar más señales de hematomas e inflamación. Cada sitio del brazo en el que se había hecho un intento mostraba hematomas e inflamación visibles. Algunos de los hematomas de las manos y el tobillo han desaparecido y parte de la inflamación desapareció a lo largo de la tarde siguiente.

 

28. Todavía hoy, mis brazos tienen grandes hematomas visibles, y siguen estando inflamados. Los múltiples sitios en los que los enfermeros trataron de acceder a mis venas siguen doliéndome.

 

29. Los funcionarios de prisiones decidieron mantenerme en la SOCF durante la semana de aplazamiento. Durante este tiempo, estoy constantemente bajo observación del equipo encargado de la ejecución y los guardianes.

 

30. Esperar a ser ejecutado es angustioso. Me produce mucha tensión pensar en que el Estado de Ohio tiene la intención de causarme el mismo dolor físico la próxima semana.

 

31. Me veo obligado a recordar constantemente el hecho de que la semana próxima tendré que sufrir la misma tortura que el Estado de Ohio me infligió el martes 15 de septiembre de 2009 , porque no ha habido ningún cambio en el protocolo de ejecución de Ohio y no ha habido ningún cambio en mis venas. El declarante no tiene nada más que decir.

Rommel Broom

 

Jurado, afirmado y suscrito en mi presencia el 17 de septiembre de 2009.

Marcia Dukes, notaria pública.

 

(Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia)

5 Octubre 2009

Domingo por la mañana. Día de limpieza general. El polo azul marino con cuellos blancos que nos regalaron la pasada navidad, que más parece uniforme de alumno de los Maristas en los años cincuenta que un regalo navideño de empresa, sirve para mono de trabajo más que para ninguna otra cosa. Para Elma, tengo reservado algo más contundente: Mi vieja camiseta negra de Nazareth con el dibujo de portada del Expect No Mercy. Elma utiliza con soltura la Lady Vap para limpiar al vapor los sucios ventanales del salón, y, mirando sudorosa mi aparente parsimonia (estoy esperando a ver si la puedo ayudar en algo) me dice suave pero firmemente  "Anda,  empieza con el baño mientras yo termino aquí".

 

Así que me encamino al baño, repaso el mármol, la pica del lavabo, y ya me he puesto con el inodoro cuando me doy cuenta que ella, ensimismada, me mira desde la puerta. Bonita estampa debo hacer, de rodillas frente a la taza del wáter, con una esponja en una mano y el Viakal al Vinagre en la otra. "¿Qué miras?" le digo. Y ella sonríe. "¿Sabes? Cuando empezamos con alguien siempre imaginamos nuestro futuro a su lado. Pero solo pensamos en cosas buenas, noches de pasión, cenas románticas o vacaciones exóticas. Pensamos en un montón de experiencias que compartiremos con él, pero nunca, absolutamente nunca, fantaseamos con limpiar el baño o despegar manchurrones de grasa de la vitrocerámica. Solo que eso es justamente lo que se acaba haciendo siempre. Cocinar, limpiar. La jodida vida real..."

 

Nos quedamos mirándonos en silencio, ambos entregados a graves reflexiones existenciales, y de pronto estallamos a dúo en una sonora carcajada. Me levanto, dejo el Viakal en cualquier sitio, y la beso en los labios tras abrazar su cuerpo sudoroso. "Me gusta limpiar contigo" le digo entre risas. "Ya, claro - responde ella en el mismo tono - Seguro que pasar el antical por los sanitarios era lo que soñabas con hacer los domingos cuando nos conocimos..."

25 Septiembre 2009

Dicen que lo convertirán en un hotel de cinco estrellas gran lujo. Que solo respetarán la fachada y lo derribarán todo por dentro para reedificarlo de nuevo aprovechando al máximo el espacio. Me dicen todo esto, y yo siento un escalofrío.

 

El edificio, sí, es modernista, o más bien imitación del modernismo. La ornamentación en piedra pulida y tallada de puertas y ventanas, la forma de los tejados y sobre todo la pequeña torre de la esquina, rematada en el mirador circular que da nombre a todo el edificio, le confieren una cierta elegancia decadente, entre clásica y barroca. Sería a buen seguro la perfecta ambientación barcelonesa de una puesta en escena los "Diez Negritos" de Agatha Christie, pero de ahí a convertirlo en hotel de gran lujo...

 

El edificio se construyó como hospital, y llegó a tener esa función durante un breve periodo de tiempo. Después, durante muchos años, fue manicomio. No psiquiátrico, no, sino manicomio al viejo estilo. Una cárcel privada donde las mejores familias barcelonesas recluían a sus ovejas negras, o sepultaban en vida a quien osaba estorbarles. Algún adinerado industrial encerró aquí a su esposa con la excusa de un tratamiento para los nervios y nunca más se la volvió a ver, dándole en su encierro, convertida en una muerta en vida, la libertad que él quería para hacer absolutamente lo que le venía en gana. Algún otro burgués con apellido ennoblecido por Real Cédula ocultó entre estas paredes el producto de sus amores incestuosos, la aberración genética resultante de su extrema endogamia.

 

Brotaron los rumores, más o menos malintencionados, más o menos basados en hechos reales. Ciertamente que alguno de los que cruzó el umbral del edificio no volvió a salir vivo de él, pero de ahí a que sean ciertas las escalofriantes historias de torturas y asesinatos que llegaron a circular en su día por la ciudad hay un buen trecho. Y sin embargo, a buen seguro, muchas cosas pasaron entre esas paredes que erizarían el vello a los oyentes si salieran a la luz.

 

Más tarde, la reforma psiquiátrica de los años ochenta que acabó  con estos encierros indiscriminados e injustificados, provocó un radical cambio de orientación al legendario manicomio. Se convirtió en "Centro de ingreso de enfermos terminales", eufemismo que tras su aséptica denominación oculta un parking para aún-no-muertos, enfermos terminales sin tratamiento posible ni esperanza alguna (Y en general también sin familia que velara por ellos), a los que se dejaba morir tumbados en estrechas camillas colocadas en hilera, como en un auténtico parking. Solos, sin ayuda ni consuelo, evitando que ocuparan camas hospitalarias reservadas a los que aún podían ser tratados, a los que aún tenían esperanza de curación.

 

¿Cuántos habrán muerto allí? ¿Cuántos se habrán sentido solos y abandonados, sufriendo al ser plenamente conscientes de que aquel techo y aquellas paredes serían lo último que vieran sus ojos? ¿Cuántos antes, en su época de manicomio, habrán sido torturados, humillados, abusados, vejados y tal vez incluso alguno asesinado?

 

No soy miedoso, aprensivo ni crédulo, podéis creerme. Ni me asusta lo sobrenatural ni me repele la enfermedad y la muerte. Todos, yo el primero, quisiéramos tenerlas lo más lejos posible, pero sin duda son algo natural, consustancial a la vida, y así debemos aceptarlo. Sabemos también que la ciencia no puede explicarlo todo, que en algunos campos estamos en mantillas, y que lo que ahora nos parece extrañó y paranormal puede con el tiempo convertirse en algo tan habitual como para nosotros es la electricidad, que sería cosa de brujas para un español del Siglo de Oro.

 

Sin embargo, un lugar tan lleno de muerte, de sufrimiento y dolor...

 

Los turistas que se alojen en el hotel, si al final llega a construirse, desconocerán la historia del lugar que provisionalmente habitan, valorarán su ubicación y sus comodidades y lujos, y seguramente disfrutarán de su estancia allí. Yo creo que, sabiendo lo que sé, nunca me alojaría en él.

18 Septiembre 2009

Sí, sí, lo digo y lo reitero: Sois todos unos hijos de puta.

 

Eh, pero que nadie se moleste, irrite ni ofenda. Lo digo de buen rollo, es solo una expresión de uso corriente, que en un contexto como éste no pretende injuriar ni menospreciar a nadie.

 

¿Dudáis? ¿No estáis de acuerdo? Será que no habéis leído la reciente sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya que anula el despido disciplinario de un trabajador que había insultado al gerente de su empresa, considerándolo improcedente.

 

Los Hechos: El 14 de enero de 2008, el gerente de la empresa y un trabajador discutieron sobre el abono de unas dietas y éste último dijo: "Este hombre está loco". Algo que confirmó durante el juicio la secretaria. Al día siguiente, volvieron a discutir y el trabajador llamó al gerente "hijo de puta".

La Resolución: Considera el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya que "la degradación social del lenguaje ha provocado que las expresiones utilizadas por el ahora recurrente sean de uso corriente en determinados ambientes, especialmente en el marco de discusiones". No hay por tanto a juicio del Tribunal motivo suficiente para fundar el despido en haber sido insultado de esa manera el gerente por el trabajador.

 

Dos consideraciones personales e intransferibles. Primero: Resulta curioso que el que cumple las normas y trata de ajustarse a derecho siempre salga perdiendo. Este caso es palmario. Si el gerente, en vez de hacer un despido disciplinario, se hubiera callado y le hubiera despedido por ejemplo por amortización del puesto de trabajo, vengándose de manera fría e inteligente, nada le hubieran podido decir al respecto, a buen seguro que al trabajador ni le hubieran admitido el recurso en el Tribunal. Pero el gerente, honradamente y de frente, consideró el insulto motivo suficiente para despedir disciplinariamente al trabajador, y cumpliendo la Ley así lo hizo. Es de ver el maravilloso resultado.

 

Segundo, doy por sentado de manera definitiva que la equidad y el sentido común son totalmente desconocidos por Sus Ilustrísimas Señorías. ¿Cómo puede decir el Ponente de tan lamentable sentencia que esta expresión no tiene carácter injurioso, cuando es el insulto español seguramente más usado y extendido? Cierto que entre amigos y en conversaciones tabernarias puede usarse y se usa coloquialmente sin ánimo ofensivo. Pero en boca de un trabajador y en una discusión con el gerente, es más que evidente que no se trata de una expresión de camaradería desaforada.

 

Habría que preguntarse si el Magistrado Ponente consideraría la expresión como "de uso corriente" y no injuriosa si se la dirigieran a él, no digo ya en la Sala, sino por ejemplo a la salida de la misma. Puedo imaginarme a ese trabajador bocazas, eufórico por la sentencia, encontrándose con el Magistrado en los pasillos del Palacio de Justicia y diciéndole más o menos: "¡¡Coño, si está aquí el juez hijo de puta, gracias por obligar al cerdo del gerente a readmitirme, pedazo de cabrón!!" Seguro, segurísimo, vamos, que me jugaría tres dedos de la mano izquierda, que ese Magistrado correría literalmente a poner una denuncia contra el que le ha insultado en las oficinas de los Mossos de Esquadra del mismo Palacio. Pero claro, nosotros, los demás, somos mortales, no jueces.

 

En fin, que ya lo sabéis, entre nosotros, pobres ilusos, como es "de uso corriente", podemos tratarnos de hijos de puta sin que nadie pueda ofenderse por ello. Pero por si acaso no se lo llaméis nunca a un juez, magistrado, fiscal o similar, no vaya a ser que...

4 Septiembre 2009

 

  • - Tócate

 

Rubén lo suelta así sin más, como si tal cosa, interrumpiendo de golpe la conversación entre Sara y Mila.

 

  • - ¿Cómo... cómo dices? - pregunta Mila no dando crédito a sus propios oídos.

 

El ambiguo Rubén, hombre de ojos vivaces, hablar pausado y extraña imagen de cráneo rapado al cero y bigotito hitleriano, eleva por un instante la vista al cielo seguro que solicitando indulgencia para la ajena ignorancia, y después la baja de nuevo, clavándola en el rostro anguloso y bruno de Mila. Entonces, con la seguridad y el aplomo de quien se cree en posesión de la verdad absoluta, reitera su consejo.

 

  • - Que te toques. Si quieres relajarte, es lo que mejor te vendrá, ya lo verás. Cuando llegues a casa llena la bañera de agua tibia y métete en ella. Allí sola, desnuda y tranquila, pronto te sentirás en paz contigo misma, muy calmada. Entonces empieza a tocarte despacito, muy muy despacito, hasta que te corras. Ya verás cómo te quedas como nueva para acostarte y dormir del tirón.

 

La cara que ponen Mila y Sara ante el consejo de su compañero es un auténtico poema. Se oyen risitas al fondo, y los médicos cuchichean en voz baja, comentando la escena. Rubén nos mira a todos con cierta suficiencia, como si solo él hubiera descubierto los placeres del vicio solitario, y yo, la verdad, no puedo dejar de imaginar a Mila, sola en su bañera, tocándose pensando en cualquier recio mozo del contorno (¿Tal vez en mí?) hasta lograr un brusco y relajador orgasmo.

 

  • - Eres un guarro - dice Sara

 

  • - Estos tíos, siempre pensando en lo mismo... - asevera Mila

 

Pero las dos tienen las mejillas arreboladas y un curioso brillo en sus miradas. Y sé que las dos están imaginando también la misma escena que imagino yo. Sonrío sin poder evitarlo ante la certeza de la fantasía compartida, y Rubén, al quite de todo, me interpela entre curioso y divertido.

 

  • - ¿Y esa sonrisita, Juan?

 

  • - Es que Rubén, es un buen consejo, de verdad lo creo, pero no es el momento ni el lugar de hacerlo público. Yo al menos estoy teniendo un aluvión de imágenes absolutamente improcedentes...

 

Mila y Sandra me miran, sorprendidas de que diga en voz alta lo que todos pensamos, y Rubén se permite una finísima sonrisa pícara bajo el bigote decimonónico.

 

  • - ¿Veis, chicas, como es enorme el poder de la imaginación...?

3 Julio 2009

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, dicen. Haber puesto "buena intención" o "todo el empeño" ni compensa un mal resultado ni palia el efecto desastroso de un trabajo mal hecho. Sé que por pensar así se me acusa frecuentemente de resultadista, pero nadie hasta ahora me ha explicado otra manera objetiva de valorar un trabajo desempeñado que no sea valorar el resultado del mismo. El análisis psicológico de las intenciones son brindis al sol.

 

Tal día como el 28 de Abril de 2.008, lunes por más señas, entregué en una relojería cercana a mi casa, con la que había trabajado ya sin tener ningún problema, un reloj para arreglar la pulsera, una pieza de la cual se había roto por mi culpa, ya que le había dado un golpe. En principio, el reloj iba a ser reparado en su propio taller. Ya otras veces había sido así con otras piezas de joyería y relojería, e insisto, nunca había tenido problemas, por lo que no desconfié en absoluto. Días después resulta que en su taller no lo habían podido reparar y lo habían mandado al taller oficial de la marca del reloj en Madrid. Me extrañó que no me hubieran avisado antes de hacerlo. El reloj no era ninguna maravilla y si transportarlo encarecía el precio de la reparación como que no me interesaba repararlo. Pero no dije nada. Cada semana iba a la relojería a preguntar por mi reloj. Reconozco que cada vez con mayor cachondeo, pues a medida que pasaba el tiempo tenía claro que no volvería a verlo. Pero ellos, cada semana, hacían el paripé de llamar a Madrid, preguntar, indignarse con el taller oficial por no haberlo reparado todavía, y emplazarme para la semana siguiente, que seguro que ya estaría. Seguro segurísimo.

 

Seis meses llevaríamos celebrando este acto ritual semanal, cuando me dicen que en el taller oficial de Madrid tampoco han podido arreglarlo. (No puedo quejarme, han estado seis meses intentándolo) Mi reloj ha ido a Suiza, a la fábrica de donde salió, para repararlo allí. Me río por no llorar. Es solo una pieza de una pulsera, si no se puede arreglar, que pongan una pulsera nueva y santas pascuas... Que no, que en Suiza lo arreglan seguro, por supuesto, lo que no arreglen los suizos... Lo arreglarán, pensaba yo, pero no pagaré un céntimo más de lo que me hubiera costado la reparación aquí, no he sido yo quien ha dado orden de llevar el reloj de la ceca a la meca.

 

Y volvemos al ritual de preguntar en el mostrador de la relojería. Cada semana como un clavo me tienen allí con la misma pregunta. Pasan los meses, cambia el año, se suceden las estaciones. Me dicen un buen día que no hace falta que me moleste en ir allí cada semana, que ya me llamarán ellos cuando se sepa algo. No, si no es molestia, ya me iré pasando, más que nada a tocar los cojones...

 

Hoy por fin ya no han podido más y me han confesado la verdad. No tienen ni puñetera idea de dónde narices está el reloj. Nunca ha ido a Suiza, nunca llegó ni siquiera al taller oficial de Madrid. Lo perdieron y para alargar la espera mientras lo buscaban por la tienda me iban poniendo excusas. Ahora ya está claro que no está allí, sospechan que se lo robaron en un descuido, y no pueden seguir engañándome. Bueno, engañándome no, que yo ya lo sospechaba. No pueden seguir demorando lo inevitable, contar la verdad, que bien hubieran podido explicar sin consecuencias de buen principio. Me han ofrecido una compensación y la he aceptado. El reloj ya no aparecerá, y demandarles me parece absurdo, una total inutilidad. Así que he preferido llevarme otro reloj por la patilla. He elegido un CASIO. Sí, ya lo sé, no es precisamente un cronógrafo suizo. Pero marca la hora, que es de lo que se trata, la correa y la batería te las sustituyen en el acto y sin problemas en cualquier tienducha, y si no puede arreglarse lo tira uno a la basura sin cargo de conciencia.

 

Lo que más me llama la atención de todo este asunto es la extrema incompetencia de los responsables de la tienda, que por querer tapar un error cometieron una serie de errores mucho mayores. No es un hecho aislado, parece que últimamente los profesionales escasean, sustituidos por una patulea de indocumentados que apenas saben de lo que hablan, y mucho menos tienen idea de lo que hacen. En poco más de un mes he visto cerca sonoros ejemplos de  negligencias. Os resumo algunos:

 

-Uno lleva su coche al taller (Concesionario oficial para mayor recochineo) porque hace un ruido extraño, como un silbido, cuando se pone en marcha el ventilador. Tras varios retrasos sobre la fecha de entrega prevista, y tener que andar pidiendo favores más de una semana, porque necesita el vehículo para trabajar, por fin lo saca del taller. El silbido del ventilador sigue como antes, pero, además, ¡le han torcido la dirección y el cambio de marchas no funciona!

 

-Una señora mayor se sube a un taxi pidiendo que la lleve a Girona, y especifica que al aeropuerto de Girona para tomar un avión. Como ha estado muy nerviosa por le viaje y apenas ha dormido la noche antes, se queda frita en el asiento de atrás del taxi cuando circulan por las Rondas de Circunvalación de Barcelona. Se despierta justo en el momento de llegar... ¡A la estación del AVE de Tarragona! Ah, pero, ¿no es aquí donde quería ir?

 

-Un vecino del pueblo de mi madre, que tiene un plantío de árboles, descubre que varios nogales están afectados de una enfermedad  que puede contagiarse a los demás, el que allí llaman "mal negro" (técnicamente Phytophthora Cinnamomi) y para que no se pierdan todos, porque la enfermedad causa la muerte del árbol, decide talar los enfermos. Se lo encarga a un teórico profesional vecino de una localidad cercana, y para ponérselo fácil marca el tronco de los que deben ser talados con un aspa de tinta roja. Al día siguiente va a ver el resultado... Y descubre todos sus árboles talados, todo el plantío. Bueno, todos no. Todos menos los marcados con el aspa roja...

 

Yo no me creo más listo que nadie, ni más profesional que nadie. He cometido mis errores como todo el mundo, algunos clamorosos. Pero siempre me he hecho responsable de ellos, como creo debe ser. No admito es que la "buena intención" o el "empeño" en hacer algo justifique el fracaso final del encargo, y menos cuando se trata de errores tan clamorosos. Oiga, que yo me fijé, hice todo lo posible, si salió mal no es culpa mía... Claro que es culpa tuya, porque tuya es la responsabilidad del encargo. Si no sabes, no lo aceptes.

 

Sí, soy resultadista, lo reconozco. Me cuesta justificar lo mal hecho sobre todo cuando hacerlo bien cuesta exactamente lo mismo, la diferencia solo es muchas veces la concentración y las ganas.

 

Hablando de resultados, he corregido el examen del pasado sábado con la plantilla oficial de respuestas publicada por el Ministerio y tengo 77,50 puntos, así que a la espera de que salga la nota de corte y la lista oficial de notas doy por virtualmente superado el examen (Si en la anterior convocatoria con cien plazas menos cortaron en 73,50 resulta evidente que no va a haber ahora un corte más alto) Claro que hay que esperar a verlo publicado.

 

Pasado mañana domingo tengo el primer examen para el ingreso en la categoría superior, al que también me presento, así que voy a hacer el típico esfuerzo final maratoniano. Os deseo un buen fin de semana (A los que podáis disfrutarlo) y hasta el lunes!!

 

 

Y por cierto, para finalizar, algo de humor, arriba con los procesos productivos y sus "desviaciones", abajo ese currito español clásico que hay que proteger, efectivamente, de la extinción, no vayamos a convertirnos en un país de trabajadores serios y responsables como Alemania...

29 Junio 2009

Quería escribir este artículo en el aniversario de la famosa batalla  (18 de Junio de 1.815) pero como sabéis no he tenido tiempo antes. No pretendo analizar desde el punto de vista de la historia militar lo ocurrido en Waterloo, que de sobra ha sido explicado ya, sino solo extractar tres lecciones tan válidas hoy en día como entonces sobre gestión de crisis y toma de decisiones, a partir de las equivocaciones de Napoleón Bonaparte, que le llevaron a la total y absoluta derrota.

 

PRIMERA LECCIÓN: NADIE ES INFALIBLE. Por carismático que sea un líder, por genial y ocurrente que se haya mostrado en sus decisiones anteriores, nunca todo puede depender de él. De hecho, iría más allá al decir que nada puede depender solo de una persona. El mejor escribano hace un borrón, dice un antiquísimo adagio. Y bien cierto que es. No hay nadie que no se haya equivocado nunca. En Waterloo, Napoleón estaba cansado y enfermo. Ya no tenía la agilidad mental que había salvado tantas situaciones límite antes. Ya no era capaz de evaluar la situación con una sola mirada y corregirla a su favor con dos maniobras inesperadas. Su gran error en Waterloo, la tardanza en lanzar al combate a la Guardia Imperial para impedir el encuentro de anglo-holandeses y prusianos, se debe tanto a las dudas que nunca antes había mostrado como a un agudo ataque de hemorroides que le impidió montar su caballo Marengo. Acostumbrados a su brillante liderazgo, a que él tuviera todas las ideas y tomara todas las decisiones, nadie en el Estado Mayor hizo nada por paliar una situación que se les iba de las manos mientras el envejecido Emperador trataba patéticamente de subirse a su caballo. "Grouchy me quita soldados, Ney me los pide. Blücher embiste como un toro, Wellington espera como un lobo al acecho. Unos solicitan mi ayuda, otros quieren acabar conmigo. Todos me consideran indispensable por un motivo u otro..." escribiría años después Napoleón sobre la batalla. Craso error confiar solo en el genio de un hombre, que por más genial que sea es sin duda falible. Los pintores franceses de la época dibujan a un Napoleón con cierta gloria en su derrota, pasando revista a caballo a su Vieja Guardia justo antes de lanzarla proverbialmente tarde a una muerte segura. Yo me quedo con este cuadro de Ernest Crofts, que quizás por ser inglés no tiene reparos en retratar al Emperador tal como debía ser, un viejo solitario, amargado, vencido por el cansancio y por el dolor gástrico del cáncer de estómago que acabaría matándole.

 

SEGUNDA LECCIÓN: LA CADENA DE MANDO DEBE SER UNA MAQUINARIA DE RELOJERÍA. Todas las piezas colocadas en su justo sitio, realizando puntualmente la misión encomendada. Si hay un error decisivo en Waterloo, amén de la ya reseñada tardanza en ordenar atacar a la Guardia, es el criterio empleado por Napoleón para elegir a los mandos de las dos alas del ejército, elección que resultó francamente nefasta. En el ala izquierda, el mariscal Ney, al frente de la caballería, lanzó carga tras carga contra la infantería inglesa, holandesa y alemana al mando de Wellington, una de las más infructuosas carnicerías que se recuerdan. Los infantes resistieron firmes ataque tras ataque, cayendo a docenas sin retroceder un metro en su línea de defensa, para desespero del mariscal francés, que veía como quedaba literalmente sin soldados. Cuenta la leyenda que en la última carga, desesperado, se puso al frente de la última brigada de coraceros, gritando sable en mano "¡Ahora veréis morir a un Mariscal de Francia!" y así le pinta Mark Churms en su particular recreación de la batalla.

 

En el ala derecha, el mariscal Grouchy hizo justo lo contrario. Demasiado cauto, precavido en exceso y timorato en sus decisiones, actuó tarde y poco decididamente frente a una caballería prusiana mandada por un enardecido mariscal Blücher sediento de sangre. Sus indecisiones y absurdas precauciones no impidieron que los Lanceros de Silesia del general Yorch, los Dragones del general Von Bülow y los temibles Húsares Negros del general Von Ziethen aplastaran a su infantería, hundieran el frente y enlazaran con el cuerpo anglo-holandés, provocando a la postre la derrota definitiva de los franceses. Aquí el retrato que veinte años después le hizo Rouillard.

 

De intercambiar Napoleón los mandos de sus alas de maniobra, ¿Hubiera cambiado el resultado de la batalla? Sería ciencia ficción decir que sí, pero resulta evidente que un impulsivo Ney hubiera frenado más y mejor a Blücher que el tímido Grouchy, mientras que éste se hubiera adaptado mejor al juego de astucia y oportunidad de Wellington que el aguerrido pero excesivamente impetuoso Ney. La enseñanza que de esto podemos extraer es que el equipo, en suma, debe estar siempre compensado, contar con todas las sensibilidades, para que estén representados todos los puntos de vista posibles, pero poniendo cada uno de los distintos caracteres de quienes lo forman en el lugar que mejor se adapte a sus características, al frente de la misión que mejor pueda desarrollar, donde más pueda aprovechar su potencial. Tan inútil es mandar a alguien impaciente e irascible a una negociación que difícilmente llegará a buen puerto por su nula capacidad negociadora, como encomendar a un buen negociador pero más timorato y sensible que tome duras decisiones ejecutivas para las que se requiere una firmeza de la que a todas luces carece. Para que una cadena de mando funcione cada eslabón debe ajustarse a su exacto lugar, ser un engranaje de una milimétrica maquinaria.

 

TERCERA LECCIÓN: LAS MEJORES IDEAS NO SIRVEN DE NADA SI NO SE SABEN COMUNICAR ADECUADAMENTE: Algunos historiadores consideran clave para entender lo ocurrido en Waterloo un suceso que no parece tener demasiada trascendencia histórica y que para la mayoría pasa inadvertido: El suicidio, pocos meses antes de la batalla, del mariscal Berthier, quien a causa de un desengaño amoroso se arrojó por un balcón de su mansión parisina. Berthier, Ministro de la Guerra de Francia y Jefe del Estado Mayor Imperial, era literalmente "El hombre que entendía al Emperador". Napoleón, como casi todos los genios, era impulsivo en sus ideas y anárquico en sus pensamientos, le venían éstos atropelladamente, a trompicones, y había que interpretarlos para ponerlos en práctica. Quien hacía esto era Berthier, abajo en un grabado de la época cuyo autor desconozco. En todas las batallas en que había participado junto a su soberano, las órdenes de éste pasaban primero por sus expertas manos, y solo tras clarificarlas y traducirlas en un lenguaje comprensible para cualquier comandante, eran transmitidas a la correspondiente Unidad. En Waterloo, según narran testigos presenciales, el Estado Mayor era un incesante ir y venir de correos a caballo con órdenes garabateadas de puño y letra del Emperador, que no parecían tener ningún sentido, al menos para su destinatario. La enseñanza aquí está clara, la comunicación a lo largo y ancho de la organización es vital para el buen funcionamiento de la misma. Y no solo en la cadena de mando, en todos los demás departamentos. Excluyendo materias confidenciales o reservadas, todos deberían saber lo más posible del conjunto de decisiones del mando, conocer los objetivos de los demás tanto como los suyos, para evitar duelos competenciales inútiles y costosos, y para comprender mejor las dificultades a que se enfrentan los demás. La comunicación además debe ser clara, fluida, en términos comprensibles para todos. No caben absurdos snobismos en una organización que pretenda ser eficaz y eficiente. Si un absurdo tecnicismo puede dar lugar a error, mejor emplear un término común que todos entiendan, aunque no quede tan fino el informe o circular interna. El objetivo, se supone, es lograr las metas globales establecidas, no dárselas nadie de culto.

 

Tenía ganas de escribirlo y me ha salido de un tirón. No puedo revisarlo, así que si hay algún error ortográfico o gramatical ya me perdonaréis. Perdón también os pido por la densidad y extensión del artículo, sé que me ha quedado un auténtico "ladrillo", pero es que la idea llevaba demasiado tiempo dando vueltas por mi cabeza...

9 Junio 2009

He superado por poco la nota de corte del examen de oposiciones. Eso me deja en realidad en la peor posición posible: Con el deber de estudiar para el segundo examen que finalmente será el próximo día 27, pero sin apenas esperanzas de poder superar la oposición. Es muy poco probable que con tan poca nota en el primero pase la nota final de corte, aún aprobando el segundo. Ya me pasó la última vez: Aprobé los dos exámenes de la fase de oposición, pero me quedé fuera en la fase de concurso. Mi nota final, sumados los puntos por méritos a los puntos obtenidos en ambos exámenes, fue insuficiente.

 

A pesar de las poco halagüeñas expectativas, pelearé este examen. No voy a renunciar, a tirar por la borda lo estudiado hasta ahora, a dilapidar el esfuerzo realizado. Mientras haya una sola posibilidad, la exprimiré para tratar de meter la cabeza en la función pública... He  cambiado las vacaciones que ya tenía concedidas en agosto, así dispondré de una semana para este segundo examen y otra semana para el primer examen de la oposición al cuerpo inmediatamente superior del mismo ministerio, al que también me presento. En la práctica, significa que este año me quedo sin vacaciones. Todo sea por asegurar el futuro, que desde el sector privado se ve tan negro...

 

Elma no ha tenido más narices que ir hoy a un curso de su empresa, o mejor dicho, del holding de la que la suya es solo una franquicia. Aunque esté de baja y tenga claras dificultades de desplazamiento, eso a ellos no les importa nada. O iba o le anulaban la acreditación para operar en el sistema informático, lo que en la práctica hubiera sido como despedirla pero dicho en fino. Porque a ver para qué la iban a querer en la empresa si no puede ni entrar en el sistema...

 

Total, que a primera hora hemos desayunado juntos en nuestro bar, y luego la he acompañado hasta la parada de autobús que la dejaba en la misma puerta del hotel donde se celebra la sesión formativa. Hemos tenido muy mala suerte, se nos ha escapado el 56 por poco (Otro día cualquiera le hubiéramos alcanzado, pero Elma no puede correr) y cuando he mirado el cartel electrónico donde reflejan la frecuencia de paso de los autobuses resulta que el siguiente no venía hasta 14 minutos después, demasiado justo para llegar puntual. Tras unos segundos de incertidumbre, y como tampoco veía yo muy claro que se apañara bien sola en el autobús por más que ella dijera que sí, hemos cruzado el lateral de la Gran Vía hasta la parada de taxis de la misma plaza Universitat, y se ha marchado en el primer vehículo de la fila.

 

Así que hoy es un día dedicado al aprendizaje, estamos los dos estudiando, yo aquí en casa, repasando la parte práctica del temario para preparar ese segundo examen que no tenía esperanza de hacer, y ella en el hotel recibiendo formación teórica de un sistema y unos procedimientos que sin duda conoce mejor que los formadores.

 

Dicen que el saber no ocupa lugar, ya os lo contaré mañana.

 

Las ilustraciones tratan de buscar el lado cómico del asunto., Arriba y abajo, dos curiosos ejemplos de exámenes de matemáticas...